Más Madrid activa el 'puerta a puerta' con vecinos de Chamberí: “Es increíble hasta qué punto la gente quiere ser escuchada”
En un momento donde las redes dominan la conversación política y TikTok marca su lenguaje, las iniciativas que más resuenan son las que vuelven a la raíz. El viaje en Peugeot de Pedro Sánchez para reconquistar al PSOE o el “proceso de escucha” de Yolanda Díaz, sin ir más lejos, ya marcaron un camino en la izquierda española. Pero la gran sorpresa llegó hace meses de la mano de Zohran Mamdani, que se hizo con la alcaldía de Nueva York después de una campaña puerta a puerta en la que grupos de voluntarios trasladaron su mensaje a tres millones de hogares. La fórmula de Mamdani ha inspirado dentro y fuera de Estados Unidos, y Más Madrid ha tomado nota.
– Nuestra prioridad hoy será la vivienda. Hay que estar atentos para anotarlo todo e intentar repartir bien nuestro tiempo. ¡Empezamos!
En la Plaza de Olavide, la concejala de Chamberí Sara Ladra es quien anima a la veintena de voluntarios, que esa tarde llamarán al timbre en varios bloques a su alrededor. Son, en su mayoría, militantes o personas vinculadas al partido. En ese momento, apenas quedan cinco días para que el Congreso de los Diputados vote el real decreto que permitirá prorrogar dos años más los contratos que finalicen antes de 2028. Pero tiene letra pequeña: solo quienes envíen a su casero un burofax antes del martes podrán acogerse a la norma, incluso si esta cae en la votación.
Así que, ataviados con chalecos reflectantes con el logo de Más Madrid y haciendo uso de un mapa digital, instalado en una app creada para la ocasión, los voluntarios se citaron a las seis en la plaza chamberilera, junto a una carpa del partido. Era la sexta batida similar que organizaban en un distrito de Madrid, después de que su cúpula aprobara en febrero adoptar el método Mamdani y elaborara una estrategia para recorrer viviendas a puerta fría. Hasta la fecha contabilizan más de 5.000 timbres tocados y aspiran a doblar esa cifra.
El objetivo es abrir una “gran conversación” con los vecinos y extraer las preocupaciones que, de otra manera, no siempre llegan a la conversación política. Y esta era la primera vez que decidían centrarse en un único tema: la crisis de la vivienda. A las 18.22, mientras se agrupan junto a Plaza de Olavide, empiezan a organizarse. Anotan nombres, parejas y rutas, a lo que uno lanza la primera broma: “¡Esto parece First Dates!”. Las risas que lo siguieron aliviaron algunos nervios, ya que la mayoría de los presentes nunca había participado en este tipo de interacciones.
Políticos y voluntarios con consejos sobre tu alquiler
Entre ellos había políticos más experimentados, como la propia Rita Maestre o algunos diputados del partido en la Asamblea de Vallecas, como Hugo Martínez o Marta Carmona. “No soy una experta, pero estuve en el otro lado. Y creo que es fundamental sentir que te escuchan, buscando herramientas para acercarse a la gente fuera de las redes sociales”, añadía Irene, que sí era solo voluntaria, justo antes de partir en grupos de dos para visitar las casas seleccionadas.
Irene es, a su vez, vecina del distrito y una de las afectadas en Gaztambide 37, uno de los edificios recientemente adquiridos por fondos que ahora tratan de expulsar a sus inquilinos. Después de algunos consejos prácticos, toca abandonar la teoría. En el número 4 de la calle Sagunto, donde comienza una de las visitas, una de las parejas llama a su primera puerta. Quien les abre es Miguel, un vecino de 54 años que alquila su piso en Chamberí desde hace unos nueve años.
En su caso, por el tipo de contrato que ha firmado, no puede acogerse a la prórroga del alquiler, pero aprovecha la visita para contar su caso a los voluntarios: aunque es de Sevilla hace tiempo que se mudó a Madrid y, cuando llegó al piso, pagaba unos 800 euros mensuales por el alquiler. Este edificio ahora pertenece a una única propietaria y colindaba con otro inmueble recientemente derribado, en el número 5 de esa misma calle. Reconoce que su principal problema en el día a día también es la vivienda, poniendo cara a la estadística que cada año confirma el Centro de Investigaciones Sociológicas.
En otra planta del mismo edificio, otra chica de 27 años accede a abrir su puerta. Cuenta que lleva un lustro viviendo allí y que comparte piso con otras compañeras. Cuando los voluntarios le extendieron uno de los folletos informativos sobre cómo solicitar la prórroga del alquiler, comienza a mostrar interés: su contrato acababa en noviembre y la propietaria les pide “unos requisitos absurdos” para quedarse, que no llega a especificar. Ya estaba pensando en acogerse al real decreto. “Me gusta mi casa, pero vivir en el centro también es vivir rodeado de ruido y gentrificación. Aun así, queremos quedarnos”, explica.
Unas calles más allá, otra pareja accede a los edificios de la calle Cardenal Cisneros. Entre ellos está la concejala de Más Madrid en el distrito, quien reparte junto a su acompañante algunos folletos en los buzones de la planta baja. El recorrido avanza así, entre timbres que no suenan y puertas que sí se abren, entre historias que se repiten u otras que sorprenden incluso a los pocos voluntarios. “Es increíble hasta qué punto la gente quiere ser escuchada. No esperaba que tanta gente abriera a su casa a desconocidos, y más aún viviendo de un partido político con el que pueden coincidir, o no”, destaca otra de las voluntarias, sorprendida, en declaraciones a Somos Madrid.
Empieza a anochecer y llega la hora del recuento. Al acabar la jornada, los voluntarios de Más Madrid habían llamado a 258 puertas. Solo contestaron en 102 de ellas, alrededor del 40%, pero lograron tramitarse in situ hasta 12 prórrogas del alquiler. Fuentes del partido lo evalúan como “un buen porcentaje” y apuntan a que este es un distrito fuerte para el PP, donde en 2023 obtuvieron más de la mitad de los votos. Antes habían recorrido casas en otras zonas más humildes como San Cristóbal, Villaverde o Arganzuela, e incluso en Aranjuez y otros municipios de la región. “La respuesta del puerta a puerta siempre es buena, tanto para ellos como para nosotros: los vecinos logran explicarse, y los voluntarios aprendemos a acercanos más a ellos”, concluye Irene, que se echa la mochila al hombro antes de volver a casa.
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