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Presidentes norteamericanos y líderes rusos: historias de amor y odio

Stalin y Roosevelt intercambiaron más de 300 cartas, se vieron dos veces en persona y todo indica que se caían bien

Nixon se atrevió a ser el primer presidente de EEUU en visitar Moscú y en esa cumbre se firmaron los dos primeros tratados para limitar las armas nucleares

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John F. Kennedy y Nikita Kruschev en 1961.

John F. Kennedy y Nikita Kruschev en 1961.

Donald Trump y Vladimir Putin son la extraña pareja del momento, pero la historia de la relación entre EEUU y Rusia está llena de extrañas parejas. Desde que el presidente Andrew Johnson le compró Alaska al Zar Alejandro II por siete míseros millones de dólares, los inquilinos de la Casa Blanca y del Kremlin han jugado a ayudarse, a engañarse y han estado al borde de matarse unas cuantas veces.

Roosevelt y Stalin: socios contra natura

Franklin Delano Roosevelt era el niño mimado de una de las grandes familias de la aristocracia neoyorquina y Iosif Stalin el hijo de un georgiano pobre, alcohólico y maltratador. Roosevelt fue el mejor gobernante para los más débiles y Stalin aplastó con la misma crueldad a casi todos. No podían ser más distintos y sin embargo, se entendían. Su compleja alianza derrotó al nazismo y diseñó un mundo en el que la vieja Europa iba a tener poco que decir.

Stalin y Roosevelt intercambiaron más de 300 cartas, se vieron dos veces en persona y todo indica que se caían bien. Cuando al presidente de EEUU le advirtieron de los planes de Stalin para dominar Europa del Este dijo, erróneamente: “tengo la intuición de que no es ese tipo de hombre”. Y cuando Roosevelt murió, Stalin no sólo lamentó el fallecimiento de “un gran hombre de Estado” sino que permitió a la prensa soviética la extrema rareza de publicar la foto de un líder capitalista en primera página.

Kennedy y Kruschev: al borde de la guerra nuclear

Nunca un inicio tan esperanzador estuvo tan cerca de acabar en desastre. Nikita Kruschev había sustituido a Stalin y denunciado sus crímenes. Kennedy había reemplazado al gran presidente militar, Eisenhower, y abría una nueva era de esperanza. Todo salió mal.

Su primera reunión en Viena fue un auténtico desastre. Tuvieron una bronca tremenda a cuenta de la división de Berlín y un par de meses después los soviéticos empezaron a construir el muro. Chocaron también sobre las armas nucleares y al cabo de poco más de un año estalló la crisis de los misiles en Cuba. Kennedy y Kruschev estuvieron al borde de provocar el fin del mundo aunque al final, tras unas negociaciones secretas y cesiones mutuas, la guerra fría no estalló en llamas.

Nixon y Breznev: comienza el deshielo

El de Nixon y Breznev fue el caso contrario, uno en que la cosa pintaba muy mal y acabó medio bien. Los dos eran hijos del establishment de cada uno de sus países: Brenez se afilió al Partido Comunista con 17 y Nixon basó su ascenso político en ser el más anticomunista del Congreso. Pero de algún modo, conectaron.

Nixon se atrevió a ser el primer presidente de EEUU en visitar Moscú y en esa cumbre se firmaron los dos primeros tratados para limitar las armas nucleares. Breznev le devolvió el cumplido viajando a EEUU, llegando incluso a alojarse en la casa particular de los Nixon en California... En concreto en la habitación de una de las hijas del presidente. Hasta tal punto llegó el afecto que cuando Nixon estaba en su peor momento, acosado por el escándalo Watergate, Breznev le envió una carta pidiéndole que “no se rompiera por la presión”.

Reagan y Gorbachov: una de cal y una de arena

En un punto en que parecía que la guerra fría duraría para siempre, Reagan y Gorbachov se encargaron de ponerle fin. El primero era el más furibundo anticomunista que ha pasado por la Casa Blanca, pero tuvo el acierto de dejar un poco de espacio a la URSS para que cayera sola. El segundo supo que no había futuro en el modelo soviético y trató de gestionar el derribo lo mejor posible.

Reagan y Gorbachov se vieron en cinco ocasiones con resultados desiguales. Gorbachov tenía que estar más pendiente de sus reformas internas que de la esfera internacional y Reagan iba acelerando y frenando según el momento: tras verse con el líder soviético en Reykjavik anunció la puesta en marcha de su escudo antimisiles “Star Wars” y en Berlín le llamó por su nombre al decir “derribe este muro, señor Gorbachov”. Sin embargo, sólo un año después no dudó en decir en Moscú que en el deshielo entre la URSS y EEUU “el señor Gorbachov se merece la mayor parte del mérito”.

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