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Antes de volver a poner en marcha la economía

El alto coste en vidas humanas no permite comparar la crisis sanitaria que estamos atravesando con ninguna otra, incluida la crisis climática; pero nos permite anotar que cuando nuestra actividad cesa, los indicadores ambientales se recuperan

Dehesa

Junta Extremadura

Qué irrelevante es hablar en estos momentos sobre cómo deberíamos encarar el futuro de la economía, mientras la pandemia de la COVID-19 nos mantiene sumidos en la mayor crisis sanitaria de nuestra historia reciente.

Qué inoportuno aludir al aprendizaje que podemos extraer de esta crisis para afrontar otras, mientras la espantosa cifra de muertes sigue creciendo y perdemos a nuestros mayores como los estamos perdiendo: sin despedirnos ni acompañarlos como se merecen.

Nada de lo que nos está ocurriendo puede ser evaluado más que como catástrofe.

Ojalá nunca hubiéramos sufrido semejante tragedia para comprobar la vulnerabilidad de nuestra especie.

Pero sería un error no tener en cuenta lo anotado estos días antes de volver a poner en marcha la economía. Convendría recordar cómo se ha ido derrumbando todo a nuestro alrededor para que, una vez salgamos de los escombros y nos sacudamos el polvo, no cometamos los mismos errores y reconstruyamos el futuro de forma más segura, más sostenible.

Hace casi 60 años desde la publicación de Primavera silenciosa, el libro con el que la divulgadora ambiental estadounidense Rachel Carson despertó la conciencia ambiental en su país e impulsó el ecologismo moderno.

"Nos encontramos ahora en una encrucijada –decía Carson en su libro–, pero ambos caminos no son igualmente bellos. El que nos ha traído hasta aquí ha sido de una facilidad decepcionante: una carretera de primer orden por la que hemos progresado a gran velocidad, pero que nos ha llevado al desastre. La opción sensata es tomar ahora otro camino: el de ese sendero, mucho menos cómodo y más lento, pero que conduce al futuro".

Y ese sendero es el de la economía circular. El camino que pasa por las energías, el ahorro y la eficiencia energética. El que conduce a la reducción de los residuos y el reciclaje de sus materiales. El camino del uso responsable del agua y la reutilización y regeneración de las aguas residuales.

El camino de la movilidad eléctrica, el del consumo sensato de productos y servicios, el de la producción más limpia. El sendero del que nos hablaba hace más de medio siglo Rachel Carson y que ahora miramos con otros ojos es el de la nueva ciudadanía: una nueva manera de convivir entre nosotros y de relacionarnos con el planeta basada en el respeto al medio ambiente y la conservación de la naturaleza.

El alto coste en vidas humanas no permite comparar la crisis sanitaria que estamos atravesando con ninguna otra, incluida la crisis climática. Pero nos permite anotar que cuando nuestra actividad cesa, los indicadores ambientales se recuperan: en muy poco tiempo y de manera generalizada. Emisiones de carbono, contaminación del aire, calidad del agua, biodiversidad.

Nadie en su sano juicio propondría mantener la cuarentena para permitir una mayor recuperación ambiental, eso sería una auténtica majadería. Pero lo que sí tiene sentido, lo que resulta ahora más oportuno que nunca, es plantear que el reinicio del sistema productivo y la economía se produzca atendiendo a esas observaciones.

¿Cómo será la industria española en 2030? ¿Cómo diseñaremos y fabricaremos, ofreceremos servicios o produciremos alimentos? ¿Cómo los usaremos y consumiremos? ¿De qué nueva manera nos relacionaremos con la energía, los recursos naturales, los residuos? ¿En qué trabajaremos y cómo nos formaremos para ello?

Estas son las cuestiones que se plantean en la Estrategia Española de Economía Circular "España Circular 2030": la iniciativa legislativa del Gobierno de España para cumplir con el Plan de Acción para la Economía Circular de la Comisión Europea, un documento al que la crisis sanitaria ha pillado en fase de borrador y que ahora debería verse reforzado, no limitado.

Sin embargo ya hay quienes desde posiciones conservadoras (que no conservacionistas) están recurriendo al latiguillo del "ahora lo primero es lo primero" y al "todo vale" para dejarnos de senderos y volver a coger la autopista hacia el desastre por la que veníamos circulando a toda pastilla.

Son quienes siempre han contrapuesto desarrollo a sostenibilidad: negando la crisis climática, ignorando que existe una forma de avanzar hacia un desarrollo sostenible quizá más lenta, menos arrolladora, pero mucho más segura y sostenible. Una forma basada en la economía circular, baja en carbono y más amable con la naturaleza y el propio ser humano.

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