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Lentes con filtros bloqueadores de la luz azul: ¿sirven de algo?

Los filtros contra la luz azul han saltado desde la pantalla del ordenador a las lentes bajo la premisa de que protegen nuestra retina contra las longitudes de onda más agresivas

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FoTo: Jordan Fischer

Foto: Jordan Fischer

Desde la entrada en juego de la iluminación LED, nuestro entorno visual se está volviendo, por decirlo de alguna manera, azul. Esto quiere decir que la iluminación artificial que nos rodea ha pasado de las luces basadas en la incandescencia de la resistencia de tugsteno, que emite mayoritariamente en el espectro del color rojo, a los diodos LED de luz fría, que emiten en las longitudes de onda más cercanas al color azul.

La razón es el ahorro que suponen estas longitudes de onda, más capaces de iluminar con menos aporte de energía. Por lo tanto, la iluminación LED se impone progresivamente no solo en nuestras casas, sino también en todo tipo de dispositivos digitales como smartphones, ordenadores, televisores o tabletas. Miremos donde miremos hoy en día, recibimos emisiones de luz azul artificial. Y no es aventurado asegurar que muchos de nosotros nos pasamos el día mirando las pantallas de estos dispositivos.

¿Una luz peligrosa?

¿Es esto peligroso? Desde el advenimiento de la luz azul, se han disparado las especulaciones y los debates sobre su conveniencia o su peligrosidad. Algunos científicos se han lanzado a estudiar sus efectos sobre nuestros ojos y nuestra visión, y han comenzado a aparecer teorías sobre una posible influencia de la luz azul sobre la regulación de nuestro sueño, alegando que esta inhibe la secreción de melatonina, la hormona que nos ayuda a dormir.

En otras ocasiones se ha asegurado que la luz azul altera los ritmos circadianos y que ello puede incidir en un sistema inmunitario deprimido, problemas cardiovasculares o cáncer de mama y colorrectal a largo plazo, dentro de lo que se conoce como el ' síndrome del vigilante nocturno'. Esta teoría estaría basada en la incidencia que el cielo azul tiene sobre nosotros como estimulante y a la vez inhibidor del sueño. Así, como la del cielo, la luz azul de la pantalla de un iPad por la noche nos haría estar despiertos y alerta.

Adicionalmente, se ha relacionado la luz azul que emiten los dispositivos digitales con el 'síndrome de visión del informático', un cuadro de afecciones como dolor de ojos, vista cansada o irritaciones oculares que se dan en los profesionales que pasan muchas horas delante de un ordenador.

A su versión doméstica se la ha denominado 'síndrome visual informático digital' y a este respecto, se ha afirmado que aunque la luz azul ilumina mejor con menos energía, nos deslumbra y nos obliga a reenfocar las imágenes, provocando un mayor estrés en los órganos de la visión.

Finalmente algunos científicos, como la doctora Dra. Celia Sánchez Ramos, investigadora de la Facultad de Óptica y Optometría de la Universidad Complutense de Madrid, aseguran haber hecho estudios que demuestran que las longitudes de onda en las que emiten los LED de luz azul dañan la retina y a largo plazo pueden desembocar en una degeneración macular senil, una de las causas más comunes de ceguera entre la gente mayor. 

Foto: Holya

Foto: Hoya

Filtros protectores contra la luz azul: ¿funcionan?

Para prevenirnos contra los supuestos males de esta luz azul, a la que cada vez estamos más expuestos, diversas empresas han desarrollado filtros protectores que en teoría reducirían entre un 15 y un 20% su intensidad, acomodando nuestra visión, disminuyendo las agresiones a nuestra retina y evitando los efectos sobre la secreción de melatonina, por ejemplo por la noche, cuando leemos en una tableta o en el smartphone.

Estos filtros tienen dos variantes principales: los que se aplican sobre las pantallas de los dispositivos y los forman parte de las lentes que usamos normalmente, o que nos ponemos cuando miramos una pantalla. En el primer grupo estarían los filtros de Reticare, una empresa fundada por la ya citada doctora Sánchez Ramos y que ha sido objeto de diversas polémicas.

En 2014 la OCU emitió un comunicado en el que aseguraba que no se puede certificar la eficacia de los filtros Reticare por el sencillo hecho de no está demostrado que la luz azul de los LED sea nociva para nuestra salud en ningún sentido. Por otro lado, el medio Hipertextual publicó en octubre de 2015 un extenso y minucioso reportaje que desgranaba el negocio de Reticare y de las personas que estaban detrás de él.

Según sus autores, el negocio de Reticare se basa en el miedo a que las tesis alarmistas de Sánchez Ramos y sus socios puedan ser ciertas. Las mismas tesis, según el reportaje, se han desarrollado a partir de estudios con altas intensidades de luz azul sobre cultivos de tejidos aislados, así como con animales como el pez cebra, pero nunca se han contrastado con seres humanos. 

Por otro lado, el oftalmólogo Rubén Pascual, responsable de la sección de Oftalmología infantil, Estrabismo y Neuro-oftalmología del Hospital San Pedro de Logroño y autor del blog Ocularis, también ha criticado desde el punto de vista científico las tesis en las que se basa Reticare, además de desmontar la teoría de que la luz azul altere nuestros ritmos circadianos. 

Pocos estudios al respecto

Respecto a las gafas con filtro de luz azul para mirar a ordenadores, teléfonos y tabletas, hay en la actualidad muy pocos estudios que se refieran a sus posibles beneficios. Uno de ellos es este, que asegura una leve mejora en la fatiga visual, aunque fue realizado solo con 33 personas y durante un tiempo periodo de estudio muy corto, de apenas dos horas.

Ahora bien, no se especifica cómo se realizó el cegado, es decir las personas que no sabían si llevaban gafas con filtro o no, para descartar el efecto placebo (más información en este post). Este otro estudio de 2013, que también sugería beneficios, fue realizado solo sobre cinco personas, lo que hace casi imposible considerar sus resultados concluyentes.

En resumen: aunque es pronto -porque la iluminación LED lleva poco más de una década entre nosotros- para asegurar que no tiene efectos adversos a largo plazo sobre nuestra salud, por el momento no hay suficientes argumentos científicos para creer que sí puede ser nociva. En consecuencia, el beneficio del uso de lentes con filtros de luz azul no está garantizado.

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