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El crecimiento de las cooperativas: cuando la plantilla es la propietaria

¿Ha aumentado la economía social con la crisis? ¿Cuáles son las condiciones para crear estas sociedades? ¿Y sus inconvenientes? La asociación Anel explica las grandes dudas en torno a este modelo.

El catedrático de Organización de Empresas de la UPNA, Emilio Huerta, valora este sistema como algo “positivo”, pero también advierte: las plantillas se lo juegan todo a una carta.

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Las cooperativas agrarias, referente de este tipo de empresas / Foto: Efe.

¿Son las cooperativas un modelo de negocio impulsado por la crisis? Los trabajadores de Koxka, la empresa de mobiliario en frío ubicada en el polígono industrial de Landaben, valoran conformar una sociedad que les permita seguir adelante con el negocio tras el concurso de acreedores porque están convencidos de su viabilidad. Su caso no es único. Pero este tipo de economía social representa solo una parte de las actuales cooperativas navarras, que en la actualidad ocupan el tercer puesto en todo el país (tras Euskadi y Murcia) en número de empleados en proporción al de la población ocupada que trabaja por cuenta ajena para el sector privado. En total, según los datos del Ministerio de Empleo de junio de este año, Navarra cuenta en la actualidad con 353 cooperativas que reúnen a 6.834 socios. En diciembre de 2007, por ejemplo, eran 5.593.

Pero ¿cuáles son las condiciones para crear una cooperativa? ¿Qué sectores aglutinan el mayor número? ¿Cuáles son sus beneficios y posibles inconvenientes? Anel es la  asociación de empresas de economía social de Navarra que precisamente se encarga de estudiar las posibilidades de Koxka, que se presentan muy complicadas. Anel, con 32 años de experiencia, asesora a los negocios en la creación sociedades laborales o cooperativas. La principal distinción entre ambas, a grandes rasgos, es que en las primeras el voto funciona en función de su aportación de capital (sin que nadie tenga más del 33%) y en las segundas, puede haber diferencias de capital pero el voto es por persona. La participación, por tanto, es clave.

Para el gerente de Anel, Antonio Martínez de Bujanda, la base de este tipo de empleos es que, al final, son el reflejo de una economía a largo plazo, más estable, más centrada en las personas, con “una mayor implicación”. ¿Quiere esto decir que las condiciones laborales son mejores? Este es uno de los puntos donde más se critica este modelo. Porque este representante de la asociación reconoce que las condiciones dependen de cada caso, ya que los socios pueden decidir aumentar la producción en momentos puntuales para no perder competitividad, y la fuerza sindical en una organización así, siempre que todos sean socios, puede perder su función. Lo que sí se intenta garantizar con el cooperativismo, en cualquier caso, es el flujo de información, evitar esa suspicacia que sufren quienes trabajan para cuenta ajena de que, en momentos de beneficio, este no repercuta tanto en su salario como sí lo hacen las épocas de vacas flacas.

Por su parte, Emilio Huerta, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad Pública de Navarra, opina que este tipo de organizaciones son positivas, ya que convierten a los trabajadores en propietarios, aseguran la implicación y logran "una mayor trasparencia y responsabilidad". Sea como fuere, crear cooperativas no es algo aplicable en todos los casos. Para la plantilla también supone un peligro, ya que, según explica Huerta, se juegan "su trabajo y su capacidad financiera" a una carta, con el riesgo que eso conlleva. Y, para muestra, menciona el caso de Fagor Electrodomésticos, embrión en su día de la Corporación Mondragón.

Una idea clave: la reinversión

Las condiciones para formar una cooperativa se rigen por la Ley Foral de Cooperativas de 2006, que deja margen para la autorregulación (sobre la toma de decisiones, la entrada de socios, etc.) pero también marca unas exigencias. Y, según explica Martínez de Bujanda, uno de esos requisitos para optar a las ayudas (porque su tratamiento fiscal es diferente, con un Impuesto de Sociedades inferior) es que parte de los beneficios se destinen a reinvertir en el propio negocio. Y, por ejemplo, los trabajadores por cuenta ajena (que pueden llegar a ser el 30% de las jornadas de trabajo) tienen la posibilidad al cabo de un año de solicitar que quieren ser socios. Y es un derecho, puntualiza Martínez de Bujanda, aunque habría que estudiar cuáles son las condiciones de aportación que ha establecido cada cooperativa.

En junio de 2014, un 4,21% de la población ocupada en Navarra que no era funcionaria trabajaba en cooperativas, una cifra significativamente superior al 1,92% estatal. Las cooperativas agrarias son un claro ejemplo de este modelo, que tiene diferentes tipos y abarca varios ámbitos, como por ejemplo las de enseñanza (ya sea conformada por profesores, por padres y madres de alumnos o, incluso, con ambos de forma integral), las de consumidores y usuarios, de transporte, de servicios… Entre las últimas cooperativas creadas en Navarra figuran, por ejemplo, nombres como Muebles de Viana o Altsasuko.

¿Demasiado peso en el emprendimiento?

Lo habitual, reconoce Martínez de Bujanda, es que los emprendedores no se planteen conformar una cooperativa. Auqnue desde Anel están convencidos de esta figura, e incluso han comparecido ante el Parlamento de Navarra para solicitar que se permitan impulsar micro-cooperativas, ya que ahora se necesita para arrancar al menos tres socios, y la asociación pide tres condiciones: que sean entre dos y diez socios, que se dé más flexibilidad para consolidar el proyecto (por ejemplo, con esos porcentajes de trabajadores por cuenta ajena) durante un tiempo determinado, y que se faciliten los trámites de creación.

Pero, ¿hay margen para tantas pequeñas cooperativas? ¿No se centra todo en el emprendimiento? Martínez de Bujanda reconoce que es un “emprendimiento por necesidad” y que resulta “complejo” lanzar una nueva empresa, porque “el mercado siempre es más duro que tus previsiones”. No obstante, insiste en que se trata de una opción en crecimiento que se basa menos en las decisiones individuales y más “en las colectivas”. Huerta, por su parte, considera que este tipo de experiencias de cooperativas en general han permitido modernizarse a un tejido industrial deteriorado y, por tanto, hay “una posibilidad de avanzar” en este modelo. No obstante, se trata de “un camino más” y no el único para lograr grandes objetivos como "reforzar la industria navarra".

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