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INTERNACIONAL

Laura Poitras habla de Risk, su película sobre WikiLeaks: "Sabía que Assange se iba a poner furioso"

La directora premiada con un Oscar se hizo conocida por las revelaciones de Edward Snowden, que a su vez le permitieron filmar de cerca a Assange

Cuanto más grababa al fundador de Wikileaks, más crítica se volvía. “No hago películas vengativas, pero sí tengo que hacer películas honestas”

Una escena de la película en la que se ve a Assange comentando sus acusaciones de acoso sexual es el foco de la discordia con la directora

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En el centro, Laura Poitras posa con el Óscar de la Academia al mejor documental por Citizenfour. EFE

Laura Poitras quiere dejar una cosa clara: pese a todo lo que pasó, todavía admira a Julian Assange. Pronto se hace evidente que lo dice como un aviso.

Risk, la película sobre Assange que ha costado seis años de grabación, por fin está terminada. Durante todo este tiempo, Poitras ha pasado de ser una partidaria de Assange con acceso privilegiado a convertirse en una extraña a la que expulsaron del círculo íntimo de Wikileaks. Tras ser la primera periodista en hablar con Edward Snowden,  Poitras expuso el programa de espionaje mundial de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) (publicado en Reino Unido por The Guardian) y dirigió el documental sobre Snowden Citizenfour, por el que recibió un Oscar.

La película de Poitras sobre Snowden te atrapa. Es un thriller de la vida real complejo y poco convencional. Risk, su nueva película sobre Assange, es muy diferente. Por momentos, parece una comedia de humor negro, una mezcla entre The Office y Brass Eye.

No estaba previsto que fuera así. Poitras había contactado inicialmente con Assange porque creía que su trabajo (también publicado en su mayoría por The Guardian) era muy importante. “Me parecía que WikiLeaks estaba haciendo un tipo de periodismo duro que tras el 11 de septiembre y durante mucho tiempo no existía. Los principales medios de comunicación habían abdicado de su responsabilidad de hacer preguntas difíciles sobre lo que estaba pasando con la ocupación de Irak y de Afganistán. Era un tipo de periodismo valiente y de suma importancia. Además, estaba interesada en el impacto mundial que tenía. Así que era muy optimista con el proyecto”, afirma Poitras antes de detenerse para seguir. “Todavía sigo siendo optimista sobre muchas cosas del trabajo que hacen y sobre la necesidad de contar con ellos”. Otra señal de aviso.

WikiLeaks parecía estar reinventando el periodismo cuando se lanzó en 2006 como una plataforma online que permitía a las fuentes filtrar información confidencial de manera anónima. En 2007, la organización sin ánimo de lucro descubrió que a algunos prisioneros detenidos en Guantánamo se les había negado el acceso a la Cruz Roja.

En 2010, WikiLeaks recibió más de 700.000 documentos del Ejército y del Departamento de Estado de EEUU y publicó el vídeo “Asesinato colateral”, en el que un helicóptero Apache del Ejército estadounidense mataba a 15 civiles, entre ellos dos periodistas de Reuters, mientras los tripulantes se reían de los “bastardos muertos” y decían “¡Acribíllenlos!”. El año pasado, WikiLeaks puso al descubierto el  rechazo de la cúpula del Partido Demócrata a Bernie Sanders y su preferencia por Hillary Clinton. Y así sigue hasta hoy.

Assange, el dictador narcisista

Nacido en Australia y de profesión programador, Assange es el fundador y director de WikiLeaks. En 2011, él era WikiLeaks a todos los efectos, el príncipe coronado de la transparencia. Poitras cuenta que le llevó un poco de tiempo lograr que Assange le permitiera el acceso. En una parte del filme, la cineasta dice: “Es todo un misterio por qué confía en mí, porque creo que no le caigo bien”.

A diferencia de Assange, Poitras nació en Massachusetts en el seno de una familia acomodada (en 2007, sus padres donaron 20 millones de dólares para fundar el Centro de Investigación de Trastornos Afectivos Poitras en el Instituto McGovern de Investigación Neurológica). Durante su adolescencia, Poitras soñaba con convertirse en chef y trabajó como cocinera en un restaurante francés de Boston. Luego se quedó fascinada con el cine y estudió la carrera en el Instituto de Arte de San Francisco. En 1992 se mudó a Nueva York para dedicarse de lleno al cine.

En 2006, su película My Country, My Country (Mi país, mi país), un documental sobre la vida de los iraquíes bajo la ocupación estadounidense, fue nominada a los Oscar. Su siguiente película, The Oath (El juramento), estrenada en 2010, cuenta la historia de dos yemeníes que se ven envueltos en la guerra contra el terrorismo de EEUU.

