Naturaleza e historia militar: un paseo por el Pirineo aragonés para descubrir búnkeres de la posguerra española

Búnker de la “Línea P”.

Edu Molina

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A lo largo del Pirineo aragonés se conservan vestigios de una de las infraestructuras defensivas más significativas construidas en España durante el siglo XX. Este conjunto está compuesto por fortificaciones de hormigón levantadas en los años posteriores a la Guerra Civil, cuya función principal era asegurar pasos estratégicos del territorio ante la posibilidad de un avance militar desde Francia.

Aunque estas defensas nunca llegaron a entrar en combate, su presencia en el paisaje permite comprender la planificación militar de la posguerra y la manera en que se adaptaron las construcciones a la geografía montañosa. Los restos conservados muestran cómo se diseñaron posiciones y estructuras con un objetivo concreto: proteger vías de comunicación y puntos estratégicos dentro del valle, integrando la infraestructura en el entorno natural que la rodea.

La ruta de los búnkeres de Canfranc

En el valle de Canfranc, los vestigios de la denominada Línea P se distribuyen entre bosques repoblados, formando parte de un sistema defensivo planificado entre 1944 y 1959. Estos búnkeres pertenecen al Sector 24 y se integran en el Punto de Apoyo número 1 del Núcleo de Resistencia número 111, conocido como Los Arañones, concebido para proteger la estación internacional de Canfranc y sus instalaciones ferroviarias estratégicas. La ruta recorre este conjunto de fortificaciones permitiendo su observación desde senderos accesibles, combinando la dimensión histórica con el entorno natural del Pirineo. La ruta tiene una longitud aproximada de tres kilómetros y puede completarse en unas tres horas.

El núcleo central de la defensa se concentra en el asentamiento denominado C-1, diseñado para albergar un cañón antitanque. Su tronera está orientada hacia la boca del túnel ferroviario, situado a escasos metros, y su ubicación aprovecha la intersección entre caminos históricos del valle. A su alrededor, varias posiciones adicionales completan la cobertura del flanco occidental mediante trincheras y galerías que conectan bloques preparados para fusileros y ametralladoras, manteniendo una continuidad defensiva que permite controlar los accesos más cercanos a la estación.

Hacia el lado oriental, la disposición de los búnkeres se intensifica, incluyendo estructuras adosadas directamente a la obra del ferrocarril y otras elevadas sobre la ladera para ofrecer un ángulo de vigilancia superior. Algunas de estas construcciones combinan ametralladoras y fusiles adaptables según la necesidad defensiva, y destacan elementos como accesos con escaleras de piedra y muros de camuflaje que imitan el acabado de los sillares del túnel, integrando la fortificación en el paisaje y la infraestructura preexistente.

Más allá del núcleo principal, el trazado de la ruta se extiende entre el antiguo vivero forestal y el barranco de Samán, donde se encuentran otros asentamientos escalonados. Algunos se orientan hacia las vías ferroviarias, mientras que otros controlan el paso de la pista forestal; ciertos bloques han desaparecido por movimientos de tierra, pero la mayoría conserva su disposición original, permitiendo reconstruir la estrategia defensiva que contemplaba distintos niveles y líneas de fuego.

El itinerario permite recorrer los búnkeres de forma continua, apreciando cómo la planificación militar se adaptó a la topografía del valle y a la vegetación circundante. Los senderos ofrecen acceso moderado, con señalización que facilita la localización de cada posición y la comprensión de su función dentro del conjunto defensivo. La ruta integra patrimonio histórico y paisaje, mostrando la relación entre las obras de la posguerra y el entorno natural del Pirineo aragonés.

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