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Ahora que especismo está en el diccionario

Bloque transfeminista en la manifestación antiespecista del 4N en Madrid.

La Real Academia Española (RAE) ha incluido en la nueva versión electrónica del Diccionario de la lengua española (la 23.1) la palabra “especismo”, otorgándole los siguientes significados:  1. m. Discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores. // 2. m. Creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio.

La incorporación de esta nueva palabra al diccionario de la RAE era reclamada desde hace tiempo por las organizaciones de defensa de los animales y, como en casi todos los casos, no hace sino dar oficialidad a un término plenamente incorporado al uso del lenguaje.

Sin embargo quisiera aprovechar esta novedad académica para abrir un debate sobre el contenido de esta expresión, que define perfectamente lo que muchos piensan respecto al resto de seres vivos con los que compartimos existencia.

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Invasión de robots rusos

Mariano Rajoy, ante el Congreso, con los millones de firmas que recogió el PP en 2007 contra el Estatut catalán.

Una tras otra, hasta diez furgonetas van aparcando junto a los leones del Congreso de los Diputados. Los curiosos se paran preguntándose qué pasará. No es una operación del agente Cipollino. Mariano Rajoy observa a distancia cómo varios toros de descarga, españoles, pero solo toros de obra, sacan palés de los vehículos. Así hasta que casi 900 cajas quedan depositadas en varios palés junto a la escalinata del Congreso.

No es una movida de izquierdosos pancarteros. Rajoy Brey se abre paso entre el laberinto de cajas. Los bultos llevan el logo del PP y el lema “Todos tenemos derecho a opinar”. Y Rajoy opina. Explica a los periodistas convocados que son firmas contra la reforma del Estatut catalán, culpa a ZP de romper España y califica la operación palé como “la más respaldada de la historia democrática”. El líder del PP no admite preguntas y se va. Tan grotesco como cierto.

Han pasado once años y muchas cosas más, pero hoy el Mariano Rajoy de esta imagen simbólica es cuestionado por un resultado electoral que deja al PP como una fuerza prácticamente residual en Cataluña: con el 4,2% de los votos, 184.000 papeletas y en disposición de quedarse sin grupo parlamentario propio. Cataluña puede ser la tumba política de Rajoy. Aunque también una prueba de fuego que avive la llama de los que confían en que Mariano siempre huye de la quema, porque es incombustible.

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Cuento de Navidad

La estatua de la Libertad, símbolo para miles de inmigrantes de la llegada a una nueva oportunidad

Si con algunos de nosotros, sus nietos, hablaba, era solo con mi hermano.

Cuando mi abuelo murió yo pisaba el umbral de la adolescencia. Pocas palabras se cruzaron entre mi corta vida y la suya tan próxima a la clausura. Mi primo y yo, casi de la misma edad, resultábamos un tormento cuando su casa se abría para recibir a la familia. Teníamos merecida fama de revoltosos; hasta el gato se escondía en los días de fiesta. En cambio, mi hermano Pepe, el menor, prodigaba un carácter sereno y cálido que parecía responder a la demanda de los mayores (luego el tiempo demostró que se trataba sólo de una estrategia para hacer exactamente lo contrario, pero con un coste emocional relativamente bajo), entonces, Pepe, decía, accedía al mundo del abuelo. Yo sólo lo alcancé al final, pero fue apenas la débil iluminación de un fósforo dentro del salón de una casa oscura que te permite vislumbrar la dimensión del ambiente, las vigas expuestas del techo y una puerta que conduce al interior, a la cocina, donde se juega la vida de una casa, y cuando llevas tus pasos allí, los dedos se queman y el fósforo se apaga.

