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Vientos anti-liberales

Los regímenes que coartan las libertades, pero que ganan elecciones, se están multiplicando en Europa, poniendo en peligro su propio ser. La UE no está preparada para hacer frente a este desafío externo y externo

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Orbán lanza una intensa campaña contra Bruselas, los refugiados, las ONG y Soros

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. EFE

Soplan vientos anti- o iliberales en Occidente y más allá. Para entender de qué hablamos conviene, con Cicerón, volver a diferenciar entre democracia y estado de Derecho (o imperio de ley, rule of law, como dicen los anglosajones). Porque los anti-liberales se hacen con el estado de Derecho para desde él atacar la democracia. Es lo que ha hecho Maduro y antes que él Chávez en Venezuela, Putin en Rusia, Erdogan en Turquía (donde se está convirtiendo, tras su referéndum en un sultán moderno, o no tan moderno, cada vez más alejado de una Europa que le alejó), Orbán en Hungría o en Polonia Kaczyński, que ni siquiera está en el poder sino que mueve los hilos desde la sombra. Hungría es el único Estado de la Unión Europea que figura entre los de mayor declive en el índice de Freedom House 2017.

También puede ser útil retomar la diferenciación orteguiana entre democracia, liberalismo y socialismo. Decía el filósofo –entonces próximo a los socialistas– que estos tres términos son respuestas a tres preguntas distintas. ¿Quién gobierna? (Democracia, que en nuestra circunstancia debe ahora incluir la dimensión de soberanía compartida que es la Unión Europea). ¿Hasta dónde puede llegar el poder público? (Liberalismo en términos económicos, sí, pero también y sobre todo políticos, sociales culturales e incluso en lo que atañe a las libertades individuales). Y ¿para qué? (Para el bien social y la protección de los débiles, o para fomentar el triunfo del más fuerte y exitoso como pretende el neoliberalismo –término que poco tiene que ver con el liberalismo original).

Todos se copian, por apoyo o por imitación, en la técnica de control del poder. En particular con el control del poder judicial y muy especialmente su piedra clave que es el Tribunal Constitucional o sus equivalentes. Además de los medios de comunicación, incluyendo la Red y los medios sociales y la televisión. Pretenden imponer sus hechos alternativos y la posverdad. Una vez tras otra, este esquema se repite, incluso en aquellos que ganan o ganarían elecciones con líderes fuertes o figuras que cementan el régimen Pues ganan elecciones. Pero quiebran las reglas del juego democrático que no son solo elecciones.

El atractivo de Putin para algunos, por ejemplo, no está en su régimen sino en el liderazgo fuerte y en sus técnicas de control. Orbán ahora ataca la cultura y la educación, que sabe peligrosas, dirigiendo últimamente sus ataques contra la Universidad Centro Europea impulsada por el financiero George Soros. Los anti-liberales no quieren iniciativas independientes.

Europa no parece suficientemente preparada para afrontar estos embates que van contra su propio ser. Por una parte, porque los mecanismos previstos están pensados para un solo país díscolo, y ahora Hungría y Polonia se apoyan el uno al otro, y hacen caso omiso a las recomendaciones de la Comisión Europea. Pero si el Estado de Derecho se socava en un país sin que la UE haga nada, la propia Unión sufrirá y verá la hierba segada bajo sus pies porque es una construcción basada esencialmente en el imperio de la ley, y en valores que incluyen la democracia. Ya lo dice el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea: la UE "se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías".

El Brexit ha frenado la activación del artículo 7 que prevé la suspensión de algunos derechos a un Estado miembro que no respeta esos principios. Pero incluso la oposición en Hungría y Polonia cree que sería contraproducente activarlo, pues generaría reacciones aún más ultranacionalistas. Tampoco está Europa preparada hacia fuera. La exportación de su modelo es un mito, y la condicionalidad de su acción exterior también, como se ha visto en Egipto.

Los vientos iliberales soplan en otras laderas, desde los Estados Unidos de Trump a las nuestras propias. La condena a la tuitera Cassandra Vera por chistes sobre el asesinato de Carrero Blanco –como los que corrieron de boca a oreja en la época–, la querella contra el Gran Wyoming por socarronerías sobre el Valle de los Caídos, y otros pasos, también en otros países europeos cercanos, entran en estas reacciones. Antes, episodios de este tipo provocaban sonrisas. Ahora, las reacciones a ellos resultan inquietantes. La era de Internet prometía libertad, pero ha traído también control, como han aprendido de Trump a Putin, pasando por el general Sisi en Egipto, además de Orbán, entre otros. Cuidado con no tirar el niño de la democracia y del liberalismo bien entendido con el agua de la bañera.

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