Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Desdeelsur es un espacio de expresión de opinión sobre y desde Andalucía. Un depósito de ideas para compartir y de reflexiones en las que participar

¿Qué pasa con Europa? ¿Perdió su alma?

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ante el pleno del Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo (Francia)

0

Durante décadas, Europa se ha presentado al mundo como algo más que un proyecto económico. Tras la Segunda Guerra Mundial, su propósito fue firme: garantizar que los horrores del nazismo no volvieran a repetirse. Su pacto fundacional como comunidad política apostó por la defensa de los derechos humanos, la dignidad humana como brújula, la legalidad internacional como cimiento. Esa identidad y ese relato han sido uno de sus mayores activos.

Sin embargo, en los últimos años, y especialmente ante el genocidio en Gaza y el reciente ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, calificado por numerosos juristas como una acción contraria al derecho internacional, muchos ciudadanos se preguntan si Europa ha perdido el alma. O peor aún: si la está entregando voluntariamente.

La comparación con la reacción europea ante la invasión rusa de Ucrania es inevitable. Allí, la respuesta fue inmediata, firme, unánime: defensa de la soberanía, condena rotunda de la agresión, apoyo militar y humanitario sin fisuras. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué la misma Europa que proclamó que “la violación del derecho internacional no puede tolerarse” parece ahora atrapada en una equidistancia calculada, casi incómoda, cuando se trata de Gaza o de Irán? ¿Los derechos humanos son universales, o solo cuando coinciden con los intereses geopolíticos del momento?

Los estados actúan guiados por intereses estratégicos, no por principios universales

Muchos analistas señalan que este doble rasero, esta incoherencia aparente no es casual, sino estructural. Yanis Varoufakis ha defendido que la UE está profundamente condicionada por estructuras económicas y geopolíticas que limitan su autonomía real, los estados actúan guiados por intereses estratégicos, no por principios universales. Para el investigador Richard Youngs, Europa intenta ser al mismo tiempo actor geopolítico y referente moral, y no siempre logra compatibilizar ambas dimensiones.

En Ucrania, la defensa de la legalidad internacional coincidía con la necesidad estratégica de contener a Rusia. En Oriente Medio, en cambio, la ecuación es más incómoda: Israel es un aliado clave de Estados Unidos, y Estados Unidos sigue siendo el garante último de la seguridad europea. ¿Puede Europa permitirse contradecir abiertamente a Washington? ¿Puede hacerlo cuando su propia defensa depende, en gran medida, del paraguas militar estadounidense?

Desde la Guerra Fría, Europa ha delegado su seguridad en la OTAN, y la OTAN depende de Estados Unidos. Esa subordinación estratégica tiene un precio: cuando Washington marca el paso, Bruselas rara vez se atreve a desentonar. Y en ese contexto, los derechos humanos, aquellos que Europa prometió defender por encima de todo, quedan relegados a un segundo plano.

También habría que señalar las tensiones existentes a nivel interno, donde los Estados miembros no comparten siempre la misma lectura de los conflictos, y al tener que cumplirse la regla de la unanimidad, significa que los 27 países deben estar de acuerdo para adoptar acciones drásticas como sanciones o embargos. Por ejemplo, mientras algunos países, como España, se resisten a incrementar el presupuesto de defensa, otros presionan para que la Unión Europea (UE) se convierta en una potencia militar de pleno derecho.

Quienes han participado en la definición de políticas de seguridad pasan a formar parte de compañías directamente beneficiadas por el aumento del gasto militar que esas mismas políticas impulsan

A esta ecuación geopolítica se suma un factor no menos importante: el creciente peso del lobby armamentista en la toma de decisiones europeas. No se trata solo de influencia, algunos expertos sostienen que “está redefiniendo el propósito mismo de la Unión Europea”. El miedo a que los conflictos se extiendan al territorio europeo, ha funcionado como un “cheque en blanco” para priorizar el gasto en armamento. Mientras los fondos de cohesión social y transición ecológica sufren reajustes, la UE ha impulsado planes como el EDIP (Programa Europeo de Inversión en Defensa) con presupuestos de miles de millones de euros.

Las puertas giratorias tampoco ayudan a disipar las sospechas. Es habitual que antiguos altos cargos de defensa o seguridad nacional pasen a ocupar puestos de consultoría en empresas como Rheinmetall, Airbus o Leonardo. El Corporate Europe Observatory ha investigado este fenómeno de puertas giratorias y sus informes sostienen que la industria participa activamente en la definición de prioridades, especialmente a través de grupos de expertos y foros consultivos. Quienes han participado en la definición de políticas de seguridad pasan a formar parte de compañías directamente beneficiadas por el aumento del gasto militar que esas mismas políticas impulsan. Por sorprendente que parezca estas prácticas son legales.

No es que el lobby de las armas promueva “más guerras”, como podría pensarse en una interpretación precipitada. Pero sí parece constatarse que lo que busca es un estado de tensión e inseguridad permanente, que justifique inversiones continuas, y mantenga el flujo de contratos.

La comunidad europea sigue siendo un proyecto valioso, tanto por su historia como por los beneficios concretos que ha aportado a sus ciudadanos

La pregunta, por incómoda que sea, merece formularse: ¿qué queda del proyecto europeo si renuncia a los valores que lo fundaron? ¿Puede una comunidad política sostenerse sobre principios que solo se aplican cuando no incomodan a los aliados? ¿Puede Europa seguir presentándose como defensora de los derechos humanos mientras guarda silencio ante violaciones flagrantes?

Y, sin embargo, pese a la decepción y el desencanto, aún hay espacio para la esperanza. Las voces críticas y la presión ciudadana quedaron patentes en las manifestaciones multitudinarias que transcurrieron en muchas ciudades europeas ante el genocidio de Gaza, reclamando también una política exterior coherente, autónoma y fiel a los valores que dieron sentido al proyecto europeo.

También en universidades europeas se han multiplicado las protestas estudiantiles y los manifiestos académicos. Un ejemplo fue la carta firmada por cientos de juristas europeos pidiendo a las instituciones comunitarias que respeten plenamente las obligaciones derivadas del derecho internacional humanitario en relación con el conflicto de Gaza.

La comunidad europea sigue siendo un proyecto valioso, tanto por su historia como por los beneficios concretos que ha aportado a sus ciudadanos. Ha garantizado décadas de paz entre sus miembros y ha construido un espacio amplio de derechos y libertades. Precisamente por eso merece un debate exigente y sosegado. Mantener su cohesión no debería implicar renunciar a la coherencia. Si Europa quiere seguir siendo creíble cuando habla de derecho internacional y de derechos humanos, probablemente tendrá que esforzarse más en aplicar esos principios de forma consistente, incluso en situaciones políticamente incómodas. No será fácil, pero quizás será la única forma de preservar aquello que durante tanto tiempo ha dado sentido al proyecto europeo.

Sobre este blog

Desdeelsur es un espacio de expresión de opinión sobre y desde Andalucía. Un depósito de ideas para compartir y de reflexiones en las que participar

Etiquetas
stats