Assange conocía los dos largometrajes. Claramente pensaba que Poitras iba a documentar de manera fiel al héroe que había detrás de tan revolucionario trabajo. Algo que Poitras hizo. Y un poco más también. Vemos el retrato de un hombre de principios ansioso por sacar a la luz las instituciones secretas que dan forma a nuestras vidas. Pero también vemos a un Assange pretencioso que exige hablar con Hillary Clinton y dice a los funcionarios del Departamento de Estado de EEUU que los está llamando por un gesto de altruismo (“Para dejarlo bien en claro, nosotros no tenemos ningún problema, ustedes lo tienen”).

Vemos a un Assange graciosamente crédulo, capaz de pensar que teñirse el pelo de rojo, usar un sombrerito y ponerse un par de gafas de sol es el disfraz perfecto; y también vemos a un dictador narcisista haciéndose cortar el pelo por dos miembros de su equipo.

También nos encontramos con un Assange paranoico que, según Poitras, maneja la organización como una agencia de inteligencia mediante “el engaño y la negación”; y con un Assange despectivo, que aconseja a su colega Sarah Harrison imaginarse a los periodistas como “mierda en el zapato”.

También está el Assange mesiánico, con su confeso “complejo de Dios”, que le dice a Lady Gaga “no finjamos que soy una persona normal” y que se molesta con la cantante por preguntarle cómo se sentía (“Es irrelevante cómo me siento… porque la causa es mucho más importante”). No nos olvidemos del Assange con aires de celebridad, que rápidamente accede al pedido de Lady Gaga de usar una camiseta en lugar de una camisa, para verse distinto ante los seguidores de la cantante.

La escena de la discordia

Poitras sabía que Assange podía ser difícil (cuando empezó a filmar, Assange ya se había distanciado de The Guardian), pero el grado de complejidad le sorprendió. En 2010 se expidió una orden de arresto en Suecia, por unas denuncias de agresión sexual a dos mujeres. En 2012, la situación empeoró para Assange cuando el Tribunal Supremo de Reino Unido decidió que debía ser extraditado a Suecia y tuvo que buscar asilo en la embajada ecuatoriana.

En una escena extraordinaria, Assange habla con la abogada Helena Kennedy, que le aconseja sobre la mejor manera de enfrentarse a las denuncias. Assange dice, como si fuera una excusa, que la denuncia es una “conspiración feminista radicales” y tilda a las demandantes de lesbianas.

Kennedy le dice que hablar así no ayuda. “No, no en público”, dice Assange frente a la cámara. La mirada de desesperación de Kennedy no tiene precio. Luego Assange explica por qué a esas mujeres no les conviene presentar cargos. “Un juicio sería desastroso para estas mujeres… Van a ser odiadas para siempre por gran parte de la población mundial. No creo que les convenga seguir con este tema”.

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Esa es la escena que provocó la pelea entre Poitras y Assange. Poitras le prometió que le mostraría la película una vez que estuviera terminada. Un poco antes del preestreno de Risk en Cannes, Assange pudo verla y estalló de furia. “Sus abogados exigieron que quitáramos esa escena, además de otra en la que Assange habla de la investigación y de las mujeres involucradas. No lo hicimos y Assange mandó un mensaje de texto en el que decía que la película era una amenaza a su libertad y que se veía forzado a considerarla así”. ¿Qué derecho tenía a exigir eso? “No tenía ningún derecho. No tenía ningún tipo de control editorial sobre la película”.

¿A Poitras le sorprendió que Assange tratara de censurar Risk? “Sí, totalmente, teniendo en cuenta lo que representa WikiLeaks. Me sorprendió a nivel ideológico, porque no solo exigió que se quitaran algunas cosas, sino que, hace poco, mandó cartas de 'cese y desistimiento' a mis distribuidores, exigiéndoles que detuvieran el lanzamiento de la película. Assange estaba realmente enfadado y trató de intimidarnos”.

¿Habría mostrado más respeto por Assange si él hubiera vuelto a Suecia para responder las preguntas de la policía? Poitras respira profundamente. “No sé. Realmente creo que su miedo a ser procesado en EEUU no es paranoia. La investigación es enorme y tiene muy buenas razones para preocuparse de ser extraditado a EEUU”.

La relación de Poitras con WikiLeaks se complicó aún más cuando en 2016 salió a la luz que Jacob Applebaum, uno de las personas más cercanas a Assange, también había sido acusado por abuso sexual. Poitras cuenta que ella y Applebaum habían “salido durante un breve período en 2014”. Para ese entonces, Poitras se dio cuenta de que estaba haciendo una película muy diferente a la que había empezado a filmar. “Es verdad que la película plantea cuestiones relacionadas con el género y el machismo. Habiendo otra persona en la película acusada de abuso de poder y de conducta sexual inapropiada, ¿cómo podía no tocar el tema?”.

