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Que no nos callen, que no te calles

En el día mundial de La Libertad de Prensa hay que afirmar con rotundidad que la palabra libre de los periodistas y de la ciudadanía jamás nadie podrá silenciarla

Tinta, silencio o bala, la peligrosa vida del periodista en el norte mexicano

EFE

La libertad de prensa y la libertad de expresión en España están hoy más amenazadas que nunca desde la dictadura y la transición, lo que evidencia que nuestra democracia vive un intencionado estado de salud delicado y débil. El retroceso en estas libertades, que también se está dando en buena parte del mundo, nos afecta a todos: a los periodistas, en particular, y a la ciudadanía, en general, porque se trata de un ataque a derechos irrenunciables. Y esto es así, sobre todo, por la extrema debilidad del periodismo, inmerso en un cúmulo de males que le desangran internamente y que le hace vulnerable ante los poderes económicos y políticos, empeñados siempre en controlar y dominar la información.

El periodismo, desde hace años, sufre la confluencia destructiva de un aluvión de crisis: la económica, la laboral, la tecnológica, la de modelo de negocio, la de modelo periodístico, la de calidad, la de falta de ética y la de resolver su convivencia con las plataformas digitales y las redes sociales, que no son periodismo, que son otra cosa. En esta situación, es cada día más difícil que el buen periodista se abra camino y pueda informar en libertad, con honestidad y decencia, que son nuestros principales valores.

El panorama es brutal. Nuestra profesión se ha instalado en una demoledora precariedad. Porcentualmente, es la que tiene más parados, y también más falsos autónomos. No existe un solo medio de comunicación en Andalucía, público o privado, en el que no se hayan aplicado expedientes de regulación de empleo, despidos o recortes salariales, laborales y sociales. Está de moda lo de "trabaja gratis" o hasta el "paga por trabajar", porque así tendrás visibilidad. Las ofertas dignas de empleo casi no existen, cuando cada año salen miles de graduados de las facultades de periodismo (en Sevilla hay cuatro), quienes, en la mayoría de los casos, buscan otra ocupación profesional bien distinta para sobrevivir.

La publicación de periódicos en papel, con fecha de caducidad

Las ventas y la difusión de la prensa en papel han caído a mínimos históricos, y también la publicidad. Las empresas periodísticas tradicionales se han abonado a las pérdidas económicas, dan primacía a sus cuentas de resultados, disminuyen las plantillas, se desprenden de buenos profesionales y se olvidan de la calidad. La publicación de los periódicos en papel tiene fecha de caducidad. Los periodistas han perdido el control de los medios y han desaparecido de los consejos de administración de esos grandes grupos de comunicación, hoy en manos de bancos, fondos buitres y empresarios que nada tienen que ver con la información y a quienes les mueven otros intereses, que dañan nuestra credibilidad ante la sociedad.

El poder político, por su parte, acuerda leyes que restringen la libertad de prensa y la de expresión, y se emplea a fondo con la publicidad institucional como forma de control y de compra de voluntades. Su pretensión es invertir la máxima del periodismo para que sirva a los gobernantes y no a los gobernados. Especialmente relevante es el daño que supone para periodistas y ciudadanos la ‘ley mordaza’, cuya derogación es urgente. En aplicación de esta ley, en su primer año y medio de vigencia, el Ministerio de Interior impuso 46.425 multas, parte de ellas a periodistas, por falta de respeto a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, por desobediencia o resistencia a la autoridad y por desórdenes públicos.

A ello se añade la permanente pretensión del Gobierno central y de los regionales y locales de ser los dueños de los medios públicos, unas radios y televisiones públicas que son totalmente necesarias siempre que sean públicas de verdad. Los medios públicos tienen que ser el gran ejemplo para la ciudadanía de la libertad de prensa y de expresión. Muy significativo es el momento que vive la RTVE, con sus trabajadores, en un admirable ejercicio de valentía y de profesionalidad, denunciando la manipulación que padecen.

La suma de tantas situaciones particulares que se ceban con el periodismo lleva a la práctica de represiones, censuras y autocensuras, sin ningún pudor y con total impunidad por quienes la ejercen. Sin duda, el paro es uno de los grandes enemigos de la libertad de prensa y de la de expresión. La extrema precariedad vital de muchos periodistas conduce a la autocensura del hambre, porque tienen la mala costumbre de comer cada día. No olvidemos tampoco el miedo y el peligro de ser periodista. En los cuatro primeros meses de este año, 44 profesionales de la información han sido asesinados en 18 países, sobre todo en México. Son 28 más que en el mismo periodo del año pasado. Y los han matado por hacer periodismo.      

Para colmo de males ha llegado, y parece que para quedarse por algún tiempo, el fenómeno de las noticias falsas y de la posverdad, que arrasa y que invaden nuestras vidas, tanto en los medios de comunicación convencionales como en las plataformas digitales y redes sociales. Cierto es que la mentira en la información siempre ha existido y existirá, pero nunca con el impacto y la fuerza de esta época, dada la participación de tantos actores, su fulminante inmediatez y su alcance infinito.

Pese a todo lo contado, me apresuro a decir que el periodismo, sea cual sea su soporte, prensa, radio, televisión o internet, nunca morirá, porque es totalmente necesario para que exista una sociedad libre e igualitaria. Cuando todos buscan el modelo de negocio o periodístico válido para este nuevo tiempo, la esperanza puede estar en los medios que han surgido en los últimos años, impulsados y controlados por periodistas y con la participación directa de los ciudadanos, que deben ser sus dueños. La independencia económica hará libres a periodistas y a medios de comunicación. Las noticias en libertad, los buenos periodistas y el buen periodismo cuestan dinero. Los ciudadanos tienen que tomar conciencia de que hay que pagar por una información honesta y de calidad. Los malos periodistas y el mal periodismo no sirven.

En el día mundial de La Libertad de Prensa hay que afirmar con rotundidad que la palabra libre de los periodistas y de la ciudadanía jamás nadie podrá silenciarla.

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