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“Conecta el geolocalizador” y otras 5 frases de violencia machista a través de la tecnología

Imagen del cómic 'Pillada por ti', que sensibiliza a los jóvenes contra la violencia de género.

Miguel A. Parra Anguita

El machismo ha encontrado en las nuevas tecnologías nuevas formas de seguir ejerciendo la violencia contra las mujeres, especialmente, contra las más jóvenes. Con internet, y su acceso cada vez más fácil y generalizado, la violencia de género se ha reinventado y han surgido nuevas herramientas a disposición de los agresores, sobre todo, a través de las redes sociales.

Son nuevas formas de acoso, difamación, control, extorsión y amenazas que antes no existían y que siempre acaban derivando en la agresión física. “El ciclo de la violencia siempre va en escalada. Si el chico es celoso, va acumulando tensión porque la chica no se comporta como él quiere, y esto se traduce en agresiones psicológicas, físicas, sexuales…”, asegura Paola Fernández Zurbarán, responsable del Programa Andaluz de Atención a Mujeres Menores de Edad Víctimas de Violencia de Género, puesto en marcha por el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM).

El dispositivo que más utilizan los adolescentes es el móvil. Según Fernández Zurbarán, al programa de atención psicológica puesto en marcha hace un año y medio por el Instituto Andaluz de la Mujer, llegan numerosas chicas que han tenido que escuchar frases como éstas:

1) “Si me quieres, dame las claves del Twitter”. Es una de las más habituales pues se basa en el argumento de que “no debe haber secretos en la pareja”. El chico le pide a la chica las claves de su redes sociales y ejerce medidas de control sobre ella. Elige sus contactos, le pide que borre a quien no le interesa (ex novios, amigas “que le comen la cabeza”..). La aisla no sólo físicamente sino también en las redes sociales, impidiéndole que se comunique con su entorno.

2) “Me hago pasar por ti en Tuenti”. Aunque la chica cambie las claves, él se hace con ellas y llega a suplantar su identidad en sus perfiles de redes sociales. Muchas veces, el joven llega a hacer declaraciones con el objetivo de dejarla en ridículo, comenta el estado de otros o escribe mensajes a otras personas haciéndose pasar por ella sin que los seguidores o amigos sepan que es él quien habla.

3) “Como no lo hagas, subo a internet tus fotos sin sujetador”. Es muy habitual la extorsión utilizando material con contenido erótico o fotos subidas de tono… Si la chica no hace lo que el chico le dice, él la amenaza con subirlas a internet o con colgarlas en las redes sociales para demostrar “lo zorra que es”.

4) “Conecta el geolocalizador”. Otra práctica muy extendida es el control que el chico ejerce sobre la chica a través del geolocalizador del móvil. El objetivo es saber dónde está ella en todo momento y controlarla desde su teléfono.

5) “¿Con quién estás? Mándame una foto por Whatsapp”. Una forma bastante común de controlar a la chica es obligarla a hacerse fotos constantemente y hacer que se las envíe por mensajería instantánea, no sólo para saber dónde en cada momento, sino también para saber con quién está o incluso qué ropa lleva puesta. “En las relaciones adultas, puede haber convivencia. En los adolescentes, como no la hay, a veces el chico obliga a la chica a demostrarle dónde y con quién está. Incluso la hace conectarse a Skype a cualquier hora, hasta de madrugada, para comprobar que está en su casa”, cuenta Paola Fernández.

6) “Lo vamos a hacer como en las 'pelis' porno”. Según Fernández Zurbarán, se ha detectado un aumentado de la violencia sexual en los adolescentes, “en parte porque la educación afectivo-sexual que han recibido los chicos, su modelo de sexualidad, es el porno”. En este sentido, cuenta que muchas chicas cuentan que sus parejas las obligan a mantener relaciones sexuales sin preservativo, cuando a ellas no les apetece o en posturas que a ellas no les gustan, “y ellas sienten que tienen que estar encantadas, aunque la práctica sea denigrante”. Todo esto repitiendo los esquemas del cine porno, al que acceden mucho más fácilmente que antes gracias a internet, lo que les permite consumirlo en sus habitaciones, en su ordenador, móvil o tablet. La mayoría de las veces, sin control de los adultos, ya que casi nadie tiene activados los filtros de control parental de internet. Esto ocurre bien por la propia soledad del joven (los padres trabajan y no reparan en eso) o bien por ignorancia (los progenitores son analfabetos digitales).

Las chicas que llegan a este programa tienen entre 14 y 17 años y todas han sufrido violencia de género desde las nuevas tecnologías, básicamente porque todas son nativas digitales. Según Fernández Zurbarán, “todas han sufrido mucho y llegan muy violentadas psicológica, física y sexualmente, con la autoestima rota y la identidad muy deteriorada, no saben qué quieren, qué sienten”. Este sentimiento, de por sí habitual en cualquier adolescente, se agrava por el uso de las redes sociales. De todos es sabido que a los adolescentes les preocupa mucho la imagen que proyectan sobre su círculo. Por eso, estas técnicas tienen mucho más impacto a nivel emocional que en un adulto, pues “las redes sociales multiplican el descrédito ante los demás, la imagen pública de las chicas se destroza y repararla es mucho más difícil porque las redes sociales lo amplifican todo”, explica Paola.

Sin capacidad para percibirlo o detectarlo

Las primeras manifestaciones esta violencia de género tecnológica se dan a través del control por parte del chico y ellas no suelen darse cuenta, les cuesta mucho trabajo detectarlo. El Proyecto de Investigación Detecta del IAM (2012) revela que más del 56% de los adolescentes andaluces de entre 14 y 16 años no reconocen los signos de la violencia de género. De hecho, el informe señala que el 65% de la juventud andaluza ve la realidad de forma sexista, con opiniones como que “lo normal es que el hombre proteja a la mujer” (más del 60%), que “el amor lo resiste todo” (más del 53%) o que “los celos son una prueba de amor” (52%).

“Los jóvenes tienen muy presentes los mitos del amor romántico, el machismo y el patriarcado en estado puro. Estereotipos difundidos en películas como Tres metros sobre el cielo o Crepúsculo, en los que los chicos son malotes o directamente monstruos a los que ellas, frágiles princesas, rescatan gracias al amor. Las adolescentes creen que esto es lo normal por culpa de los valores de nuestra cultura de masas, de consumo de películas, libros, videojuegos o redes sociales que transmiten los valores contrarios a la igualdad”, señala Paola Fernández. Y añade: “Se ha producido un falso avance social. Se ha avanzado en las formas más explícitas de violencia, está mal visto que un hombre pegue a su mujer, pero el machismo ha desarrollado otras formas de ejercer su autoridad, mucho más sutiles y sofisticadas”.

Para terminar, dos datos preocupantes: el Programa de Atención Psicológica a las Mujeres Menores de Edad Víctimas de Violencia de Género en Andalucía atendió de enero a junio a 49 mujeres adolescentes. Y el 26 por ciento de las víctimas mortales de violencia de género registradas en 2013 en España fueron menores de 30 años.

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