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Los datos hablan por sí mismos

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El desempleo aumentó en 77.980 personas, el menor alza en enero desde 2007

Largas colas ante las puertas de las oficinas de empleo, una de las imágenes de la crisis FOTO: EFE

Siete años después de que estallara la debacle financiera que ha ocasionado la Gran Recesión económica con una masiva destrucción de empleo, la crisis continúa agravando las condiciones de vida de una parte creciente de los españoles. Los bancos causantes del desastre permanecen tocados o zombis, como se dice ahora. Aunque han vuelto a los beneficios, siguen recortando el crédito y creando dificultades a las empresas. A pesar de que se ha iniciado una lenta recuperación de empleo de baja calidad, siguen aumentando sin cesar la desigualdad y la pobreza, que ya alcanza al 28,2% de la población en España.

Las explicaciones oficiales en Europa sobre las causas de la crisis que apuntan a un exceso del gasto público han resultado tan falaces como ineficaces han sido las recetas basadas en la austeridad. La larga duración de los daños de la crisis exige nuevas alternativas, sobre todo para resolver la situación de más de 5,4 millones de desempleados.

Para una mejor comprensión de lo ocurrido hemos elaborado este Extra para explicar de una manera más sencilla, entendible y documentada las raíces de la crisis económica y sobre todo sus tremendas consecuencias sociales. Las explicaciones se apoyan en gráficas que permiten visualizar mejor las causas, los responsables y los efectos de las sucesivas crisis financiera y económica.

Sin duda, la crisis ha tenido muchos orígenes. Como señalaba la revista  The Economist, “han sido los mismos financieros, especialmente la irracional exuberancia del modelo anglosajón, que proclamaba haber encontrado la fórmula de minimizar el riesgo cuando de hecho simplemente le habían perdido la pista”. En la lista de culpables habría que añadir “los banqueros centrales y otros reguladores por haber tolerado esta locura”, añadía la revista británica. También menciona que los años de la Gran Moderación, de bajo inflación y crecimiento estable que alimentaron la complacencia en la toma de riesgos. Igualmente influyó la superabundancia de ahorro en Asia, que empujó a la baja los tipos de interés. Algunos investigadores implican a los bancos europeos, que pidieron prestado avariciosamente en los mercados monetarios de Estados Unidos y utilizaron este dinero para comprar títulos dudosos. Todos estos factores alimentaron un aumento de la deuda en lo que parecía un mundo con menos riesgos.

 

LA INESTABILIDAD BANCARIA

Para una exposición más didáctica, la secuencia de acontecimientos que han marcado la crisis se ha organizado en siete capítulos. El primero empieza con la crisis financiera, cuyos síntomas iniciales aparecen en 2007 en Estados Unidos con los impagos de las  subprime (hipotecas de alto riesgo). Estos quebrantos provocaron una seria inestabilidad en algunos bancos que contagió pronto a las entidades europeas que también habían invertido en este tipo de productos o habían realizado operaciones similares. El segundo bloque explica que la crisis bancaria causó un hundimiento de la economía y el cierre de empresas por falta de crédito. En un tercer capítulo se describe como en España el exceso de endeudamiento privado se ha ido aliviando por su conversión en deuda pública. En el cuarto bloque vemos los estragos originados por la doctrina de la austeridad, que anteponía la reducción del déficit al crecimiento y al empleo. En el apartado siguiente se presta especial atención al desbocado aumento del desempleo, que en España alcanzó los 6,2 millones de personas a principios de 2013. En el capítulo sexto se describen las secuelas más graves de la crisis, especialmente la pobreza y la desigualdad que los gobiernos estatal y autónomos han sido incapaces de afrontar. Finalmente, se esbozan los principales retos de una sociedad con más de una cuarta parte de su población sin empleo, con una deuda pública equivalente al 100% del producto interior bruto (PIB), en una Europa sin capacidad de reacción.

Entre las múltiples raíces que han generado la crisis, cada vez existe un mayor consenso en que la causa principal de la hecatombe ha sido el desproporcionado peso que han adquirido las entidades financieras sobre la actividad económica. Un conocedor directo de la crisis, el economista Philippe Legrain, ex asesor de la Comisión Europea, sostiene: “La primera causa de la crisis fueron los temerarios préstamos de los bancos franceses y alemanes a los propietarios de viviendas españoles e irlandeses, a los consumidores portugueses y al Gobierno griego”. Pero todo ello se agravó, a su juicio, por “la insistencia del Gobierno de Angela Merkel y sus siervos en Bruselas, que han privilegiado sistemáticamente los intereses de los bancos alemanes y franceses sobre los de los ciudadanos de la zona euro haciendo que los contribuyentes griegos, irlandeses, portugueses y españoles pagasen por aquellos errores bancarios”.

 

CONTROL DE NUESTRAS VIDAS

El desorbitado poder de la banca, que condiciona la marcha de la economía, ya había sido puesto de manifiesto con toda su crudeza por François Hollande, en su seminal discurso del 22 de enero de 2012, antes de llegar al poder. Sus palabras en Le Bourget causaron entonces un gran impacto. “No tiene nombre”, decía Hollande, “ni rostro, ni partido, ni presentará jamás su candidatura a unas elecciones, no será elegido y, sin embargo, gobierna. Este adversario es el mundo de las finanzas. Bajo nuestros ojos, en veinte años, el mundo de las finanzas ha tomado el control de la economía, de la sociedad y de nuestras propias vidas. A partir de ahora, es posible en una fracción de segundo desplazar sumas de dinero vertiginosas y amenazar a los Estados”. Lamentablemente, la crítica al poder financiero de este discurso se desvaneció rápidamente tras su llegada a la presidencia de la República poco después.

