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"El capitalismo ya ha penetrado por todos los resquicios de la vida"

Miguel Amorós recuerda los sucesos del 3 de marzo, con la reedición de "Manuscrito encontrado en Vitoria", que escribió con Jaime Semprún, y que defendía el poder de la asamblea frente a la transición pactada entre franquistas, partidos y sindicatos 

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Carátula de 'Manuscrito encontrado en Vitoria'.

Carátula de 'Manuscrito encontrado en Vitoria' / FOTO: Pepitas de calabaza.

La fundación Sancho el Sabio, el centro de documentación sobre tema vasco más importante, recoge en su catálogo más de 1.600 referencias de artículos y libros que versan sobre los dramáticos sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, cuando la Policía Armada, tras desalojar con gases lacrimógenos una asamblea de obreros que se celebraba en la iglesia de San Francisco, en el barrio de Zaramaga, disparó contra la multitud, asesinando a cinco personas e hiriendo con sus balas a más de 150. Entre esos libros y artículos se encuentra 'Manuscrito encontrado en Vitoria' publicado en 1977, que ahora reedita Pepitas de Calabaza, una reivindicación del poder de la asamblea y una feroz crítica de aquella transición pactada entre el franquismo, partidos y sindicatos que se iniciaba entonces y que ahora vive cada vez más su cuestionamiento.

Aquellos sucesos, que conmocionaron Europa, provocaron la reflexión urgente de dos jóvenes activistas españoles, residentes en París, y vinculados entonces en parte con la Internacional Situacionista, Miguel Amorós y Jaime Semprún, fallecido en agosto de 2010. Con el nombre de Los Incontrolados y, tras estudiar los acontecimientos de Vitoria, publicaron el folleto a principios de 1977, que rápidamente se difundió de mano en mano por toda España, se tradujo al francés y el inglés y se reeditó por una u otra editorial en distintas ocasiones hasta la actualidad, cuando también se puede encontrar en Internet.  

Miguel Amorós  prologa y contextualiza esta edición de 'Manuscrito...' y recuerda aquellos momentos de los que mañana se cumplen 38 años. "La atmósfera que se respiraba en aquellos años incitaba a la euforia revolucionaria: muchos creían que la revolución social estaba a la vuelta de la esquina. El proletariado reaparecía con fuerza y se manifestaba como clase no sólo por todo el estado español, sino en Europa entera. Y nosotros veíamos la democracia burguesa pactada que proponía la oposición encabezada por el partido comunista, como la forma idónea para las clases dirigentes de conjurar el peligro de la revolución. La prueba es que ya se estaba dando el primer paso, el de la pacificación, con la liquidación del movimiento de huelgas por parte principalmente de CC.OO.. En este sentido, Vitoria era un bastión del movimiento obrero autónomo, al que las sangrientas jornadas del 3 de marzo trataban de desarticular".

Amorós recuerda como repartieron en coche por las principales ciudades los folletos, impresos en una linotipia de Barcelona. "Unos pocos, y sin apenas contactos, difundimos dos mil ejemplares mano en mano y por librerías. A la brava. En Vitoria también. No tuvo una repercusión inmediata, tal como era el tremendo caos reinante en temas teóricos y estratégicos. Pero alguno hubo de reparar en él, pues con alguna regularidad ha ido reapareciendo de una forma u otra hasta hoy".

La reedición del folleto responde en parte a esa inquietud que viven los nuevos movimientos sociales y a la revisión que en estos últimos años se viene haciendo de la transición. Para el autor de 'Manuscrito...', las situaciones no son iguales, aunque quien se cuestione la legitimidad del régimen político vigente, comenta, "ha de echar un vistazo al vergonzoso pasado de donde éste salió; el 'Manuscrito' es una buena lectura de orientación".

Y también han cambiado los protagonistas de aquellos actos, el "sujeto revolucionario", en palabras del autor, formado fundamentalmente por obreros de las fábricas de Vitoria. Como explica Amorós, "apenas quedan fábricas y el peso de los empleados, funcionarios y trabajadores de servicios es apabullante. Los asalariados contemporáneos no tienen pasado que reivindicar, ni experiencia luchadora de la que envanecerse, porque son un producto de la victoria del Capital y el Estado. El capitalismo ya ha penetrado por todos los resquicios de la vida, colonizando todos sus momentos y generalizando una mentalidad individualista, despolitizada, consumista e insolidaria".

Aunque hay lugares para la esperanza, en su opinión. "Sin embargo, los progresos de la alienación no han suprimido las contradicciones, éstas simplemente se han desplazado y reaparecen en otros lugares (en el territorio, en los servicios públicos y en los barrios, por ejemplo). Y ahí estarían Los Incontrolados: "Luchando contra el fracking, contra los cableados de Muy Alta Tensión, contra las prospecciones petrolíferas, contra las eólicas industriales, contra el Tren de Alta Velocidad, contra la violencia de género, contra la cárcel, contra los aparcamientos innecesarios, contra los desahucios, contra los recortes en Sanidad, contra las subidas del transporte público... En las comisiones, asambleas, concentraciones y movilizaciones que tal lucha exige, y también en los bancos de tiempo, ocupaciones de casas y tierras, cultivos salvajes, huertos urbanos, talleres colectivos, grupos de consumo, y, en general, en todas las formas de cooperación constructiva que requiere una alternativa social igualitaria y libre", concluye Amorós.

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