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La Unión Europea como el enemigo interno de Estados Unidos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se retira de la Reunión Anual del Foro de Davos.
25 de enero de 2026 22:07 h

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Nadie puede llamarse a engaño, porque Donald Trump dejó claro antes de que los ciudadanos norteamericanos acudieran a las urnas el 5 de noviembre de 2024 que el “enemigo interno” era la mayor amenaza para la seguridad nacional del país. El 13 de octubre de 2024, en el programa “Sunday Morning Futures”, lo expresó de manera rotunda: “Siempre digo que tenemos dos enemigos. Tenemos el enemigo exterior y tenemos el enemigo interno. Y el enemigo interno, en mi opinión, es más peligroso que China, Rusia y todos los demás países”.

Thomas B. Edsall, el 11 de febrero de 2025, en un muy extenso ensayo en The New York Times, “Their Target is the Very Core of Modern American Liberalism”, subrayó que la amenaza del enemigo “interno” era “el concepto clave de la movilización del movimiento MAGA y de la estrategia intelectual que los conservadores de la extrema derecha han construido con la finalidad de dotarse de los medios de ataque contra el núcleo esencial del liberalismo americano”, que es la ideología en la que hunde sus raíces dicho concepto.

Para Donald Trump el enemigo “interno” es la democracia, como lo fue en su día para Adolf Hitler o Mussolini o Franco. Por eso las fronteras de dicho enemigo interno no se circunscriben a las del propio país, sino que se proyectan hacia el exterior. Se empieza con el enemigo interno “sensu stricto”. Pero se acaba con el enemigo interno “lato sensu”, porque la amenaza viene de la democracia como forma política.

Con una velocidad inusitada desde su toma de posesión y de manera ininterrumpida hasta hoy mismo, Donald Trump ha centrado su estrategia política en ese “enemigo interior”, integrado por medios de comunicación, bufetes de abogados, universidades y centros de investigación, museos, funcionarios federales e incluso gobernadores de la Reserva Federal.

Mención especial merece la inclusión de los Estados y ciudades dirigidos por el Partido Demócrata, contra los que hizo uso de la Guardia Nacional en un primer momento, para, una vez que el poder judicial le impidió continuar haciendo uso de la misma en Chicago, pasar a hacer uso del ICE, que está haciendo una exhibición excepcional de brutalidad en la ciudad de Minneapolis en estos últimos días.

Hasta dónde puede llegar esta ofensiva es algo que todavía está por ver, ya que la resistencia que se está generando en los propios Estados Unidos no solamente va teniendo cada vez más entidad, sino que empieza a tener un reflejo cada vez más acusado en las encuestas, en las que hay una mayoría muy consistente que desaprueba la gestión de Donald Trump en general, así como la de la casi totalidad de sus políticas sectoriales. Teniendo en cuenta que 2026 es año electoral, no es descartable que el presidente tenga que pisar el freno. Pero sin poder descartar que pise de nuevo el acelerador en cuanto la coyuntura se lo permita. 

La opinión pública estadounidense, tras haber estado apagada en los primeros momentos del ejercicio abusivo del poder por parte del presidente, está empezando a entender que hay que hacer frente al matonismo de la Administración Trump, que no entiende más lenguaje que el de la fuerza. 

Ante esta resistencia del “enemigo interior stricto sensu”, Donald Trump ha reaccionado desplazando la presión sobre “el enemigo interior lato sensu”, es decir, sobre la Unión Europea. De ahí que, en la publicación de su estrategia de seguridad nacional, ni China ni Rusia ocupan un lugar destacado, al contrario de lo que ocurre con la Unión Europea, por la que manifiesta un desprecio absoluto y a la que vaticina su futura disolución, si no consigue evitarla corrigiendo su política de inmigración y aceptando los postulados de los partidos de extrema derecha.

Afortunadamente, la Unión Europea, desmintiendo el refrán, ha aprendido en cabeza ajena y ha entendido que todo lo que no sea plantar cara directamente a Donald Trump no puede conducir nada más que a la catástrofe. Lo ha hecho con la inestimable colaboración de Canadá, cuyo primer ministro hizo en Davos la mejor formulación de la negativa a las pretensiones del presidente de los Estados Unidos.   

La Unión Europea tiene que sentirse orgullosa de ser calificada por Donald Trump como un “enemigo interno”, porque lo que el presidente americano representa es lo contrario de aquello por lo que y para lo que la Unión Europea se constituyó. 

La Unión Europea fue el resultado de la extensión de la democracia política a los países de Europa Oriental tras la caída del Muro de Berlín. En solo tres años, de 1989 a 1992, las Comunidades Europeas que empezaron a constituirse a mediados de los años cincuenta, se transformaron en la Unión Europea. En el enfrentamiento con los Estados Unidos de Donald Trump va a estar la prueba de fuego de su viabilidad política. 

2026 puede ser el año decisivo. 

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