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¿De verdad vais a dejar perder Doñana por un puñado de votos?

¿Se imaginan que la gente entrase de noche en el Museo del Prado y se llevase los cuadros para colgarlos en su salón? Impensable, ¿verdad?

Pues eso es lo que está pasando en Doñana desde hace más de diez años. Agricultores ilegales que entran de noche en un monte público, se lían a cortar pinos, pinchan el acuífero con un pozo y se montan un cultivo de fresas sin que nadie diga nada

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Doñana

Muchos recordarán el capítulo de "Salvados", el programa de Jordi Évole en La Sexta, dedicado al expolio de Doñana. En las imágenes veíamos a Jordi recorriendo la marisma para demostrarnos que los piratas del agua la estaban desecando con sus cultivos ilegales.

“Si no lo evitamos van a acabar con todo” decía una científica del CSIC ante una de las lagunas que se han secado para siempre. De eso hace ahora un año. Del programa digo, porque los  ladrones de agua llevan vaciando el acuífero de Doñana desde hace más de una década, con total impunidad, incluso con socarronería, como pudo comprobarse en las declaraciones al programa.

Un año después de aquel Salvados las cosas no es que estén igual sino que han ido a peor. La organización conservacionista WWF, presentaba esta semana un nuevo informe denunciando que la superficie de regadío en la corona forestal de Doñana no ha parado crecer en el último año, sumando otras 365 hectáreas respecto a 2016.

Todo ello pese a que el Plan especial de la fresa, aprobado en 2014 por la Junta de Andalucía, ordenaba la eliminación de la superficie de los pozos ilegales. Todo ello a pesar de que los estudios científicos demuestran que el riesgo de colapso hídrico al que se enfrenta el acuífero va en aumento. “El problema del acuífero de Doñana es que es subterráneo, si fuera un embalse -me dice Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF- estaríamos viendo el campanario desde hace años, y seríamos conscientes de que se está secando”.   

Pero a pesar del alto nivel de riesgo al que nos enfrentamos ni la Junta de Andalucía ni la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica, son capaces de clausurar las captaciones ilegales que se usan para regar fincas sin permiso. Parecen dispuestos a perder el buque insignia de nuestra Red de Parques Nacionales por un puñado de votos.  

Hasta el Defensor del Pueblo Andaluz ha dicho que el acuífero está sobreexplotado y que la situación no puede seguir así. Pero la Junta de Andalucía no ha cerrado una sola finca, ni la Confederación ha sellado un solo pozo ilegal. No se atreven, y menos en año electoral.

¿Se imaginan que la gente entrase de noche en el Museo del Prado y se llevase los cuadros para colgarlos en su salón? Impensable, ¿verdad?, bien: pues eso es lo que está pasando en Doñana desde hace más de diez años. Agricultores ilegales que entran de noche en un monte público, se lían a cortar pinos, pinchan el acuífero con un pozo y se montan un cultivo de fresas sin que nadie les diga nada.

Barra libre en Doñana para cultivar fresas ilegales, fresas regadas con el agua de la marisma, fresas que ocupan los arroyos que sirven de corredores naturales al lince ibérico, que desecan las lagunas donde crían o pasan el invierno las aves acuáticas de medio mundo.  

Las balsas ilegales, algunas del tamaño de un campo de futbol, son cada día más. Están ahí, a la vista de todos, pero aunque lo que denuncien en la tele, la radio o los diarios, no pasa nada. Como señala el informe de WWF el incremento constante de la superficie de regadío y de nuevas balsas y captaciones ilegales de agua demuestra que la situación está completamente descontrolada. Y los piratas lo saben.

Los ladrones de agua saben que ni la Junta ni el Ministerio tienen lo que hay que tener para clausurarles los pozos y cerrarles las fincas. Es más, en lugar de eso les han prometido un nuevo trasvase de 15 hm3 para que puedan seguir espoliando terrenos y cultivando fresas.

Y es que como nos demostró Jordi Évole hace un año, Doñana ha dejado de ser la Reserva de la Biosfera más admirada de Europa y uno de los parques nacionales más famosos del mundo para convertirse en el Far West de la agricultura ilegal. Y si las administraciones siguen mirando para otro lado pronto será un desierto.

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