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La artesanía milenaria del damasquinado de Toledo ya es, de forma oficial, Bien de Interés Cultural

Trabajo con hilo de la damasquinadora toledana Raquel de la Torre

elDiarioclm.es

14 de enero de 2026 12:16 h

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El Gobierno de Castilla-La Mancha ha declarado oficialmente el 'Damasquinado de Toledo' como Bien de Interés Cultural (BIC), enmarcado dentro de la categoría de Bien Inmaterial, reconociendo de esta forma uno de los oficios artesanos “más emblemáticos y representativos de la identidad histórica y cultural de la ciudad”, tal y como se ha publicado este 14 de enero en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha.

Esta declaración ultima un expediente iniciado en enero de 2025 por la Viceconsejería de Cultura y Deportes, que contó con un periodo de información pública, evaluación de alegaciones del sector y de la Fundación Damasquinado de Toledo, además de con el informe favorable de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Tras corroborar sus valores históricos, artísticos y sociales, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes elevó la propuesta al Consejo de Gobierno, que la aprobó el pasado martes.

El proceso para crear “piezas únicas”

El damasquinado es una técnica decorativa que consiste en la incrustación manual de hilos o láminas de oro y plata sobre hierro o acero, mediante un proceso artesanal de “gran complejidad y precisión”. Comienza con el 'picado', donde el artesano traza, con una punceta, una delicada red de surcos sobre la superficie metálica, generando la textura necesaria para recibir el metal precioso.

Empuñadura de una daga elaborada por el damasquinador Mariano González

A continuación, llega la incrustación, la etapa más minuciosa, en la que el artesano guía con una mano los finos hilos de oro de 24 quilates, mientras la otra los fija con precisión usando un punzón. Una vez asegurado el diseño, la pieza se somete al pavonado, un tratamiento químico que, a altas temperaturas de entre 700 y 800 grados, oxida el acero hasta lograr un negro intenso y uniforme, resaltando el brillo dorado con un contraste impresionante. Finalmente, mediante el sombreado y repasado, se aporta profundidad y movimiento a las figuras, empleando bruñidores y punzones para crear sutiles juegos de luz y sombra que dan vida a cada detalle.

Una “manifestación cultural viva”

Aunque sus orígenes se remontan a civilizaciones antiguas como Egipto, China, y más tarde en la cultura visigoda en la península ibérica, no es hasta el XVI que empieza a popularizarse en España. En Toledo esta técnica alcanzó un desarrollo singular, especialmente a partir del siglo XVIII con la fundación, en 1761, de la Real Fábrica de Armas por el rey Carlos III.

Desde ese momento, el damasquinado quedó ligado a la ciudad, primero a través de la producción de armas y objetos de lujo y, después, por la amplia variedad de piezas decorativas y de uso cotidiano. A lo largo de los siglos XIX y también buena parte del XX, Toledo experimentó una “edad dorada” de este oficio, con la proliferación de talleres artesanos en el Casco Histórico y la consolidación de una tradición que se ha ido transmitiendo de maestros a aprendices a lo largo de generaciones.

Por otro lado, la Fábrica de Armas y la Escuela de Artes y Oficios también desempeñaron un “papel fundamental” en la producción y formación de damasquinadores, donde muchos de ellos alcanzaron reconocimiento a nivel nacional e internacional. A pesar de la aparición de una producción industrial mecanizada en las últimas décadas, el damasquinado artesanal permanece vivo y mantiene sus técnicas tradicionales.

Una de las piezas de la exposición ‘El fascinante arte del damasquinado: entre Éibar y Toledo’ que acoge la Mezquita de Tornerías, en la Plaza de Solarejo de Toledo

La declaración como BIC implica la aplicación de medidas de protección y salvaguarda destinadas a garantizar la documentación, conservación, difusión y transmisión del oficio. Entre ellas se incluyen acciones de investigación histórica y etnográfica, programas educativos, iniciativas de divulgación cultural, señalización de espacios históricos vinculados a los talleres y el fomento del uso de técnicas tradicionales y certificaciones de origen.

Con este reconocimiento, las instituciones subrayan el valor del damasquinado no solo como una técnica artesanal, sino como una “manifestación cultural viva”, estrechamente ligada a la historia, la imagen y la memoria colectiva de Toledo, y cuyo futuro pasa por conjugar tradición, formación e innovación.

Por otro lado, señalan la “necesidad” de que el damasquinado toledano actual “encuentre sus lazos de relación con el eibarrés, entendiendo que en las dos localidades se mantiene una artesanía tradicional única en su género, cada una de ellas con sus peculiaridades que las diferencian, para, conjuntamente, fomentar su completo desarrollo”.