Cuanto más filmaba a Assange y a WikiLeaks, más crítica se volvía: de que no suprimieran los nombres en los documentos y pusieran a gente en peligro, del tono de la cuenta de Twitter de WikiLeaks, de la actitud hacia las mujeres y de la motivación detrás de algunas publicaciones.

Aunque Hillary Clinton no sea santo de su devoción, Poitras cuestiona el momento en el que  salieron a la luz los correos electrónicos de Podesta (John Podesta era el jefe de la campaña electoral de Clinton), presuntamente hackeados por los rusos y publicados por WikiLeaks en octubre/noviembre de 2016, poco antes de las elecciones. Clinton culpó parcialmente de su derrota a WikiLeaks.

Le pregunto a Poitras si lo pasó bien grabando Risk. Se ríe, lo que parece una respuesta en sí misma. “¿Si lo disfruté? No, la verdad es que no. Hacer una película siempre es complicado y esta fue particularmente complicada. Sabía que Julian se iba a poner furioso y eso no me hace feliz. Sé que la figura de Assange divide a la gente, pero no cabe duda de que es un personaje histórico de suma importancia por su trabajo, que ha transformado el periodismo. Creo que él entendió antes que mucha gente cómo iba a cambiar Internet el mapa político mundial”.

Poitras contra los medios

Aunque crítica de Assange, Poitras también es implacable con los medios de comunicación. En efecto, la película es también y parcialmente una crítica a la mentalidad de rebaño de la prensa. Poitras cree que The Guardian y The Washington Post se atribuyeron demasiado mérito por la historia de Snowden y que literalmente trataron de sacarla a ella del centro de atención. “En Nueva York, cuando le dieron el premio Pulitzer a The Guardian y a The Washington Post, ninguna de las dos organizaciones me invitó al escenario. Eso me molestó mucho. Fue una muestra de falta absoluta de educación. Pero por otro lado la historia necesitaba el respaldo de algunos organismos”.

Es difícil ver Risk y no compararla con Citizenfour. De hecho, durante mucho tiempo, Poitras pensó que las dos iban a ser la misma película. Assange y Snowden parecen tan diferentes, le digo. “No creo que sea mi trabajo juzgarlos y compararlos, pero sí, tienen distintas motivaciones. Ciertamente, los sentimientos que me afloran en la película son mucho más conflictivos”.

¿Hay pureza moral en los actos de Snowden? “Cuando se estrenó la película, la gente me preguntaba: ‘¿Es un héroe?’. Las acciones definen a las personas y lo que Snowden hizo fue verdaderamente heroico. Y creo que lo hizo de manera desinteresada. Snowden sabía que las consecuencias podían ser perder la libertad o perder la vida”.

Poitras dice que Chelsea Manning sería una persona más cercana en una comparación con Snowden. ¿Qué es lo más molesto de Snowden? “Snowden puede ponerse a dar lecciones. Se puede poner a hablar demasiado, si ves algunas de sus apariciones públicas, pero no es algo que realmente me haya molestado”.

La vida de Poitras ha cambiado considerablemente desde Citizenfour. Por momentos, sentía miedo por su propia seguridad. “Poco después del asunto Snowden, supe que me estaban siguiendo algunas agencias de inteligencia. Me preocupaba mucho recibir amenazas del Gobierno, de contratistas privados, de agencias de inteligencia de todo el mundo. Hay mucha gente mala en el mundo. Pero yo tengo que seguir haciendo mi trabajo”.

Poitras dice estar cansada y afirma que le vendría bien un descanso, pero está totalmente entusiasmada con hacer cine, en particular, sobre los sistemas de vigilancia y los servicios de inteligencia. ¿Qué le gustaría hacer después? “Me encantaría ver qué está pasando con la investigación sobre Trump. ¡No creo que me den ese tipo de autorización!”, se ríe. “Por desgracia, no creo que Comey (exdirector del FBI cesado por Trump) me atienda al teléfono. Él sería el primero en la lista de personas a las que me gustaría filmar ahora”.

Por ahora Poitras está concentrada en el lanzamiento de Risk. Después de las quejas de Assange, Poitras la retiró, pasó un año montándola otra vez y volvió con una película más dura con el fundador de WikiLeaks. ¿Fue su respuesta a los intentos de intimidación? ¿Una especie de venganza? Otra vez, Poitras respira profundamente y hace una pausa antes de responder. “No hago películas vengativas, pero sí tengo que hacer películas honestas”.

¿Piensa que Assange hizo bien en confiar en ella? “Creo que eso hay que preguntárselo a Julian”. Le digo que la película es buena y su reacción me sorprende. Parece molesta, casi desconsolada. “No quiero pelearme con la gente a la que le tengo respeto”, dice Poitras. “Para mí, es una tragedia”.

Traducido por Francisco de Zárate

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