Un año antes de su muerte, mi abuelo hizo su último viaje de Rosario, Argentina, donde vivíamos todos, a España. Fue por asuntos de herencia, pero a esta altura estoy seguro que para él se trató más bien de un viaje sentimental. A los pocos días de su regreso, sonó el timbre en casa y al abrir la puerta lo vi, sonriendo, con un paquete que me dio junto al saludo. Era una melódica, un instrumento de viento con teclado que resultó una herramienta útil para torturar a mi familia una larga temporada. Ese día, durante su visita, me contó una anécdota que hasta hace pocos años yo había considerado inocente. Cuando mi abuelo estuvo en Nueva York descubrió que los ojos eran ajos: así lo contaba. Me explico: en catalán, la lengua de mi abuelo y la primera que aprendí yo, antes que el castellano, ya que, en casa, por entonces, sólo se hablaba catalán, ajo se pronuncia igual que el sustantivo inglés eye /ai/, que significa ojo. La curiosidad fonética me hizo gracia en ese momento, pero la anécdota perduró, a la espera, en mi memoria. Poco después lo vi morir. Ver morir a mi abuelo fue ver a un hombre activo abandonar su huerta, su caja de herramientas, sus utensilios de albañil y dejarse ir, sentado en una silla bajita. Yo era poco más que un crío, pero fui capaz de ver en sus ojos la muerte; era eso lo que contaba su mirada y aún hoy me conmueve recordar, vivo aún, ese relato de su muerte que me narró con los ojos y no saber la historia de su vida, la que sus palabras jamás contaron.

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El “buenismo” de la RAE

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Sede de la RAE

Para que luego no se diga, la RAE acaba de aprobar una serie de palabros entre los que destaca el término “buenismo” así como su definición por ser actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia. Tras la definición aprobada por la RAE, se añade que este término es usado más en sentido despectivo. Yo agregaría que más o menos.

Porque el término “buenismo” no tiene otro uso que el uso que le dan los malotes para despreciar a todos aquellos que manifiestan un sentimiento solidario, señalando así a todos los que dan una oportunidad a nuestra naturaleza primitiva. Denunciar los males no es malo, sino todo lo contrario, es más revolucionario y más incómodo que ponerse de parte del mal.

Hay que apuntar que, en las primeras edades del hombre, la guerra no existía. Las excavaciones así nos lo aseguran cuando revelaron la ausencia de armas en las antiguas civilizaciones neolíticas. La guerra vino después, cuando empiezan los primeros rasgos de la sociedad capitalista condicionados por la acumulación. Fueron las exuberantes cosechas las que trajeron consigo el exceso y por consiguiente la mala interpretación del acopio. Hasta entonces, el hombre estaba atareado en conseguir la caza del día a día.

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Literatura picolesca

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Escribir tiene que ver con el cuidado de la forma y la profundidad del fondo, pero también con el adecuado continente para ambos. No se si les he contado alguna vez que, a pesar de ser mi vocación inicial la de novelista, tras muchos años en el periodismo me costó mucho decidirme a escribir ficción. Algo me bloqueaba. Una especie de fuerza profunda que me hacía sentir un enorme malestar si lo que se vertía sobre el papel era inventado. Lastres de periodista. De modo que en las informaciones se escribe la realidad contrastada y se busca la verdad con las armas del periodismo y en las opiniones se escribe con honestidad la valoración que uno hace de las cosas. Y cuando uno se lanza en brazos de la novela, entonces ficciona. No conviene sacar las cosas de su lugar. Nunca. Ni escribir opinión en las informaciones ni emboscar reportajes como obras de ficción. Hacerlo es un error y una estafa a los lectores. Me darán la razón. Pero ¿qué es entonces escribir periodismo en un papel timbrado? ¿Qué sucede si un relato periodístico, una crónica política, se introduce en un proceso judicial bajo la forma de un texto legal o criminal? Eso ha vuelto a suceder.

Si el Lazarillo, el Buscón y Molly Flanders forman parte del género picaresco, el último informe presentado por la Guardia Civil al juez Llarena inaugura el género picolesco, que es una crónica política revestida de formato policial. Aquí no se trata de estafar al lector, que es técnico y avispado, sino que se busca dar soporte a una acción jurídica que pretende describir como delictivo lo que a priori no lo era. Abracadabra. El informe 2017-101743-00000112 que tiene como objetivo “la investigación de los hechos relacionados con la DUI” es una pieza fuera de todo encaje. Pudiera suceder que los que lo han realizado, estén inaugurando un nuevo género que no sería ya el periodístico judicial sino, muy por el contrario, el judicial periodístico en el que se abre un amplio campo inexplorado y demasiado peligroso.