Analizando las causas de la crisis, el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, ha señalado que el desastre se ha producido por “un sistema financiero que está más obsesionado en especular que en cumplir su papel social de intermediación entre los que tienen exceso de fondos y quienes necesitan más dinero”. A juicio del profesor de la Universidad de Columbia, algunos de los aspectos más antisociales de las consecuencias de la crisis se han puesto al descubierto con “la manipulación del mercado (como los escándalos del Libor y el Forex), las prácticas anticompetitivas, depredadoras y discriminatorias en los préstamos y la conducta fraudulenta”.

Las desgracias generadas por las crisis económicas y financieras se vieron agravadas después por la implantación de severas políticas de austeridad en 2011, promovidas por los organismos internacionales. El premio Nobel de Economía Paul Krugman menciona como origen del cambio que sustituyó las políticas del estímulo fiscal por las de la austeridad, las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE), que abogaron por un rápido recorte del déficit público en Estados Unidos.

Martin Wolf, editorialista jefe de  The Financial Times, sitúa el cambio que consagró el giro hacia la austeridad en la reunión del G-20 de Toronto (Canadá), en junio de 2010. A partir de entonces se introdujo en las declaraciones oficiales el latiguillo que enfatizaba “la importancia de la sostenibilidad de las finanzas públicas”. El nuevo mandamiento suponía en la práctica anteponer el control del déficit y la deuda a la creación de empleo y el crecimiento. Wolf opina que la “austeridad abortó la recuperación”.

La doctrina de la austeridad hizo verdaderos estragos en Europa, donde se siguió con más furor. El Banco Central Europeo (BCE) subió los tipos de interés en 2011, y la Comisión Europea exigió un rápido recorte del déficit a países que estaban en plena recesión.

El resultado ha sido un auténtico fracaso, como reconoció el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) al señalar que existe una relación negativa entre austeridad y crecimiento. Es decir, a más austeridad, menos crecimiento y, en consecuencia, menos empleo. Las diferencias entre Estados Unidos, que hizo caso omiso de las políticas de austeridad, y Europa, que las siguió dogmáticamente a rajatabla, son elocuentes: Entre 2009 y 2014, la tasa de desempleo en Estados Unidos ha descendido del 9,3% al 5,8%. En el mismo período, en la zona euro ha aumentado desde el 9,6% hasta el 11,5%. En España, la austeridad ha sido catastrófica al llevar la tasa de paro hasta el 27%.

La austeridad, además de hundir la economía de la zona euro y comportar múltiples sacrificios, ha sido contraproducente para el objetivo que perseguía: la sostenibilidad de las finanzas públicas. El economista belga Paul de Grauwe, actualmente profesor en la London School of Economics (LSE), ha demostrado que existe “una fuerte correlación positiva” entre las medidas de austeridad y la  ratio de deuda en relación con el producto interior bruto (PIB). Cuanto más intensa es la austeridad, más elevada es la deuda en relación con el PIB. El caso de Grecia y España son paradigmáticos. Antes de la crisis, la deuda de España y Grecia se situaba en el 36% y el 94% del PIB; actualmente, es del 94% y 175%, respectivamente.

Una evaluación global de los estragos de la austeridad de la que algún día deberán rendir cuentas los dirigentes europeos, la proporciona el economista estadounidense Joseph Stiglitz. En su opinión, “tal como predijeron hace tiempo los economistas, incluyéndome a mí mismo, la austeridad sólo ha conseguido paralizar el crecimiento de Europa con decepcionantes mejoras en las finanzas públicas en todos los casos. Y lo que es peor, la austeridad ha contribuido al aumento de las desigualdades, que harán que esta situación de fragilidad económica perdure exacerbando innecesariamente el sufrimiento de las personas en situación de desempleo y pobreza durante muchos años”.

La crisis está siendo extraordinariamente larga y profunda en España, sobre todo por la destrucción de empleo. Las cifras del mercado de trabajo de Estados Unidos, Alemania y España no dejan lugar a dudas sobre la gravedad de la situación de nuestro país. Estados Unidos, con 318 millones de habitantes, tiene 140 millones de trabajadores y 9,2 millones de desempleados. Alemania tiene 82 millones de habitantes, 42 millones de trabajadores ocupados y 2,8 millones de parados, y España, con 46,5 millones de habitantes, tiene 17,5 millones de ocupados y 5,4 millones de parados.

 

EL BCE HA GANADO COMPETENCIAS

La crisis ha servido para potenciar las competencias del Banco Central Europeo (BCE), que ha sido decisivo para estabilizar el mercado de deuda y la salvación de la banca europea, aunque ha sido con retraso injustificable. Pero ha sido un desastre para la creación de empleo, especialmente en España, donde la economía se vio desestabilizada por los excesos del sistema financiero que desequilibraron las cuentas públicas.

Lamentablemente, Europa no ha aprovechado la crisis para profundizar en la unión económica y política. El balance ha sido todo lo contrario. La crisis ha dividido la Unión entre países acreedores y países deudores alejando las posibilidades de recuperación de estos últimos, cuya economía está cada vez más condicionada a los intereses de los primeros.

[Este artículo pertenece a la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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