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¿Hay alguien capaz de determinar si un delincuente reincidirá?

Hasta ahora, se ha dado una apuesta muy fuerte por la rehabilitación, pero sin la seguridad de que funcione. Sin embargo, tampoco se ha descubierto un tratamiento alternativo al castigo, advierten los especialistas

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Sergio Morate, el presunto autor del asesinato de Laura del Hoyo y Marina Okarynska, es conducido por la policía de Rumanía, donde fue detenido.

En el tratamiento de los delincuentes violentos se busca la seguridad, pero sin contraponerse con la rehabilitación, “aunque a veces son dos términos que están en conflicto”. “Hasta ahora ha habido una apuesta muy fuerte por la rehabilitación, pero parece que eso no funciona. Pero tampoco se ha descubierto un tratamiento alternativo al castigo”. José Andrés Pueyo, catedrático de Psicología de la Universidad de Barcelona, ha reflexionado sobre el concepto de peligrosidad criminal en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco dedicado a la rehabilitación de delincuentes violentos.

Pueyo ha puesto el ejemplo de una estudiante de MIR (Médico Interno Residente) quien mató a tres personas y apuñaló a cuatro más. Fue juzgada y condenada, pero fue considerada inimputable a causa del grave problema de salud mental que padecía, por lo que cumple su pena en un hospital psiquiátrico. Ahora se encuentra muy recuperada de su enfermedad. Sin embargo, todavía le quedan muchos de años de condena por cumplir. “Por un lado, podríamos reinsertarla a la sociedad pero le queda una pena muy larga”.

Se consideran delincuentes violentos aquellos que cometen delitos contra las personas, contra la libertad, delitos sexuales, violencia de pareja…. “Su importancia criminológica normalmente se debe a su relación con la víctima”. “Para la mayoría de los observadores legos este tipo de delitos es el paradigma de la delincuencia, pero ese es un gran error. Los delincuentes comunes no son como estos delincuentes, tienen características diferentes”.

Los delincuentes excepcionales son de cuatro tipologías: los enfermos mentales, los que tienen trastornos de personalidad y psicopatía, los delincuentes sexuales, y los cazadores y depredadores humanos. “Pero no son ni el 0,5% de los delincuentes”. “Cuando uno se pregunta por qué una persona ha podido cometer un acto tan atroz, las dos respuestas que nos vienen a la cabeza son que o está loco o es malo. Hay quien piensa que todos los seres humanos tenemos un lado oscuro, violento y cruel. Se equivocan. Los humanos también somos capaces de realizar la conducta más altruista que nos podamos imaginar. La naturaleza humana no es uniforme”.

“El delincuente violento”, ha añadido Pueyo, “es una persona normal desde el punto de vista psicológico, que difícilmente entra en la categoría de trastorno mental o de personalidad. Es una persona que ha decidido actuar violentamente”. Por lo tanto, lo que se busca mediante la rehabilitación es que no vuelvan a actuar de manera violenta, “porque son capaces de no hacerlo”.

Peligrosidad y maldad

Sin embargo, “la peligrosidad y los delitos violentos no son lo mismo”. “Muchos delincuentes son considerados peligrosos criminalmente sin haber cometido un delito violento, por ejemplo, Isabel Pantoja”. “La gente lega asocia peligrosidad con maldad, pero está es una categoría moral que no se puede someter a un juicio científico. Desde el punto de vista jurídico, la peligrosidad es la probabilidad de que un delincuente vuelva a delinquir, y conforma la base de las medidas de seguridad que se aplican a las personas no imputables. Los jueces realizan un juicio clínico para saber si alguien es peligroso judicialmente, analizando su historia personal y el acto cometido”.

A pesar de ser un término criticado por los juristas tiene una gran relevancia legal. El condenado que no ha sido calificado como “peligroso” puede acceder a ventajas tales como la suspensión de la condena, sustitución de la pena privativa de libertad, la libertad condicional. Con la reforma del Código Penal, “la peligrosidad ha ocupado un lugar muy destacado”, tanto que ha llegado a ser llamado por los más críticos como “el Código Penal de la peligrosidad”. “Se basa en la posibilidad de que está persona vuelva a delinquir y no en el hecho que le llevó a prisión. Pero, ¿quién es capaz de determinar si alguien reincidirá?”.

Esto causa inseguridad ya que el juez puede sobreestimar el riesgo, o por el contrario, subestimarlo, como ocurrió en el caso de Sergio Morate, el presunto asesino de su expareja y de una amiga. Por ejemplo, este elemento se toma en consideración para determinar si el condenado a la prisión permanente revisable puede quedar en libertad.

“La peligrosidad es algo que las personas tienen y que les predispone para comportarse generalmente de forma violenta”, ha puntualizado el experto. “Cuando se habla de peligrosidad se habla de predicción, saber cómo va a actuar en el futuro”. Al contrario de lo que se pueda pensar, “el trastorno mental aumenta poco el riesgo de violencia. Por ejemplo, influye mucho más el consumo del alcohol.

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