Los llamados investigadores han recopilado todos los documentos públicos y conocidos sobre el llamado procès. Lo que compilan ha sido publicado y reflejado en los medios de comunicación durante años. Eso sí, lo salpimentan con ese lenguaje vanamente florido de los atestados, añadiendo de su cosecha algunos verbos y palabras que permiten crear la atmósfera precisa para el fantasmal delito de rebelión. Así afirman que “la estrategia de Junts per Si giró con virulencia y quizá por las presiones de la CUP, socio imprescindible”. ¡Pero qué me cuentan! ¡Cómo han llegado a descubrir este arcano! Ni una tarde googleando lleva encontrar el material que contiene el informe aunque, eso sí, al salpimentarlo con el “virulento” giro, es decir, “que es violento y agresivo”, introducen un elemento digamos de estilo que les vendrá muy bien para atender al objetivo final: demostrar que hay rebelión porque hay alzamiento violento.

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Mariano, ¿ahora qué?

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Mariano Rajoy.

Justamente ahora que se anuncia la salida de Jorge Moragas del equipo del presidente del Gobierno, su fiel escudero, su cerebro gris, su hombre fuerte, es cuando más se le necesita. Sirva este artículo de pequeño homenaje a un gran ¨spindoctor¨, un tipo brillante y con talento. Jorge Moragas se va a la ONU, que es como ir al cielo de los políticos. Merecido.

Sería más fácil si fuera una partida de ajedrez, con dos jugadores. Ahora le tocaría mover a Rajoy. Pero fue el presidente del Gobierno el que dejó en manos de un tercer jugador el resultado de la partida. Este tercer jugador ha hecho ya su juego. Los catalanes han dado una lección a la política. Y han vuelto a hacer historia. Si Jordi Amat concluye en su lúcido ensayo ¨La conjura de los irresponsables¨ que asistimos a un fracaso de la política, los ciudadanos se han acostumbrado a que son ellos los encargados de enmendarles sus errores a los políticos. De curar la enfermedad. El voto de estas elecciones ha sido un voto solucionador, paliativo, medicinal. Y han vuelto a votar a la contra. Contra la ineficacia, la torpeza, el ridículo, la inacción, el radicalismo secesionista o españolista. Media Catalunya ha votado contra la otra media. 

Rajoy ha dicho que ofrece diálogo, pero rechaza la oferta de un encuentro fuera de España con Puigdemont. Y todo lo demás que ha expresado en su comparecencia no permite sospechar que vaya a mover ninguna ficha, ni la de las propuestas, ni la de las elecciones anticipadas, ni nada. Lo que ocurre, Mariano, es que eso ya no vale.

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Tres sensaciones que recorren hoy Catalunya

Urna sobre las papeletas en un colegio electoral. EFE

1) Catalunya está tan profundamente partida en dos como reflejan los resultados electorales del jueves. Y posiblemente es una fractura mucho más definitiva e irreversible de lo que se puede sospechar desde el resto de España. En realidad, los catalanes sabemos que vamos a tener que convivir así, en esa dualidad, desazonados por la hondura del desencuentro, aunque con la esperanza puesta en que sea posible que todo acabe simplemente en eso. Con todo, la biología juega a favor del independentismo. Entre los que mueren cada día hay una mayoría de constitucionalistas, y entre los que nacen otra de futuros secesionistas. Es muy poco probable que desde dentro de Catalunya pueda gestarse una reconciliación en torno a un posible proyecto común de tipo federalista porque la mitad independentista psicológicamente ya está fuera de España y únicamente espera a que eso, más pronto o más tarde, pueda oficializarse.

2) Hay tres diferencias importantes entre este momento y el de la abortada declaración unilateral. La primera es que el independentismo sabe que se equivocó con el procedimiento y con las prisas. La segunda es que ya no le será posible continuar la impostura de hablar como si tuviese la representación de todos los catalanes. La tercera es que ya ha quedado constancia de que España sabe utilizar con eficacia su fuerza legal para imponer el cumplimiento de la Constitución. Todo eso apunta hacia una etapa autonómica especial, en abierta pero no delictiva disidencia con la Administración central y las demás instituciones de Estado, que para el consumo interno del mundo soberanista se justificará como un ganar tiempo mientras madura la situación.  La Catalunya constitucionalista ahora es consciente de su fuerza y dimensión, pero previsiblemente regresará a un papel preferentemente discreto mientras confía en que el Estado continuará defendiéndola.