Dos asociaciones se felicitan por la declaración

La Asociación de Fabricantes de Productos Artesanos de la Provincia de Toledo y la Asociación de Comercio de Artesanía de la Ciudad y la Provincia de Toledo manifiestan su “satisfacción” y agradecen a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha que el damasquinado de Toledo haya sido declarado Bien de Interés Cultural.

Ambas asociaciones han expresado su agradecimiento a la Consejería de Educación, Cultura y Deportes por haber tenido en cuenta sus alegaciones presentadas y por haber promovido, en base a ellas, “una declaración construida desde el diálogo, el consenso y el respeto a la realidad histórica y actual del damasquinado de Toledo”.

Detalle de un trabajo de damasquinado realizado sobre un manuscrito, elaborado por Críspulo Avecilla

La resolución definitiva recoge, atendiendo a dichas alegaciones, una visión “amplia, rigurosa e integradora” del damasquinado, acorde con su dimensión histórica, social y productiva, así como con su evolución contemporánea, incluida la industrial.

También señalan que la resolución tiene en cuenta la evolución contemporánea del damasquinado, incluyendo el desarrollo de una producción industrial que, en colaboración con la artesanía tradicional, ha contribuido de manera decisiva a su preservación, continuidad y difusión. “Esta evolución ha permitido la adaptación del sector a los cambios sociales y económicos de las últimas décadas y ha reforzado su presencia y proyección en los mercados nacional e internacional”, subrayan.

Ambas asociaciones desean destacar el esfuerzo realizado por la Junta para alcanzar un acuerdo que no ha sido fácil, pero que ha permitido que las dos realidades del damasquinado, la artesanal y la industrial, confluyan en una declaración común.

“Este acuerdo demuestra que tradición e innovación no son realidades enfrentadas, sino complementarias, y que historia y evolución desde una visión integradora, garantizan la continuidad del damasquinado como manifestación cultural viva”, sostienen.

Asimismo, ambas asociaciones reiteran su apoyo al sector artesanal del damasquinado y subrayan la importancia de impulsar la formación de nuevos profesionales como garantía de continuidad del oficio.

Fundación Damasquinado: “No se ha declarado BIC a un sector productivo”

Sin embargo, las apreciaciones de estas asociaciones empresariales son bien distintas a la que expresa la Fundación Damasquinado de Toledo, impulsora en su petición expresa al Gobierno de Castilla-La Mancha para declarar BIC al milenario oficio. Esta entidad rechaza sus “interpretaciones” y en un comunicado traslada “una aclaración estrictamente basada en el contenido literal del Acuerdo del Consejo de Gobierno de 13 de enero de 2026, publicado en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha” y que considera “imprescindible”.

Subraya que el Gobierno castellanomanchego “no ha declarado como Bien de Interés Cultural a un sector productivo ni a un conjunto de productores, sino a un bien inmaterial cuyo objeto de protección son los valores culturales, técnicos y de transmisión del oficio tradicional del damasquinador, conforme a lo dispuesto en la Ley 4/2013 de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha y la Ley 10/2015 para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial”.

Añade que las referencias contenidas en el texto publicado en el Diario Oficial de la comunidad y que aluden a la existencia de producciones industriales tienen “un carácter meramente histórico y descriptivo, y no forman parte del objeto protegido, ni aparecen recogidas en la parte dispositiva del acuerdo ni en las medidas de salvaguarda”. En este aspecto sostiene que “se orientan de forma expresa a la documentación del oficio, la transmisión generacional, el patrimonio oral, la educación, la sensibilización social y la defensa de certificaciones de origen, calidad y empleo de técnicas tradicionales”.

Por otro lado, explica que la utilización de la definición académica del término 'damasquinado' “no determina por sí misma el ámbito de protección del Bien de Interés Cultural, que viene delimitado por su categoría de Bien Inmaterial, por su justificación cultural y por las medidas concretas de salvaguarda previstas en el propio Acuerdo”.

Se recuerda que el hecho de haber presentado alegaciones “no equivale jurídicamente a quedar incluido en el ámbito protegido del Bien de Interés Cultural, ni altera la naturaleza ni la finalidad de la declaración”.

La Fundación reitera finalmente “su respeto” hacia todos los agentes vinculados al damasquinado de Toledo, pero reclama “rigor, coherencia y el sentido real de una declaración BIC cuyo objetivo último es evitar la desaparición del damasquinado artesanal como patrimonio cultural vivo de la ciudad”.

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