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El fin de la Agrupación Guerrillera de Santander: la resistencia que subió al monte

A medida que la maquinaria militar franquista avanzaba, una cantidad de personas cuyo número es difícil precisar se echó al monte ante el miedo a la represión, con la seguridad de que no tenían otra alternativa

Todavía resistieron guerrilleros en los montes manteniendo, quizá, la vaga esperanza de que en algún momento la situación pudiera cambiar, aunque el destino les deparó el exilio, la cárcel o la muerte

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El día de la Merced de 1952 en la Prisión Provincial. En la parte superior, de izquierda a derecha, Elías Villegas 'El pollo', Ángel Morante, Julio Vázquez, Antonio Pérez Arenal y una persona sin identificar. En la parte inferior, Juan Prieto, Enrique González Zurita, Agudo y 'Manolete'.

El día de la Merced de 1952 en la Prisión Provincial. En la parte superior, de izquierda a derecha, Elías Villegas 'El pollo', Ángel Morante, Julio Vázquez, Antonio Pérez Arenal y una persona sin identificar. En la parte inferior, Juan Prieto, Enrique González Zurita, Agudo y 'Manolete'.

Esta historia la empezaremos por el final. La fotografía fue tomada el día de la Merced de 1952 en la Prisión Provincial de Santander, un día de "fiesta", mientras estos hombres estaban a la  espera de ser juzgados. Es desconcertante verlos posar con cara sonriente y con gesto de orgullo y camaradería. Era un día especial en que se permitía la convivencia con sus hijos y fotografiarse. Esta foto es tanto una prueba de vida y de ánimo para las familias, cómo una manifestación de resistencia. Habían sido colaboradores de la Guerrilla, en concreto de la Agrupación Guerrillera de Santander y sus detenciones estuvieron relacionadas con su final.

Cuatro años antes, en octubre de 1948, Dolores Ibarruri, Francisco Antón y Santiago Carrillo, como máximos dirigentes del PCE, mantuvieron una reunión con Stalin, que les sugirió un cambio táctico: reducir las fuerzas guerrilleras, dejar unos cuantos grupos encargados de la protección de los organismos del Partido y empezar a infiltrarse en el sindicato vertical. O dicho de otra manera, esta estrategia no contaba ya con el apoyo de la Unión Soviética. La Segunda Guerra Mundial había acabado, el mundo se había dividido en dos bloques y España había quedado bajo la influencia de Estados Unidos. Las potencias aliadas, incluida la URSS, habían demostrado que no tenían intención de cumplir la promesa hecha al calor de la contienda bélica: apartar a los regímenes que habían apoyado a Alemania e Italia.

En ese mismo año la trayectoria de la Agrupación Guerrillera de Santander (AGS) ya había llegado a su fin, pero no por el "cambio táctico", sino por el agotamiento de la estrategia guerrillera debido al empuje de la Guardia Civil y la pérdida de contacto de los grupos guerrilleros con la estructura del Partido. Dudas, caídas e intentos fallidos de reorganización se encuentran en el balance de esos años de lucha.

La Guerrilla Antifranquista había tenido su origen en la derrota militar de la II República y en la imposibilidad de una parte de la población de integrarse en esa nueva sociedad. A medida que la maquinaria militar franquista avanzaba, una cantidad de personas cuyo número es difícil precisar se echó al monte ante el miedo a la represión que sabían se iba a desatar, con la seguridad de que no tenían otra alternativa. A partir de 1943, el PCE se reorganizó en la Francia ocupada y envió cuadros a España para integrar a los grupos de huidos que todavía sobrevivían en los montes.

El primer documento que hace referencia a la incorporación de los huidos cántabros al mapa guerrillero está fechado en  octubre 1944. En los dos años siguientes la actividad insurgente fue elevada. En el momento de mayor beligerancia la Agrupación santanderina estuvo compuesta por tres brigadas: Brigada Machado, Brigada Malumbres y la Brigada Cristino. En 1946, concluida la Guerra Mundial, parecía que iban a producirse cambios significativos. La España franquista había sido condenada por la ONU, que recomendaba la retirada de los embajadores de Madrid. Sin embargo, como se vería a partir de 1947, la condena formal era el mayor esfuerzo que las democracias occidentales estaban dispuestas a hacer en el contexto de la recién estrenada Guerra Fría.