3) ¿Que hará España? Es la gran pregunta que se hace hoy Catalunya. Cualquier abuso de fuerza tendría el mismo efecto bumerán que las violencias policiales gratuitas del 1 de octubre, y cualquier sobreactuación manifiesta en las decisiones judiciales reavivaría la emotividad frontalmente antiespañola que se ha vivido en media Catalunya durante la campaña electoral. Rajoy se equivocó convocando para tan pronto las elecciones, celebrándolas antes de la digestión de lo que había sucedido y antes de la llegada real de sus efectos negativos a la vida cotidiana de la población. Ahora la figura de Rajoy queda convertida en la gran prueba de fuego sobre la buena voluntad de España porque hay absoluta conciencia de su responsabilidad esencial, pasada y presente, sobre el crecimiento de la desafección catalana. Si España decide que continúe Rajoy el conjunto del Estado quedará todavía más alejado de lo que siente la gran mayoría de la población de Catalunya.

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El búmeran catalán acabó golpeando a Rajoy

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Mariano Rajoy

La onda expansiva de los resultados electorales del 21D en Catalunya recorre toda España y va a durar meses. El escenario es endiablado, aunque la opción de que los independentistas repitieran mayoría absoluta solo la negaban los que no querían ver la realidad que, por cierto, han sido muchos estas últimas semanas.

Hace algo mas de dos meses,  me preguntaba en este diario si la crisis catalana podía acabar siendo un búmeran contra Rajoy y hoy creo que es evidente que sí pero no por aplicar el 155 y convocar elecciones de forma inmediata porque el día que lo hizo no le quedaba más remedio. Rajoy sale muy tocado de este proceso por todo lo que no hizo durante los últimos años para afrontar el problema político e institucional más grave que tenemos encima de la mesa y es que, a día de hoy, más de dos millones de catalanes no quieren saber nada de seguir en España.

Rajoy y el PP agitaron durante años con intereses electorales campañas contra Catalunya y luego en Moncloa, cerraron los ojos ante una realidad que ha acabado explotándoles en la cara. Ahora tenemos un presidente del gobierno sin discurso para Catalunya y con una presencia residual en el Parlament.

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Dos dinosaurios siguen ahí

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Con el 99 % escrutado Ciudadanos gana con 37 diputados, tres más que JxCat EFE

Con una participación del 82%, el resultado electoral del jueves en Catalunya no es discutible, aunque sería injusto soslayar la irregularidad de la convocatoria y la disfunción que ha supuesto la ausencia de los dos principales candidatos independentistas. Esto es especialmente cierto en el caso de ERC, que ha echado en falta la voz de Junqueras y no ha conseguido desprenderse de cierto tono melancólico que ha perjudicado su campaña. Por el contrario, los herederos de CDC han conseguido arracimar el voto en torno a la idea de la restitución del presidente exiliado. Existe una mayoría soberanista, sí, pero nadie sabe si Puigdemont volverá, o si Junqueras saldrá de prisión. Tampoco se sabe si se negociará un acuerdo con la CUP, con los Comuns (opción preferente para ERC), o si se formará un bipartito en minoría con apoyos externos, com acaba de sugerir Marta Pascal, jefa de filas del PDECAT, unas siglas que ayer resucitaron por arte de magia. Lo que parece evidente es que el independentismo quiere gobernar con la república en el horizonte pero sin hojas de ruta ni calendarios. Las heridas, reales y simbólicas, del 1 de octubre son demasiado recientes y, junto a la hiperactividad de los jueces, han resultado un deprimente baño de realidad para la parte más movilizada e ilusionada de la sociedad catalana. Desde este punto de vista, el gobierno Rajoy ha conseguido su objetivo: En las concentraciones soberanistas se grita llibertat más que independència. Se piensa en los encarcelados, y no en la emancipación nacional. Es una victoria parcial del 155.

Así pues, el dinosaurio del independentismo sigue ahí, con su 47% de los votos, inasequibles a la intimidación. Pero hay otro dinosaurio que se resiste a desaparecer; es más, se ha hecho un lifting y apunta maneras de depredador. Paradójicamente, el triunfo de Inés Arrimadas se ha erigido sobre el sacrificio del PP. Si Rajoy no se hubiera mostrado tan inflexible con los independentistas, no habríamos tenido este otoño tan conflictivo, que esparció el miedo entre los votantes españolistas menos movilizados. Con un candidato que genera rechazo y una campaña de perfil bajo, el PP regaló la victoria a Ciudadanos, quién sabe si a cambio de no hablar de corrupción durante una buena temporada. El derroche publicitario y los apoyos mediáticos han hecho el resto.Pero el éxito de Arrimadas ha desertizado sus alrededores, de manera que no tiene quien la apoye. La semilla de su éxito la recogerá, a lo mejor, Albert Rivera en el tablero español. Catalunya puede ser palanca de poder, como lo fue para el PSOE. Pero a C’s, que es más un aparato electoral que un partido, le queda mucho para convertirse en el PSC de Maragall.

