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Bangladesh: sueños quemados

Los ataques con ácido son una de las formas de violencia de género más crueles y difíciles de superar. A la huella psicológica, se añaden secuelas físicas irreversibles que condicionan de por vida a sus víctimas

Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Ponemos nombre y rostro a mujeres que han sido víctimas de ataques con ácido y que hoy luchan por evitarlos

En Bangladesh, trabajamos para que puedan rehacer sus vidas con dignidad e impulsamos campañas de sensibilización

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Khodaja Khatun. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid

Khodaja Khatun. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid

“Tenía miedo. No sabía si iban a sobrevivir. Inicialmente no sentí enfado o ira, sólo preocupación y miedo”. Estas palabras son de Nurul Islam, padre de Sonali y marido de Khodaja Khatun. Hace diez años que fueron atacados por un miembro de su propia familia. Les roció de ácido mientras dormían con la única intención de culpar a otra persona, un vecino con el tenían una disputa por la propiedad de unas tierras.

Nur sufrió heridas leves, pero los rostros de su hija y de su mujer reflejarán de por vida las terribles secuelas de esta forma de violencia que en el 80% de los casos es causada a mujeres y en el 90% perpetrada por hombres. Sonali apenas contaba 18 días, Khodaja tenía 15 años: “Tardé dos días en tomar conciencia de mi alrededor tras el ataque. Luego me invadió la preocupación por el futuro y los retos que surgirían, mi bebé y yo teníamos la cara desfigurada. Supe que nada sería lo mismo".

Khodaja perdió un ojo y la forma de su cráneo se alteró por los efectos del ácido. Necesitó diez meses de tratamiento para recuperarse, luego tuvo que acostumbrarse a las miradas, a sentirse observada. Vivir con la idea de que quizá su hija Sonali no se casaría nunca, en un país que entiende que el mejor futuro para una niña es el matrimonio. Pasados diez años, Khodaja y Nur siguen lidiando con el sentimiento de culpabilidad, “es a causa de nosotros que haya tenido que superar el trauma de este ataque”.

Khodaja es ama de casa y Nurul es agricultor; viven de sus arrozales, donde también cultivan yute y otros vegetales. Sonali va al colegio y cursa segundo grado, tiene dos amigas pero otras niñas no quieren jugar con ella: “Dicen que no tengo buena apariencia”. A sus once años, le encanta leer y tiene de mascota a una gallina. Madre e hija no pueden exponerse al sol, la piel de sus rostros no soporta la radiación o las fuentes de calor, motivo por el que Khodaja no puede cocinar durante mucho tiempo seguido. Ambas siguen adaptándose a la vida como víctimas de un ataque con ácido.

Nur Banu. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid

Nur Banu. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid

Nur Banu tiene 28 añosy es ciega debido a una agresión con ácido provocada por su marido, Julmot Ali. Su cara, pecho y brazos muestran cicatrices de duras quemaduras. Tras quince años de casada, tres hijos y un historial de maltrato marital que Julmot justificaba por no haber recibido una dote, Nur supo también que su marido le era infiel y decidió divorciarse. Ocho días después, él la agredió con ácido por ejercer su derecho a decidir. Tan sólo fue condenado a un año de prisión.

Antes de ser agredida, Nur combinaba trabajo en los campos de cultivo y en la fábrica de procesamiento de semillas. Pero las secuelas del ácido han mermado su capacidad para obtener ingresos, su ceguera hace que dependa de otros. “Ahora no puedo trabajar y me duele depender de mis dos hijos para sostener la economía familiar, al principio fue muy duro”, cuenta mientras explica que, en la sociedad bengalí, es responsabilidad del hombre mantener a su esposa.

Como mujer maltratada y superviviente a un ataque de ácido, se muestra rotunda ante la violencia de género: “Aquí es un problema”. Y demanda más justicia y protección legal: “Si las leyes se implementaran debidamente y los agresores fueran llevados ante la justicia, habría menos casos como el mío. La sociedad no apoya a las víctimas, suele posicionarse junto a los autores del ataque, pero su apoyo es fundamental para que podamos llevar una vida digna”.

