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La debacle electoral devuelve al PSOE andaluz a la pugna entre sanchistas y susanistas y agrava su crisis de identidad

Juan Espadas, candidato del PSOE andaluz, en la noche electoral de las elecciones del 19 de junio.

Daniel Cela


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Durante la misma noche electoral del pasado domingo, aun sin el recuento definitivo de papeletas, un ex diputado socialista próximo a Susana Díaz empezó a lanzar duras críticas contra el PSOE de Juan Espadas. “La realidad es la que es. Lo que empezó como una operación ”para gobernar“, termina perdiendo 130.000 votos con respecto a 2018, y la pérdida de dos diputados. Se quiera justificar lo que se quiera: un desastre. Urge reflexionar”, escribió Carmelo Gómez, ex secretario de Acción Electoral y Programa de la anterior ejecutiva del PSOE-A, en Twitter. El armisticio del socialismo andaluz había terminado.

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El ex diputado por Sevilla no esperó al escrutinio final –de hecho el PSOE terminaría perdiendo tres escaños y no dos– ni tampoco la comparecencia que hizo Espadas esa misma noche para reconocer la derrota. El cadáver político del partido que gobernó Andalucía durante 37 años aún estaba caliente cuando algunos periodistas empezaron a recibir mensajes de un sector crítico y durmiente, que siete meses atrás formaba parte del aparato de Susana Díaz. “Con la mitad del PSOE-A no se ganan unas elecciones”, advertía ya un ex miembro de la anterior ejecutiva.

A la mañana siguiente, la brecha siguió ensanchándose: “¿Quién va a asumir la responsabilidad de los peores resultados de la historia? ¿Pedro Sánchez y Juan Espadas harán autocrítica y reconocerán que han hecho fracasar al PSOE de Andalucía? Aún podemos empeorar, está en juego el gobierno de nuestros municipios en 2023”, publicaba en Twitter Jesús María Ruiz, ex diputado socialista por Córdoba y portavoz en materia de Salud. En la nueva ejecutiva de Espadas tienen “clarísimo” que ninguno de estos ex dirigentes, apartados de las listas electorales y del nuevo organigrama del partido, hubieran dado este golpe en la mesa “sin la connivencia o la orden directa de la propia Susana Díaz”. La ahora senadora por la comunidad autónoma andaluza dijo estar “muy triste por su partido y por su tierra”.

El pasado domingo, el PSOE andaluz horadó su suelo electoral, cayendo por debajo del millón de votos que había obtenido Díaz cuatro años atrás. En los últimos 14 años, desde la última mayoría absoluta de Manuel Chaves, el socialismo ha perdido en Andalucía 1,3 millones de votos, pasando del 48,4% (56 escaños) al 24,09% (30). Entre los factores no está la participación, porque la movilización del electorado el pasado domingo subió tres puntos respecto a la de 2018 (58,3%). La abstención se registró en el espacio político de las izquierdas, pero también hubo un importante trasvase de votos del PSOE al PP de Juan Manuel Moreno.

El escenario del “voto prestado” o el “voto útil” que Moreno planteó en campaña, al que fió todas sus esperanzas de alcanzar “una mayoría suficiente” que le permitiera gobernar sin la extrema derecha, y que Espadas negó tajantemente como hipótesis durante la campaña, y luego negó como realidad tras conocer el resultado. “El voto progresista que nos ha faltado se ha quedado en casa. No creo que haya habido un trasvase de votos del PSOE al PP”, aseguró en su comparecencia del 20 de junio, en la sede regional del partido, rodeado por los ocho secretarios provinciales y altos miembros de su ejecutiva.

