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La Tasa Robin Hood: el impuesto que sí queremos

El sector financiero, que es hasta 26 veces más rentable que todos los demás, es el que menos impuestos paga.

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Tasa Robin Hood ©Oxfam Intermón

Tasa Robin Hood ©Oxfam Intermón

No somos bandoleros, ni actuamos al margen de la ley. No hemos huido de ningún sitio – si acaso nos han echado –, ni vivimos en los bosques. No tenemos arcos, tampoco flechas. Pero sí tenemos algo en común con la leyenda de Robin Hood: creemos en la justicia.

No hace falta un corazón tan grande como el del mítico arquero inglés, solo hace falta un poco de sentido común. Por eso, a través de nuestras firmas, más de un millón de Robin Hoods hemos pedido recientemente en toda Europa la implementación de un impuesto justo que debería acordarse ya y de manera ambiciosa. Explicamos por qué:

Las transacciones financieras, a día de hoy, superan en 75 veces las transacciones de la economía real, como señala un informe de Oxfam Intermón en España. Las actividades de las entidades bancarias, de los gestores de fondos de alto riesgo y otras instituciones financieras, se desarrollan sin supervisión ni regulación y son, como ha demostrado la crisis actual, sumamente nocivas para la justicia social . El sector financiero, que es hasta 26 veces más rentable que todos los demás, es el que menos impuestos paga.

Dadas todas estas circunstancias, más los millonarios rescates a los bancos pagados con dinero público, las deudas magnas a las que estamos sometidos muchos países y las inequidades sociales que este sistema provoca, lo lógico sería que los gobiernos diesen un golpe de autoridad. Ni siquiera un golpe fuerte, uno flojito. Uno en forma de un impuesto mínimo, diminuto: el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), también conocido como Tasa Robin Hood.

Este impuesto, que ya se viene negociando desde 2011 en la Unión Europea, pretende aplicar una tasa minúscula sobre la compra y venta de acciones y bonos, y otra aún más minúscula sobre los productos derivados. Es decir, cobrar un porcentaje mínimo del enorme volumen de dinero que, día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, maneja un sector financiero que – él sí – vive al margen de la ley.

Si también se le llama Tasa Robin Hood es porque la mayor parte de los que apoyamos este impuesto clamamos para que la recaudación que generaría fuese destinada a dos causas: paliar los efectos de la crisis y luchar contra la pobreza -tanto en los países que apliquen la tasa como en países empobrecidos - y a combatir los efectos del cambio climático. Se estima que Europa podría recaudar entre 30 y 35 mil millones de euros al año; 5.000 millones en España. Cabe destacar que Mariano Rajoy y François Hollande, durante el mes de diciembre, se comprometieron públicamente a destinar parte de los fondos a estos fines.

Son 11 los países (Bélgica, Alemania, Estonia, Grecia, España, Francia, Italia, Austria, Portugal, Eslovenia y Eslovaquia) que están dispuestos a implementar el ITF, aunque aún se negocian los términos y el porcentaje del impuesto que se habría de aplicar. El próximo Consejo de Asuntos Económicos y Financieros (ECOFIN) de junio será una fecha clave.

Mientras tanto, a través de una campaña de firmas orquestada por oenegés de toda Europa, más de un millón de Robin Hoods hemos pedido a nuestros gobernantes que sean ambiciosos en el acuerdo final, recordándoles que los mercados no deberían estar por encima de los gobiernos, ni mucho menos de las personas. Sabemos, sin embargo, que este impuesto no va a acabar con las prácticas negativas del mercado financiero. No ha de concebirse como la solución definitiva, sino como un avance en el control – tan necesario – de las transacciones financieras y como una fuente de recaudación que ayudaría a luchar contra las desigualdades sociales y el cambio climático.

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