El trabajo con las víctimas

Khodaja y Nur son algunas de las más de 200 víctimas acogidas bajo el Programa de Prevención de la Violencia con Ácido, iniciado en 2004, y al que prestamos apoyo a través de ActionAid, SODESH y Sharp, nuestros socios en Bangladesh. Común a todas ellas, el haber sido tratadas en la unidad de quemados con ácido del hospital especializado de Dacca y haber recibido, junto a sus familias, apoyo psicológico permanente. Algunas han recibido además donaciones económicas para que sus hijos puedan asistir a la escuela o rehacer sus vidas. Se trata de proporcionarles el entorno necesario para que puedan ser autosuficientes.

Otro de los principales objetivos de este programa es sensibilizar a la sociedad como medida fundamental en la prevención y erradicación de este tipo de ataques. La Acid Survivors Network (red de supervivientes a los ataques de ácido) fue creada en 2006 para proporcionar a las personas dañadas con ácido asistencia médica, apoyo psicológico para vencer el miedo al prejuicio y estigma social, y asesoramiento legal. A través de esta red, se ofrece a las víctimas un lugar seguro donde quedarse, se les proporciona información y formación laboral, sesiones de terapia en grupo y participación activa en campañas de presión para el cumplimiento de las leyes sobre ataques de ácido y de sensibilización para la conciencia social.

También se trabaja para que haya un férreo control en la compra de estos componentes químicos. Bangladesh es uno de los principales exportadores textiles del mundo, por lo que el ácido sulfúrico que se utiliza para teñir los tejidos es de muy fácil acceso. Además, se está dando apoyo técnico a nivel local para que en los distritos haya unidades médicas que puedan tratar a las víctimas y que no tengan que trasladarse a Dacca para ser atendidas. 

Existe una enorme brecha legal que deja casi desamparadas a las víctimas de ataques con ácido. Bangladesh endureció las penas para castigar a los agresores con ácido en 2002 a través de la Acid Crime Control Act ( ACCA), introduciendo la cadena perpetua o la pena de muerte como condena en aquellos casos en los que la víctima pierda la vista o el oído, o sufra daños graves en rostro, pecho y órganos sexuales. La condena es de 7 a 14 años si otra parte del cuerpo es mutilada; y de 3 a 7 años, por una agresión en la que no se cause daño. Sin embargo, muchos agresores no cumplen la totalidad de su condena, salen de la cárcel bajo fianza o los casos se terminan desestimando.

Sonali Khatun. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid

Sonali Khatun. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid


Ataques con ácido: cifras, causas y consecuencias

El primer caso documentado en el país data de 1967. Diversos estudios reflejan que más de la mitad de los ataques están relacionados con el rechazo de propuestas de matrimonio, aproximadamente una cuarta parte se deben a la violencia de género y marital, o incluso del entorno familiar, poco más de una décima parte responden a disputas por el control de tierras y apenas un dos por ciento, a rechazos sexuales. Recientemente se han registrado también ataques de ácido a niños, ancianos e incluso hombres, pero la mayor parte de las víctimas son mujeres de entre 13 y 35 años.

Desde 1999, la Acid Survivors Foundation lleva un registro de ataques de ácido en Bangladesh donde figura un total de 3.498, cifra a la que habría que sumar todos aquellos que no es posible rastrear. La organización fue creada para intentar reducir y eventualmente eliminar los ataques de ácido así como facilitar la reinserción social de las víctimas. En el momento de su creación, el país bengalí tenía la tasa de incidentes con ácido más alta del mundo, aunque las cifras se han ido reduciendo año tras año, pasando de los 494 casos registrados en 2002 a los 71 de 2012.

El ácido es un corrosivo químico que tiene un efecto devastador sobre el cuerpo. Provoca una abrasión de los tejidos que puede llegar a exponer los huesos e incluso disolverlos. En contacto con los ojos, los daña de por vida y muchas víctimas pierden parcial o completamente la visión. Las personas que sobreviven a un ataque de este tipo padecen profundas depresiones, además de crisis de identidad debido a la pérdida o distorsión de su apariencia. Muchas dejan de estudiar o trabajar y tienen que hacer frente al rechazo y aislamiento social, lo que agrava aún más el daño en su autoestima o su estatus socioeconómico.

Los ataques de ácido reflejan una severa discriminación y desigualdad de género. Las víctimas suelen ser mujeres que ejercen su derecho a decidir, transgrediendo normas, tradiciones o prácticas convencionales que las relegan a un segundo plano. Considerado un tipo de violencia contra la mujer, los ataques de ácido tienen sus raíces en el machismo y prevalecen en sociedades donde la mujer se subordina a la autoridad del hombre. 

Fotogalería: "Día contra la Violencia de Género. Huellas irreversibles"

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