A principios del verano de 1947 cayó en Torrelavega el grupo de enlaces a través de los cuales la Agrupación se coordinaba con las brigadas, y con ellos Antonio González Bedia, sobre quien recaía la responsabilidad de dirigir la Agrupación. Esa labor la ejercía en solitario desde que en el verano anterior desapareciera el Alto Mando Guerrillero en Bilbao. Con esta caída los grupos que permanecían en el monte quedaron aislados del Mando Guerrillero y del Partido.

El verano de 1947 también fue fatal para la Brigada Malumbres. En el mes de agosto cayeron en una emboscada Bonifacio González Mazón, que murió desangrado por falta de asistencia médica, y Enrique González Zurita, que recibió cinco tiros (en la foto es el situado el segundo por la izquierda de la fila inferior). Ambos fueron torturados antes de ingresar en el hospital. En el mes de septiembre se disolvió definitivamente tras la  muerte de Raimundo Casar Acebo 'Tampa' a manos de otro guerrillero, sin que nunca quedaran claros los motivos. 

Inocencio Aja y Martín Santos, responsables de las Brigadas Malumbres y Cristino, asumieron la responsabilidad de reorganizar la Agrupación Guerrillera. Aja contactó con Julio Vázquez (el tercero por la izquierda de la fila superior) para que restableciera el enlace con el Comité Provincial del PCE. Poco apoyo pudieron recibir ya que también estaban aislados del resto de la organización. Por ello dirigieron un informe a la Agrupación de Bilbao, fechado el 30 de octubre, solicitando que se hicieran cargo de la dirección de la Guerrilla. Pero la desconfianza frustró el intento, como explica una nota al pie del texto que se puede consultar en el Archivo del PCE: «Esto llegó a nuestro poder hace dos meses y algún día, y por nuestra parte no consideramos prudente establecer relación por lo que ya no podríamos localizarles».

Mientras estaban a la espera de esta respuesta que nunca llegó, el 25 de noviembre la Guardia Civil detuvo a Rufino Villegas (primero por la izquierda de la fila superior), y por medio de este localizó a Inocencio Aja y a Luis García en el pueblo de Torres, dónde fueron sorprendidos. Luis García fue abatido mientras intentaban huir y Aja murió ahogado al intentar atravesar el río Besaya.

A partir de la caída de Torres los trabajos de investigación de la Guardia Civil, que se empleó con extrema dureza, se resolvieron con una serie de detenciones que pusieron fin a la red de enlaces que la Agrupación todavía mantenía y que arrastró a los miembros del Comité Provincial. Los detenidos empezaron a ingresar en prisión a partir del 2 de diciembre. El consejo de guerra, que se celebró el 30 de octubre de 1952, dio carpetazo definitivo a la Agrupación Guerrillera de Santander, un mes después que se hiciera la foto que ilustra este texto.

El último intento, desesperado, de reorganizar la Guerrilla lo llevó a cabo Martín Santos. En noviembre de 1948 intentó cruzar a Francia acompañado de Alfredo Bárcena para contactar con el Partido y solicitar instrucciones. Fueron descubiertos en San Sebastián por la policía secreta mientras esperaban para poder cruzar la frontera. En la huida, Alfredo fue abatido y Martín consiguió escapar, reincorporándose a la Guerrilla.

Este fue el fin de la Agrupación Guerrillera de Santander. Sin embargo, desde 1948 en que fracasaron los últimos intentos de reorganización de la Agrupación hasta 1957, todavía resistieron guerrilleros en los montes manteniendo, quizá, la vaga esperanza de que en algún momento la situación pudiera cambiar. El destino les depararía el exilio, la cárcel o la muerte.

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