El independentismo ha superado una difícil prueba de estrés. En las peores condiciones y con una movilización extrema de sus adversarios, ha mantenido una sólida mayoría absoluta. Aunque hay un gran rechazo a las injerencias del Estado y un sentimiento de agravio muy extendido en esta renovada mayoría, se diría que el nuevo mandato es administrar la victoria con más tiento y menos prisas. Pero si la vía represiva se mantiene, la conflictividad se recrudecerá. Y el cartucho del 155 ya está quemado.

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Rajoy no es todavía un cadáver, pero casi

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Mariano Rajoy no será aún un cadáver político, pero las elecciones catalanas le han dado un golpe del que no va a poder recuperarse. Conserva el poder que le confieren la presidencia del gobierno y la de su partido, pero carece ya de cualquier capacidad de maniobra para modificar la dinámica en la que él mismo y sus errores le han metido. No ahora mismo, pero a no mucho tardar, los problemas, internos y de todo tipo, que esa situación le van a provocar terminarán con su carrera. Todos sus planes han salido mal y es ineluctable que termine pagando por eso. Una vez más ayer se hizo el listo. En su lamentable comparecencia ante los medios volvió a usar sus triquiñuelas de siempre para tratar de ocultar la verdad de lo ocurrido, su responsabilidad en el desastre del PP catalán y su incapacidad para proponer algo que sirva para mejorar la situación. Lo malo para él es que ya nadie puede creer en sus juegos de manos, en su tramposa manera de sugerir que tiene más balas en la recámara. Porque no las tiene. Ha puesto todo su arsenal encima de la mesa y no le ha valido para nada. Sí, podría apretar el acelerador de la represión. Pero hasta los suyos saben que eso ya va a servir de poco.

Nadie del PP dice públicamente lo que piensa. Pero desde hace unos cuantos días en esos ámbitos se vienen recogiendo off the record declaraciones muy críticas, incluso descalificadoras, sobre Rajoy y como lo ha hecho en Cataluña. El día menos pensado, puede que en no mucho tiempo, esas expresiones van a salir a la luz en forma de posiciones políticas que exigirán cambios profundos en el PP. Porque el argumento con el que el jefe las ha callado hasta ahora, el que sólo había desierto fuera del poder que él controlaba y que era mucho, va empezar a descomponerse. Es cierto que el PP de Rajoy dejó hace tiempo de pensar en Cataluña como un caladero de votos imprescindible para ganar las elecciones en España. Que prefirió cubrir ese espacio potencial con los votos que le daría el anti-catalanismo en el resto de España. Que se metió en esa senda desechando la opción del catalanismo de derechas que había emprendido Josep Piqué entre 2003 y 2007. Pero de eso a sacar un 4,5 % de los votos y solo 3 diputados en el Parlament va un abismo. Y la inepcia de Rajoy ha metido en eso a su partido.

Un resultado tan desastroso no sólo puede ser entendido como una ignominia dentro y fuera del PP, sino que es un referente muy peligroso para las expectativas electorales en el resto del España. La idea, tan difundida tanto en la derecha como en la izquierda, de que el PP tenía un suelo electoral inamovible, pasara lo que pasara, por muchos que salieran casos de corrupción, se ha roto el jueves en Cataluña. Y es así, en un punto concreto, como empiezan las caídas catastróficas. Pero, además del fracaso del PP está el éxito de los independentistas y el de Inés Arrimadas y Ciudadanos. Rajoy se ha equivocado de parte a parte en ambos frentes. No hizo nada por frenar, mediante el diálogo y la negociación, la dinámica del soberanismo que desde hace dos años llevaba al 1 de octubre y a la Declaración Unilateral de Independencia. Por miedo a que el españolismo centralista que él había alentado con entusiasmo inconsciente desde que llegó a la presidencia del partido le acusara de blando y terminara echando de un cargo que él más de una vez había visto comprometido.

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