“Sin fisuras, sin corrientes”

Sin embargo, los datos pueblo a pueblo, ciudad a ciudad, retratan ese trasvase de votos en municipios tradicionalmente ligados al PSOE –en provincias rojas como Sevilla, Jaén y Huelva–, donde gobiernan alcaldes socialistas con mayoría absoluta, que vieron cómo el PP se convertía en primera fuerza en las andaluzas con un aumento significativo de la participación. Esa imagen, que tantas veces repitió el candidato popular, de un andaluz parándole por la calle para confesarle que siempre apoyó al PSOE y ahora le votaría a él. Una escena que se dio incluso entre apoderados socialistas con el logo del partido al cuello, en el mismo colegio electoral, según asegura un miembro del Ejecutivo andaluz que hizo campaña en Jaén.

Juan Espadas había enfocado esta campaña desde dos premisas que se han demostrado inciertas o desacertadas: la primera es que el partido estaba “unido” y “sin fisuras”, que “ya no había corrientes”, que las guerras intestinas entre sanchistas y susanistas habían terminado con las primarias que le dieron la victoria a él sobre la ex presidenta de la Junta. Aquel fue un proceso de relevo precipitado por Ferraz con el argumento de que el adelanto electoral en Andalucía era inminente y había que estar preparado. Pero el adelanto se retrasó un año. Las primarias fueron el 13 de junio de 2021 y las elecciones no llegaron hasta el 19 de junio de 2022.

Tras asumir la secretaría general del PSOE andaluz, promocionado por el propio Pedro Sánchez, se enterró el susanismo, pero no la guerra. “Lo que pasó es que unos ocuparon el espacio de otros, los de abajo se pusieron arriba, pero el edificio seguía deteriorado”, admite un dirigente de la nueva dirección. Espadas creó una macro ejecutiva regional, con 60 miembros y un marcado perfil municipalista, donde los restos de la etapa anterior eran residuales. “Hay que visibilizar un cambio de etapa y de rumbo”, dijo entonces. Hizo lo mismo en los congresos provinciales, sin grandes convulsiones, pero pidiendo un paso atrás a los más afines a la ex presidenta.

Luego confeccionó unas listas electorales sin apenas integración del universo susanista, renovando el 70% de caras y manteniendo solo a los críticos con Díaz del equipo anterior: Mario Jiménez, Ángeles Férriz, María Márquez... Hizo alguna concesión en puestos muy relegados, como el de Verónica Pérez, ex secretaria general del PSOE de Sevilla y mano derecha de Díaz, que ocupó el sexto lugar de la candidatura de Sevilla. Fue el escaño número 58 para el PP, arrebatándoselo a Pérez pasadas las once de la noche. O el de Fernando López Gil, otro lugarteniente de Díaz, cuarto en la lista por Cádiz que se quedó sin representación por un puñado de votos más de los populares.

El equipo de Susana Díaz se queja de que no han contado con ellos “ni siquiera para hacer campaña”, incluido alcaldes que se la juegan en menos de un año. Ni la ex presidenta ni ninguna de sus personas de confianza ha ocupado un puesto de relevancia en los mítines centrales de la campaña, y “muy secundario en sus propias provincias”. Se suponía, o así lo hizo ver el nuevo equipo de Espadas, que la mera desaparición de Díaz del cartel electoral reconciliaría a los votos de castigo con el PSOE, y que movilizaría a una parte significativa de esos 400.000 votantes que se perdieron en las andaluzas, pero volvieron a apoyar al partido en las generales y municipales de 2019. No ha sido así.

“Unas elecciones no se ganan en seis meses”

Hay 130.000 votos menos y el nuevo equipo de campaña, como ya hiciera el anterior en 2018, escruta los microdatos para saber si ha habido una caída de brazos de dirigentes locales y cargos intermedios en los municipios más ligados al susanismo. “No me voy a quejar de ningún militante, creo que todos han pedido el voto para el PSOE. Y si alguno no lo ha hecho por cuestiones personales, en la conciencia lo lleva: ahí está la mayoría de la derecha”, dijo Espadas el lunes, cuando le preguntaron si creía que una parte del partido no había hecho suficiente esfuerzo por remontar los resultados.

