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El curso escolar aún no es digital

Tan solo un 1% de los centros educativos tiene todo su material adapatado a las nuevas tecnologías; entre un 20% y un 30% utiliza diversas aplicaciones como complemento al libro de texto.

El debate sobre si son más rentables para los padres el uso de las nuevas tecnologías está relacionado con las licencias de las aplicaciones, que tienen un uso limitado a un año, y el coste de los dispositivos móviles.

Los expertos, no obstante, señalan las ventajas pedagógicas del entorno digital, más intuitivo, práctico y atractivo para los alumnos.

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Los niños prefieren las tabletas a los e-readers

Los colegios españoles aún no están adaptados a las nuevas tecnologías

La pizarra digital ha sustituido ya en numerosos centros educativos al añejo encerado con sus tizas y borradores, pero el curso escolar 2013/2014 que acaba de comenzar aún no habla en formato electrónico. Según han remitido a eldiario.es diversas editoriales con contenidos educativos e instituciones como el Gremio de Libreros (CEGAL), apenas un escaso 1% de los colegios españoles tienen todo su material adaptado a las nuevas tecnologías y sólo entre un 20% y un 30% estaría utilizando diversas aplicaciones como recursos complementarios al libro de texto.

Ni siquiera las librerías, como confirma el presidente de CEGAL, Juan Manuel Cruz, están notando una bajada en facturación por este motivo: “Los libros digitales, por ejemplo, sólo están presentes en 1.500 colegios de Andalucía, lo cual es insignificante. Hay otros factores que influyen como las ayudas a la compra o las ventas directas por parte de las Asociaciones de Padres, pero no porque se haya sustituido el material en papel por el digital”.

De hecho, en España aún estamos muy lejos –una vez más- de las cifras que se manejan en los países anglosajones. Una reciente encuesta de Nielsen señalaba que en EEUU hasta un 50% de los niños y adolescentes utilizan ya dispositivos móviles para su formación académica. En nuestro país, como confirma Óscar Fajardo, responsable del mercado digital de la editorial SM, “vamos a distintas velocidades, hay muy pocos centros que se hayan adaptado completamente, otros las están descubriendo ahora y la mayoría sigue con el papel”.

Hay varios motivos que explican la escasa apuesta tecnológica. La principal, tal y como señalan desde Anaya, Santillana y Cuadernos Rubio es el factor crisis económica, que frena las inversiones y también la compra de las tabletas y demás dispositivos por parte de los padres, que son los encargados de hacerlo, como hasta ahora han hecho de los libros de texto.

La segunda es que aún no hay un desarrollo completo de aplicaciones educativas y libros online adaptados al curso escolar. De hecho, sólo este curso la Comunidad Valenciana ha puesto en marcha un programa piloto para adaptar las aulas a las nuevas tecnologías.

Es cierto, no obstante, que ya existen propuestas. Por ejemplo, en Santillana, donde llevan cinco años trabajando en este tema, han desarrollado la aplicación Pupitre para iPad que propone diversas actividades, aunque como sostienen Marta Bonet, gerente de contenidos, y David García Vergara, responsable de productos de movilidad, “no es tanto un sustituto como un complemento” al material ya existente. En SM han desarrollado un ebook online, pero “es un modelo que combina papel y digital”, afirma Fajardo. En Anaya están digitalizando todo su catálogo, porque como reconoce Carlos San José, responsable de contenidos digitales, sí es evidente que la tendencia es a  que haya “más libros digitales, más recursos digitales y un entorno virtual de aprendizaje”, pero aún esta era no se ha instalado completamente. Y en la mítica Cuadernos Rubio, a pesar de haber puesto en marcha una serie de aplicaciones disponibles en sistema iOS (iPad) y Android (hasta dentro de dos meses sólo para Samsung) y Windows (Windows 8), se sigue apostando por el papel, ya que “para nosotros es el futuro. La clase podrás darla en digital, pero los recursos al llegar a casa tienen que seguir siendo en papel”, apostilla Vicente Zacarés, responsable de contenidos de esta editorial.

El problema de las licencias

Otro de los temas a debate en esta inmersión digital tiene que ver con las licencias de los contenidos educativos, lo que abre el interrogante sobre si el material electrónico puede ser más rentable para los padres que el actual. Hasta la fecha, son los padres los que tienen que comprar el dispositivo, cuando este se requiera (una tableta tiene un precio de 300 euros, aproximadamente), y después pagar una licencia de acceso a los contenidos educativos digitales requeridos por el centro escolar, pero que solo tiene validez durante un año, después, desaparece, no como ocurre con los libros de texto que una vez comprado es de tu propiedad (e incluso se puede prestar). En este sentido se están estableciendo diferentes packs para intentar equilibrar la oferta y paliar las desventajas. Por ejemplo, en Santillana por 30 euros se pueden obtener todas las asignaturas. “Es verdad que las licencias online son más baratas, lo que ocurre es que la inversión en el dispositivo sigue siendo grande”, confirma Fajardo.

Por ahí se puede abrir una puerta, la de la desigualdad, que han intentado atajar en Cuadernos Rubio, ya que sus aplicaciones no tienen límite de uso. “Esa es la política que están adoptando las editoriales, pero en nuestro caso hemos decidido que pervivan. Una vez que la tengas es para siempre”, señala Zacarés, para quien este sistema “desde luego sí es mucho más rentable para los padres que el desembolso que tienen que hacer ahora”.

Las ventajas pedagógicas

A pesar de los obstáculos a la entrada de las nuevas tecnologías, los profesores y expertos en educación sí reconocen sus ventajas en la pedagogía. Según Almudena Castellanos, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Tecnología Educativa de la Universidad Internacional de La Rioja, las tabletas son dispositivos muy intuitivos que permiten que con un solo dedo abramos carpetas o agrandemos imágenes: “Esto ayuda a que su integración en las aulas sea mucho más sencilla que los ordenadores de sobremesa o cualquier portátil. Por otro lado, la movilidad permite que los alumnos las lleven a la biblioteca, al laboratorio o al aula ordinaria, y la posibilidad de trabajar sin cables hace que muchos peligros desaparezcan. Estamos educando niños y niñas que trabajarán con estas herramientas en su futuro profesional por lo que es indispensable enseñarles a manejarlas con fines positivos”, afirma.

“Las nuevas tecnologías permiten atraer mucho más la atención del niño. Hacen que la clase sea más interactiva, visual, práctica y plasmas los contenidos de una forma más concreta”, sostiene Zacarés, para el que, por otra parte, son los profesores los que tienen que empezar a ver las ventajas: “Desde luego, el 100% de los que trabajan con ellas ya no vuelven a las formas tradicionales”. Aún así, eso llegará en otros cursos. De momento, el que ahora comienza sigue siendo analógico.


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