Día 49 en estado de alarma: salimos

Salimos (con mascarillas) /Foto: Luis Serrano

Se ha organizado una extraordinaria -por rara- carrera de relevos, colectiva, mixta, a golpe de calcetín y también de rueda, y con cada ciudad como estadio. Ha empezado a las seis de la mañana con los primeros corredores, de 14 a 70 años, de entrenados a claramente novatos. Los sanitarios de urgencias se echaban las manos a la cabeza. Los fisioterapeutas se las frotaban.

Día 48 en estado de alarma: los amigos

Día 48 en estado de alarma: los amigos

Tomaban el testigo a las 10.00 los veteranos, más de 70 años, cuando ya habían llovido las críticas por la escasa deportividad del primer grupo. Era de esperar porque ¡qué habría quedado si no para la bilis que nos gusta escupir en este país desde que empezó una pesadilla que solo parece habernos unido en que casi todos sufrimos! Otros mirábamos por la ventana: #YoCorroEnCasa.

Los más mayores le pasaban el testimonio a los más jóvenes: turno desde prealevines hasta infantiles. Han tenido que hacer su tramo cuando las condiciones meteorológicas eran más chungas, porque ya apretaba el calor, que parecía haberse declarado en confinamiento hasta este sábado, por lo menos, comparado con otras primaveras.

No todos han terminado satisfechos con el resultado. Suele ocurrir. Pero como esta es también una carrera por etapas, continuará, y esperemos que sea sin parones, sin retrocesos obligados por el regreso de la virulencia de un virus que no se ha ido y que permanecía hoy agazapado en las gradas. (La ventana de Olga)

No quiero ser 'runner'

Me aburre soberanamente correr. Soy como un niño chico: o le pones una pelotita para que corra detrás o eso de la superación personal le parece un rollo repollo. Lo he intentado de noche y de día, en el gimnasio y en la calle, sobre el asfalto y junto al río. Pero, oye, nada. Me resulta absolutamente insoportable.

Lo único que me gusta de correr es atarme las zapatillas. Esa sensación de ir flotando, de que la espuma acoja delicadamente tu pie con cada zancada. Ahí termina mi idilio con la fiebre ‘runner’… en unas zapatillas.

A mí lo que me mola de verdad es enfundarme la camiseta de tirantas de los Lakers, las calzonas ridículamente largas, las medias que te llegan a la rodilla y las botas altas de baloncesto. Claro.

Me encanta correr de una canasta a otra, como si no hubiera mañana. Pegando berridos a lo Nadal cuando mi equipo mete puntos, subiendo de decibelios a lo Carolina Marín cuando cae un triple y llegando al tono soprano cuando el que mete el triple soy yo. Pocos placeres hay como el de esprintarte la cancha entera, sortear a todos los adversarios, entrar a canasta y ver, en el aire, como la pelota pasa por el aro.

El día que nos abran el pabellón de San Luis (¿en la quinta fase, presidente?), vamos a saltar a la cancha como Jordan, Pippen y Rodman… hechos unos toros locos. Después nos esperará una cerveza helada en La Sole, a la fresquita, mientras atardece en la Plaza de San Marcos. Jugones… que no decaiga. (La ventana de Alejandro)

La 'bulla' de la salida

“¿No habían suspendido la Semana Santa?”, me he preguntado al salir y ver semejante ‘bulla’ de gente. Ellas sin mantilla pero engalanadas de Decathlon, ellos (muchos) intentando recuperar el tiempo perdido. Toda suerte de colores fucsias, amarillos fluorescentes y verdes limones, también en las zapatillas, que ser runner también es ser un poco hortera. En eso pensaba cuando salía (a las 9.15 h, viviendo al límite) y he empezado a zigzaguear sorteando capillitas/deportistas desescalados. Y ha sido entonces cuando me he acordado de un juego que me acompañó en mis primeras aventuras en la sección de tribunales de Europa Press, cuando investigaban al autor de un vídeojuego que molestaba mucho a la ranciedad sevillana: 'Matanza Cofrade'.

No iba a ponerme a matar a estas personas que gozaban de sus primeros minutos de libertad deportiva, claro, así que he optado por disfrutar del momento. Porque para mí correr, a diferencia de mi compañero de ventana Alejandro, es un pequeño placer. Ya que él cita a Jordan, Pippen y Rodman no puedo dejar de recomendar una serie documental que estoy viendo con la irremediable nostalgia de aquellos años 80 y 90, ‘The Last Dance’. Sí, de Netflix, para cuando se acabe esta horita corta. Hablando de baloncesto, también me he encontrado con mi hermano Luis, que fue mi entrenador en mis tiempos mozos, montando en bici: “Aquí, dando vueltas al pueblo”, me ha gritado acordándose seguro de algún gobernante.

