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Vídeo | Suspendido el desahucio de un empresario que avaló un préstamo con su chalé adosado

El empresario pidió un préstamo a BBK Cajasur y puso como aval su vivienda unifamiliar sobre la que había dictada una orden de desalojo al no pagar la deuda contraída.

La juez ha suspendido cautelarmente el desalojo hasta resolver si la familia se puede acoger a la moratoria prevista en la ley, tiempo en el que tratarán de negociar con el banco.

Con más de 20 años de trayectoria y una cuarentena de empleados, la crisis hizo quebrar a la empresa y el banco no ha esperado a cobrarse la deuda con sus activos sino con el chalé adosado en una de las mejores zonas de Córdoba.

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La estampa de la acción de este lunes de la plataforma Stop Desahucios tenía un paisaje muy distinto al habitual. Como otras tantas veces, sus integrantes se arremolinaban a las puertas de una vivienda para parar la orden de desalojo de una familia de su casa, pero en esta ocasión, se trataba de un chalé adosado en una de las mejores zonas de Córdoba.

Es la vivienda de Charo y Francisco, un empresario que sufrió los estragos de la crisis y vio cómo su empresa de distribución de productos helados se fue a pique. Antes, para intentar mantenerla a flote, pidió un préstamo a BBK Cajasur y tuvo que poner su casa como aval para que le dieran ese crédito. Pero en 2012 la empresa quebró, Francisco dejó de pagar su deuda con el banco, se abrió el concurso de acreedores y se decretó finalmente la liquidación de la empresa, proceso no resuelto aún.

“Cajasur no esperó a que el juez certificase los activos de la empresa, que multiplican por tres mi deuda, para cobrársela de ahí sino que han venido directamente a quitarme mi casa”, denuncia Francisco. Junto a su mujer, en el amplio salón de su casa ya adornada para la Navidad, esperaban inquietos el desenlace. Explican que nunca habían podido imaginarse llegar a esta situación, a perder su vivienda, cuando hasta hace solo unos años Francisco dirigía una firma con una nave en un polígono industrial, una flota propia de camiones para la distribución y una plantilla de más de 40 empleados.

Pero poco antes de que se cumpla la hora establecida para el desalojo -11.00h-, una llamada de su abogada anunciando que la juez ha decretado la suspensión cautelar del desalojo les hace estallar de alegría y emoción. Una alegría que salen a compartir con los activistas de Stop Desahucios que a las puertas de su casa esperan noticias.

El “sí se puede”, vuelve a oírse una vez más pero esta vez en las calles de una urbanización de chalets. “Los problemas son los mismos en este barrio que en otro. Las personas somos las mismas y nuestros derechos son los mismos”, les dice Francisco a los que a partir de ahora considera sus compañeros de lucha. “En estos días me habéis demostrado lo que nunca me ha demostrado nadie. Contad conmigo. Ahora yo voy a estar el primero luchando con vosotros”, les agradece a quienes ya llevan años trabajando contra los desahucios.

 

El empresario Francisco Ojeda y su mujer Charo Gómez junto a activistas de Stop Desahucios tras conocer la suspensión de su orden de desalojo.

El empresario Francisco Ojeda y su mujer Charo Gómez junto a activistas de Stop Desahucios tras conocer la suspensión de su orden de desalojo.

 

Negociar con el banco para no perder su casa

Este empresario y su mujer –que se enfundan en una camiseta de Stop Desahucios y gritan el “sí se puede” como prueba de su compromiso con la plataforma- tienen ahora por delante unos meses. La jueza deberá resolver si cumplen los requisitos para acogerse a la moratoria de dos años que establece la ley en los desahucios. Su abogada está convencida de que sí pero, aunque la decisión fuera negativa, tienen por delante al menos dos o tres meses -antes de que se señale nueva fecha de desalojo- para intentar negociar con el banco.

“Queremos abrir un proceso de negociación con Cajasur”, explica uno de los portavoces de Stop Desahucios, Rafael Cidres, de manera que el banco pueda cobrarse su deuda de los activos de la empresa en extinción y no con la vivienda familiar como ha pretendido ejecutar ahora.

“Trabajamos para que ninguna familia pierda su casa. Y en este caso lo hacemos como en el resto. Francisco y Charo nos tienen a su lado”, les dice. Y es el propio Francisco, emocionado aún, quien da la clave de la situación: “Mi casa vale 700.000 euros y es un caramelito para el banco quedarse con ella por una deuda muy inferior”.

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