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DESALAMBRE

Amos Yee, el joven que pone a prueba la limitada libertad de expresión de Singapur

El joven bloguero ha sido condenado a seis semanas de prisión por "querer herir sentimientos religiosos" 

Comenzará su condena este jueves, la segunda que recibe en dos años 

Reporteros Sin Fronteras clasifica a Singapur en el puesto 154 de 180 en el índice de libertad de expresión 

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El adolescente lenguaraz que desafía el puritanismo de Singapur

El bloguero que desafía al gobierno de Singapur, Amos Yee EFE

"¿Sabéis qué? Tras dos años, me estoy cansando de mi pelo largo, creo que me lo voy a cortar pronto. Por suerte para mí te lo cortan gratis en prisión”. A sus 17 años, Amos Yee es un provocador. Su perfil de Facebook está lleno de sátiras, tacos, comentarios polémicos e ironías sobre el gobierno de Singapur, las políticas del país o los tabúes sociales de la pequeña isla en la que nació. Sátiras que le han llevado recientemente a su segunda condena de prisión en tan sólo dos años y que le harán pasar las próximas seis semanas en prisión cuando su pena se haga efectiva a partir de este jueves 13 de octubre.

Amos Yee revolucionó Singapur en marzo de 2015 cuando subió a Youtube un vídeo criticando, tan sólo unos días después de su muerte, al antiguo primer ministro del país Lee Kuan Yew, considerado el padre de la pequeña isla y el artífice de que haya conseguido uno de los desarrollos económicos más rápidos de la historia. "Lee Kuan Yew está por fin muerto”, decía en su vídeo. "Era una persona horrible.[...] Era un dictador que consiguió engañar a la mayor parte del mundo para que pensaran que era un demócrata", continúa en los ocho minutos en los que compara al antiguo primer ministro con Jesús, porque los dos están "ávidos de poder y son malvados pero han conseguido que la gente crea que son compasivos". Poco después subió a su blog una caricatura de Lee teniendo sexo con la antigua primera ministra de Reino Unido, Margaret Thatcher, conocida por su mano dura y sus políticas neoliberales.

El atrevimiento de Amos Yee lo convirtió en una estrella para algunos, y en un ser dibólico para otros. Así, una veintena de personas denunciaron el vídeo del joven bloguero, lo que provocó su arresto por "herir sentimientos religiosos". Poco después, le fueron añadidos cargos por publicar imágenes obscenas por la caricatura de Lee y Thatcher. En total, Yee fue condenado a cuatro semanas de cárcel, que ya había cumplido en el momento de conocer la sentencia.

Yee no era, sin embargo, un desconocido en la isla. En 2011, Yee ya había ganado la atención de muchos con un pequeño corto que ganó dos premios en el Festival FiRST Film de Singapur. Poco después, lanzó uno de sus primeros vídeos provocativos en el que decía que los chinos habían copiado a los americanos al celebrar el Año Nuevo, algo que no gustó a muchos en un país en el que la mayoría de la población es de etnia china.

Tras la sentencia, Yee siguió subiendo vídeos a su cada vez más popular canal de Youtube y sus provocaciones religiosas, especialmente contra el Islam, fueron subiendo de tono. En las semanas siguientes al veredicto, el bloguero subió una fotografía de él con el Corán y el dedo corazón levantado y otra imagen de varios feligreses rezando en una mezquita con la leyenda "preparándose para el sexo anal". Sus posts le llevaron a ser condenado de nuevo en septiembre a seis semanas de prisión y una multa de 2.000 dólares americanos por "querer herir sentimientos religiosos" y poder generar "agitación social".


Una libertad de expresión continuamente amenazada

"Deberías ser capaz de decir lo que quieras, incluso si incita a la violencia, y no ser castigado por la ley. Así, si Hitler existiese hoy, no debería ser condenado". La definición que Amos Yee da de la libertad de expresión choca sin duda con la del gobierno de Singapur, supuestamente asegurada por la Constitución del país, pero controlada a través de la censura y reprimida con asiduidad en los tribunales. Reporteros Sin Fronteras sitúa así a Singapur en el puesto 154 de 180 países en el ranking de libertad de prensa y destaca la existencia de varias leyes, como el Acta de Sedición o el Acta de la Autoridad para el Desarrollo de los Medios, que permiten censurar tanto el contenido periodístico como las críticas ciudadanas. Además, todas las televisiones del país están controladas por el gobierno y las leyes prevén castigos para las ofensas por comentarios políticos, raciales y religiosos.

Yee no ha sido el primero en ser condenado por ataques al Gobierno. Uno de los casos más conocidos es el de Joshua Benjamin Jeyaretnam , antiguo líder del partido opositor del Partido de los Trabajadores, que fue condenado en varias ocasiones por insultar a Lee Kuan Yew o perjurio, entre otros.

El gobierno sigue apretando el puño y ha aprobado este año una ley por la que cualquier ciudadano puede ser condenado a multas de hasta 100.000 dólares americanos y penas de cárcel de hasta tres años por comentar detalles sobre juicios en curso y que muchos han interpretado como una ley hecha a medida para el juicio de Yee. "Esta nueva ley no sólo amenaza con disminuir el limitado espacio que los edios tienen, también puede impedir el acceso a la información y tener un efecto disuasorio en blogeros y usuarios de redes sociales", ha denunciado en un comunicado Josef Benedict, subdirector de Amnistía Internacional para el Sudeste Asiático y el Pacífico. "El que más pierde en esta farsa es el Gobierno de Singapur que ha mostrado que está dispuesto a pisotear a cualquier que exprese opiniones que van contra el Gobierno y su visión, incluso si esas opiniones vienen de un [adolescente] de 16 años", aseguró el subdirector para Asia de Human Rights Watch, Phil Robertson, en un e-mail.

Amos Yee pone, sin embargo, a prueba continuamente sus límites y ha redirigido ahora sus lanzas hacia otros temas controvertidos, como la pornografía infantil. "Creo que la pornografía infantil debería ser legalizada y no hacerlo es un acto de fascismo", aseguraba recientemente en su Facebook. Tras escuchar su sentencia, Yee aseguró a los medios que estaba "muy arrepentido". Pero parece que aún no ha dicho la última palabra.

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