El ex alcalde de Sevilla aún mantiene que “el partido está más unido hoy de lo que lo estaba” con Susana Díaz. Al menos el nuevo grupo parlamentario socialista, que pasa de 33 a 30 diputados, sí será más compacto. Espadas ha hecho un equipo muy de su estrecha confianza, muchos dicen que pensado para manejar un escenario tan hostil como el que ahora tiene por delante. Su irrupción en la escena política andaluza, tras abandonar el Consistorio, ya venía aparejada de ese análisis: “unas elecciones no se ganan en seis meses”, dijo entonces a un corrillo de periodistas en el Parlamento, y lo repitió 24 horas después del 19J. El análisis es el mismo: “Esto es una carrera de fondo”, remarcó, tras lanzar también un amargo reproche a los medios de comunicación por “hablar permanentemente del Gobierno y con la oposición desaparecida”.

Respuesta “tibia” de los alcaldes

La segunda premisa con la que partía Espadas en esta campaña era la implicación personal de Pedro Sánchez y todo su Consejo de Ministros, que se han volcado en las andaluzas. La gestión del Ejecutivo central y todas las medidas que ha adoptado para amortiguar la crisis de la pandemia primero, y la crisis de la guerra en Ucrania después, no han tenido eco por parte del PSOE andaluz hasta prácticamente la recta final del mandato, una vez que Moreno anunció el adelanto electoral. Espadas esperaba que los alcaldes socialistas, concejales y presidentes de las diputaciones provinciales remaran al unísono junto a él para movilizar a su electorado, que “hicieran campaña en las andaluzas como si fueran unas municipales adelantadas”. “Nos la jugamos todos”, advirtió a los suyos.

Ese mismo mensaje lo trasladó Ferraz en puntos claves de Andalucía, con la visita o las llamadas directas del secretario de organización de la dirección federal, Santos Cerdán. Pero la respuesta de los alcaldes ha sido “tibia”, admiten. “Los regidores no se la juegan ahora, sino en las municipales de mayo, y concurrirán defendiendo su gestión y la cercanía con sus votantes, no la marca de Espadas ni la de Sánchez”, avisa un dirigente con muchos trienios. La subida del salario mínimo a mil euros, la reforma laboral o los ERTE que han amortiguado el cierre de empresas y despidos durante la pandemia no han tenido un efecto percutor en el votante de izquierdas, ni del PSOE ni de Por Andalucía.

Al contrario, un destacado regidor de Sevilla cree que la gente responsabiliza a Sánchez de la subida del precio de la luz, de la gasolina y de la fruta, que es lo que está golpeando ahora mismo sus bolsillos. Eso y que en algunos sectores del PSOE andaluz se digieren mal las alianzas parlamentarias del presidente del Gobierno (Bildu, los independentistas catalanes, etc.), una matraca con la que el Ejecutivo de Moreno viene golpeando a diario, con mucho eco mediático en una determinada prensa. “Esto influyó en 2018, entonces con el lío de Cataluña, y sigue influyendo ahora. La situación socioeconómica de Andalucía no permite entender algunas cosas que Sánchez ha hecho para tener contentos a sus socios del norte, a los que necesita para sacar adelante las políticas del Gobierno”, aseguran.

“Jefe de la oposición”

Con todo, los zarandeos que está sufriendo ahora el equipo de Espadas vienen de muy lejos. El ex regidor de Sevilla se cuidó mucho las espaldas a la hora de conformar al equipo con el que trabajará los próximos años en el Parlamento andaluz. Espadas ya ha descartado dimitir y se presenta como “jefe de la oposición” para toda la legislatura, con el objetivo de calcar el periodo que vivió en el Ayuntamiento hispalense antes de arrebatar la Alcaldía a Juan Ignacio Zoido, que venía de una mayoría absoluta aplastante.

El primer Pleno ordinaro de la Cámara, tras su constitución el próximo 14 de julio, elegirá a los nueve senadores por designación autonómica. Al PSOE le corresponden tres nombres y está por ver si Espadas mantiene en su puesto actual a la ex presidenta Susana Díaz.

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