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Siete cosas que hacer en Panamá si no eres evasor fiscal

El país favorito de los delincuentes fiscales esconde tesoros aún desconocidos para los viajeros españoles, incluida la capital

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Foto: Walter Vargas

Foto: Walter Vargas

Los papeles de Panamá han puesto en el mapa un destino que no suelen ofrecerte en las agencias de viajes, pero que alberga rincones muy especiales, tanto en la rehabilitada capital como en las islas del norte del país, donde la tribu de los 'kuna yala' lucha por conservar su autonomía y la virginidad del archipiélago de San Blas. Además, en Bocas del Toro lo tienen todo preparado para llevarte a sus playas vírgenes y a las inmersiones acuáticas más originales y coloridas imaginables.

1. Visitar Panamá City, restaurada y viva

Para introducirte de lleno en Panamá, afronta la aventura de bajar en el clásico autobús llamado Tumba Muerto, de la flota de los Diablos Rojos, desde el aeropuerto hasta el Casco Viejo. Alrededor del Palacio de la Presidencia, encontrarás bellos edificios restaurados bien señoriales, así como tiendas, galerías de arte y cafés muy interesantes, gracias a su vecindario bohemio y artístico.

La Plaza de Francia tiene unas vistas muy lindas del canal desde las escalinatas; la Plaza Bolívar con sus cafés-terraza y el palacio colindante, dan muestras de un pasado glorioso, así como tambiém la catedral Metropolitana y su plaza de la Independencia, donde se celebra el festival de Jazz anual, además de recordar la separación panameña de Colombia. Aunque también en la Plaza Herrera se puede disfrutar del entretenimiento.

Foto: Pixabay

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2. Escaparte a los archipiélagos

Coge un avión de Air Panamá tanto si vas a San Blas como a Bocas del Toro. Si quieres ir a los dos, tendrás que volver al aeropuerto de la capital, porque no hay conexiones entre ambos. También podrías entrar a Bocas del Toro por la frontera con Costa Rica, para apreciar desde la lancha el horizonte tras el que aparece la Isla de Colón.

La misma que te conquista nada más llegar por sus casitas bajas de madera pintadas de colores, con terracitas de madera que sirven como muelle para aparcar la lancha. En la calle principal, ofrecen desde tours por las islas en distintas agencias y cooperativas de remeros, hasta ropas, comidas más o menos rápidas, y hostales con terrazas de bar muy tentadoras.

3. Bucear entre corales de mil colores

No dudes en contratar una inmersión de submarinismo. Se recomienda El Buga porque no sólo es un centro de diving, sino un bar con jugos y comida saludable, con vistas al pie de su embarcadero para relajarte antes de hacerte las inmersiones en el arrecife de corales panameño, brutalmente sorprendente.

En Coral Garden, los corales, además de muy abundantes, están en perfecto estado, y hay muchos peces lindos como el pequeñito azul con topos brillantes. En Sechen, es incontable la cantidad de corales diferentes y de infinitas tonalidades de todos los colores imaginables. Todas las gamas de verdes, rosas, rojos, azules, amarillos, violetas, naranjas, con hilos o puntitos como de oro alrededor, con formas envolventes, espigadas, estrelladas, redondeadas, ovaladas...

Y hay todavía más peces roca, culebras doradas, morenas, ciempiés dorados increíbles, langostas de todos los tamaños, peces león… Si no te atreves, en los tours, te llevan a snorklear en Punta Hospital, donde se observa casi lo mismo pero a pequeña escala y más esparcido. 

Foto: Pixabay

Foto: Pixabay

4. Elegir tours o pedir que te personalicen el tuyo

Los tours organizados suelen transportar a una docena de turistas y duran de las nueve a las cinco de la tarde. Es complicado ir a Isla Zapatilla y a Red Frog a la vez, porque, al ser las más requeridas, todos los tours las separan para que tengas que pagar dos tours diferentes. Así que intenta convencer a algún agente o capitán con barco propio para que te haga tu tour a medida, incluso te llevan a visitar las playas de Isla Colón en lancha-taxi.

No te pierdas la Flatrock y la del hotel La Coralina. E intenta salir justo a tiempo para ver el amanecer, escandaloso sobre ese mar calmo que asemeja un espejo sobre el que, de repente, ves despuntar a los delfínes desperezándose sobre la belleza de Bahía Delfines. Goza con ellos y con el paisaje marino, las islas de manglares o habitadas con casitas de madera a la orilla del mar.

5. Hospedarte con las tribus de Kuna Yala

El archipiélago de Kuna Yala cuenta con 365 islas, la mayoría deshabitadas. En algunas hay un solo hotel o te llevan en barca para que te bañes aislado en la playa, virgen por demás. La más desarrollada para comodidades occidentales sería Cartí, y la más grande es Ustupu, con 3.000 paisanos. Ahí lo interesante es integrarse con la comunidad en algunos de sus hostales, o, a ser posible, en una familia auténticamente kuna, a través de couchsurfing

Foto: Ben Kucinski

Foto: Ben Kucinski

6. Aprender su historia y su costumbres

Para moverte del aeródromo a tu isla, trata de contratar una lancha para hacer un tour de avistamiento por el archipiélago Kuna. Una vez allí, habla con los locales que sepan español entre los 30.000 indígenas censados en las islas, luchando por preservar su cultura y su organización, frente a los agravios del Estado, que mandó al Ejército para imponer su 'civilización' y acabar con sus costumbres, tradiciones y lengua.

El monumento con el busto esculpido de Nele Kantule en medio de la plaza de Usputu recuerda a este líder de la revolución kuna que tuvo lugar en 1925, cuando este cacique se levantó en armas y organizó todo un ejército, con la ayuda de EEUU, para rebelarse contra el Gobierno, hasta que logró firmar unos fueros y libertades especiales para la raza kuna, incorporándose en la República de Panamá, pero con la demarcación de Reserva Indígena que les confiere ciertos privilegios a la hora de tomar decisiones.

En cuanto al arte, visita el museo de arte kuna del artista Alejo, que muestra sus representaciones pictóricas de la vida cotidiana y de las mujeres kuna con sus molas, su ropa tradicional con formas que simbolizan el arcoiris y otros elementos de la naturaleza como animales y flores. 

Foto: Ben Kucinski

Foto: Ben Kucinski

7. Probar la gastronomía local

Aseguran los dule (persona de oro) que su lema es que hay que dar a todo el mundo porque en el cielo hay sobreabundancia y, cuando mueran, recibirán sin escatimar. La ambición, el egoísmo, la envidia y similares no existen, si bien, ya se han dado casos de islas en las que querían cobrar 50 dólares por entrar para disfrutar de sus paradisíacas playas.

Los tours de todo el día conociendo a la comunidad, pescando y haciendo snorkle incluyendo el alojamiento y el almuerzo no son precisamente altruistas. Sin embargo, la mayoría de sus habitantes son de una pasmosa hospitalidad que les lleva a invitarte a cebarte con su ' dulemasi ', una comida típica kuna que consiste en plátano y pescado hervido en leche de coco, al que le añades limón, chili y sal al gusto; o a dormir en su casa en una hamaca a la mínima necesidad.

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Foto: Wikimedia Commons

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