Con todo, ha sido una breve vuelta a la libertad aunque muy coaccionada. Media vuelta al llegar a las casas de Bormujos y encontrarme de repente con un ‘segurata’ que, por un momento, pensé que era un policía con ansias recaudatorias: “Oiga, se está usted saltándose los límites del municipio, acompáñeme a comisaría”. También resultaba un tanto raro dibujar mentalmente un par de metros laterales (¿o eran diez?) al cruzarte con otro runner. En fin, no ejerzamos el verdadero deporte nacional (quejarse) y aprovechemos el ratito para mantenernos en forma, que correr no es de cobardes sino de gente sanota. (La ventana de Javi)

'Just do it'

Hoy es el día en que un país se levantó deportista y una marca de zapatillas se proclamó vencedora de todas las cosas. Antes de las nueve, mi teléfono ya tenía varios mensajes de Whatsapp con el parte de la mañana. "Está todo petado de gente". "Estoy desayunando y no paro de escuchar gente que sube corriendo. Parece que hay un maratón". "¿Lo de salir a correr hoy es obligatorio?". Alguien ha respondido: "Acabo de llegar y parece que sí lo fuera. Está el paseo que no cabe un gordito más (como yo) corriendo".

Es el triunfo definitivo de la publicidad sobre la realidad: Just do it. Hoy el lema se hizo carne. ¿Cómo no creértelo si llevas 30 años escuchándolo? Se ha demostrado que para ser deportista no es necesario serlo, sólo parecerlo.

Eso sí, ha hecho falta una pandemia para sacar a algunos del sofá. Esta mañana han recuperado el chándal que sólo usaban para las fiestas ochenteras. Para eso lo guardaban: para salir disfrazados. Ya puestos, alguien podría desempaquetar su bici estática sólo para darse el gusto de plantarse con ella en mitad del paseo marítimo. "Señor agente, soy deportista".

No sé del virus, pero no es descartable un repunte de infartos y es probable una gran oleada de agujetas. Yo, de momento, me quedo en casa. En la calle no cabe un runner más. (La ventana de Néstor)

Al ataquerrr!!!!, que diría Chiquito de la Calzada. Y ése ha parecido ser este sábado el grito de guerra desde primera hora de la mañana. Como el día estaba bueno, las calles se han llenado, según las horas, de los distintos grupos humanos, esta vez clasificados por edades. Runners, que antes hacían footing y aún antes corrían, estaban desde primera hora pateando asfalto.

Después, a partir de las 10, la calle se ha llenado de mayores de 70 años, con sus mascarillas la mayoría y, en general, bien arreglados para dar su paseo, que ya bastante llevamos ropa informal en casa como para salir a la calle de cualquier manera. A las 12 era el turno de los críos pequeños. Se ve que había muchas ganas, ya que en el cambio de turno han coincidido los abuelos y nietos, los unos retirándose y los otros con sus patines, bicicletas y sin el miedo de los primeros días pintado en el rostro. La calle en esta mañana soleada estaba animada.

Desde hace un tiempo subo a mi azotea con un silbato, con el que convoco a mis vecinos para el aplauso de las 8. Hoy he estado un poquito antes. Por primera vez en 48 días, he salido a las ocho a dar un paseo de la mano de Lola. ¡Cómo hemos ido rebajando nuestras expectativas durante estos días de confinamiento! y, algo tan habitual, como pasear con tu pareja por la calle en una tarde de sábado, se convierte en algo extraordinario y hermoso. Si no fuéramos tan tontos como somos, deberíamos aprender algo de ésto. Aprender que no está mal hacer planes de futuro, pero que el futuro es hoy, mañana lo más tarde. Si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes. Reza el refrán Hebreo. Nada más cierto, y esta pandemia está aquí para recordárnoslo. Porque la mitad teníamos ya planes para la Semana Santa, otros, planes para la feria y, la mayoría, cerrado nuestro verano. Y ahora estamos aquí disfrutando de un par de horas en la calle acompañados de nuestra gente.

Seguramente ese ha sido siempre el camino, aunque como de costumbre no lo hemos visto porque estábamos demasiado distraídos haciendo planes, viviendo apresuradamente. Y eso que estoy cansado de ver en tatuajes, en nuestro estado de WhatsApp y en la popa de algún que otro barco "carpe diem", como la máxima que acompaña nuestras vidas. No querías caldo, pues ahí llevas dos tazas. (La ventana de Luis)

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Publicado el
2 de mayo de 2020 - 22:51 h

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