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Bajan los salarios pero suben los márgenes empresariales

La devaluación salarial no mejora la competitividad, y solo sirve para trasvasar renta de los trabajadores a los propietarios de las empresas

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Foto: EFE


Las autoridades europeas, la mayoría de organismos internacionales y muchos economistas ortodoxos recomiendan para España (y para el resto de las economías “periféricas” de la zona euro) la aplicación de políticas de devaluación interna, y especialmente de reducción de los salarios nominales y los costes laborales unitarios (CLU, o el coste laboral nominal en que se incurre por cada unidad producida). La justificación principal de esta estrategia sería que, de esta forma, mejoraría la competitividad-precio de la economía española, y con ella las exportaciones, que se convertirían en el motor de la recuperación.

El gobierno español se ha entregado de forma decidida a esta política, principalmente a través de la reforma laboral. Y, efectivamente, los salarios nominales redujeron primero su crecimiento de forma muy marcada, y desde el último trimestre de 2012 están incluso decreciendo. Como consecuencia, también se han reducido los CLU en términos absolutos y en relación con el resto de países de la zona euro. La eliminación del déficit por cuenta corriente, el crecimiento de las exportaciones registrado en 2013 y el fin de la recesión –que no de la crisis- están siendo esgrimidos por las autoridades como la prueba definitiva de que se está produciendo esta mejora en la competitividad, y que la devaluación interna está siendo eficaz. ¿Es cierto?

La respuesta es que no: en realidad, a pesar de la bajada tan importante que se ha producido en los salarios y los CLU, no se ha producido una mejora igual de competitividad-precio, porque las bajadas salariales están siendo compensadas por aumentos de los márgenes de beneficios empresariales (y en parte también de los impuestos indirectos). Y es que, cuando se habla de precios y de competitividad, normalmente se sitúa toda la carga del ajuste en los trabajadores, pero se olvida que el beneficio es también una parte de esos precios.



En el gráfico 1 descomponemos el crecimiento del deflactor del PIB (un índice que recoge la evolución de los precios de todos los bienes y servicios producidos en un país) en tres componentes: el crecimiento de los CLU, el crecimiento de los márgenes de beneficios y el crecimiento de los impuestos indirectos. La información que ofrece es clara. Si entre los años 2010 y 2013 la devaluación salarial ha hecho que los CLU caigan cada año un 2,4%, la subida de los márgenes de beneficios provocaron una subida anual del deflactor del 2%. Como además el gobierno español llevó a cabo subidas de impuestos indirectos para contribuir a la reducción del déficit que impulsaron el deflactor del PIB otros 0,7 puntos porcentuales cada año, la tasa de inflación anual fue en realidad ligeramente positiva. (Esta tasa de inflación es diferente a la que se recoge con el IPC; miden dos cosas diferentes).

Como consecuencia, aunque los costes laborales unitarios españoles se redujeron en una medida importante en relación con la media europea durante estos años, si la comparación se hace en término de los precios –lo que sería más relevante desde el punto de vista de la competitividad- la ganancia ha sido mucho menor.



El gráfico 2 recoge precisamente la comparación entre España y el resto de la zona en términos del tipo de cambio efectivo real basado en los costes laborales, y basado en el deflactor del PIB, y las diferencias son evidentes. Y aún más claras si utilizamos para comparar sólo los precios de las exportaciones. (Una subida del índice significa que se elevan los costes laborales o los precios de España frente a la zona euro).



Por su parte, el gráfico 3 compara los CLU españoles y los márgenes de beneficios españoles con la media de la zona euro de cada variable. Actualmente no existe ninguna diferencia en los CLU, y si persiste la falta de competitividad precio se debe precisamente a la subida de los márgenes registrada desde 2011.

Por tanto, ni puede argumentarse con rigor que los problemas de competitividad de la economía española se deben a los salarios, ni las supuestas ganancias de competitividad precio son el origen del ajuste exterior (más bien, se debe al hundimiento de nuestra demanda interna, al crecimiento de los destinos fuera de Europa de nuestras exportaciones, y al esfuerzo de muchas empresas españolas por buscar fuera de España la demanda que no encuentran aquí). En cambio, sí podemos afirmar que la propia política de devaluación salarial está provocando efectos muy negativos sobre el crecimiento y un trasvase de renta de los trabajadores a los propietarios de las empresas. Y mientras tanto, los verdaderos problemas estructurales de la competitividad española, derivados de su especialización productiva, siguen sin abordarse.


Jorge Uxó es profesor de Teoría Económica en la Universidad de Castilla-La Mancha y coautor del libro Qué hacemos con la competitividad, escrito junto a Bruno Estrada, María José Paz y Antonio Sanabria.


Jorge Uxó y Bruno Estrada participarán mañana, jueves 30, en el primer debate del colectivo Qué hacemos:

Qué hacemos con la competitividad. Mejorar la competitividad sin bajar los salarios.

Organizado junto a la Fundación 1º de Mayo. Con Bruno Estrada (coordinador del libro), Carlos Berzosa (catedrático de Economía Aplicada), Fernando Luengo (investigador del ICEI) y Jorge Uxó (profesor de Economía de la Universidad de Castilla-La Mancha).  
Jueves 30 de enero, 18.30h. Centro Abogados de Atocha, C/ Sebastián Herrera, 12 (Madrid).

La entrada es libre hasta completar aforo, y también podrá seguirse en streaming desde este blog.

Más información sobre próximos debates, en la web del colectivo Qué hacemos.


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