La llegada del decreto de ahorro energético a Andalucía: más incomprensión que desacato

Mari Carmen Cuervas ajusta el termostato del bar ‘Lola, por Dios’, en la Alameda de Hércules de Sevilla.

Son poco más de las diez de la mañana cuando Samuel de la O, un comercial de telefonía, llega a la recepción del hotel de la cadena IBI en el Polígono Calonge de Sevilla. El acceso al hotel tiene más movimiento del habitual, porque al lado tiene lugar un acto en homenaje a Blas Infante, y mucha gente ha acudido a tomar un café o disfrutar del bufé, abierto a los no clientes por 8,50 euros. A la espalda del encargado de la cafetería se puede ver el termostato que regula el aire acondicionado en esa estancia: 27,5 grados.

Las medidas de ahorro energético entran en vigor convertidas en una nueva batalla política

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Como la temperatura exterior es de unos 30 grados, la entrada al hotel supone un cierto alivio. Samuel lleva chaqueta y corbata, y ha estado en la puerta unos minutos esperando a un cliente que no llega: “Por ahora, al entrar, se nota cierto alivio, pero otra cosa será cuando lleve aquí una hora”.

Como él, los clientes y usuarios de los establecimientos comerciales entran casi con curiosidad en los locales desde este miércoles. En el mismo hotel, algunas personas entran preguntando por la nueva norma, aunque tiene el matiz de que en las habitaciones no hay que aplicarla, porque se considera que es “como una casa particular” mientras se está alojado.

En los bares, incluso entra gente “preguntando por la temperatura que tenemos puesta”, como dice una camarera de un mesón cercano al hotel, donde el trasiego es continuo todo el día: “Podemos tener el aire a 25 grados, pero lo de tener las puertas cerradas es imposible. A ojo, aquí pueden entrar y salir todos los días 300 o 400 personas”, y a eso hay que unir los viajes de la barra a la terraza de los camareros, ida y vuelta“.

Termómetros cerca de los 45

Porque ni el aire más potente puede mitigar una ola de calor como la que ha azotado a la capital andaluza y varias ciudades más durante el presente verano, por lo que los bares son los que más prudentes son a la hora de valorar qué puede pasar desde ahora, sobre todo, si vuelven olas de calor que acercan los termómetros a los 45 grados.

La ciudad de Sevilla cuenta con varias zonas donde los bares son parte de su paisaje. Uno de ellos es La Alameda de Hércules donde, aseguran, se tienen serias dudas de que se puedan mantener los locales refrescados con la norma de los 25 grados.

Mari Carmen Cuervas y Samanta García, de ‘Lola, por Dios’, creen que es “totalmente inviable” que esa temperatura sea suficiente en un local como el suyo, donde ven muy complicado, además, que se puedan mantener las puertas cerradas, “porque este es un sitio de taberna, en el que hay que estar entrando y saliendo constantemente, así que aunque nos obliguen a tener las puertas cerradas no podemos”.

Normalmente, la temperatura del local está entre 22 y 24 grados, aunque en la ola de calor se ha llegado a bajar hasta los 20, “indispensable” cuando se llena de gente y, además, “hay que evitar que llegue a la sala el calor de la cocina”.

“Las terrazas ayudan”

Justo enfrente, en ‘La parrilla del Badulaque’, Gabriela D’Angelo se felicita de que buena parte de su cliente es servida en la terraza exterior, y concreta que los aparatos de aire del interior funcionan a 24 y 22 grados respectivamente, “que es lo recomendado por el fabricante para su correcto trabajo”.

D’Ángelo entiende que la norma afectará a los que tengan un servicio interior con menos mesas en terraza, igual que unos metros más hacia el centro de la ciudad, la responsable de Farmacia Trajano recuerda que este tipo de establecimientos están exentos de la norma de mantener la temperatura a los grados que indica el decreto, pero no tiene claro si tendrán que tener la puerta cerrada de forma permanente. Una circular del colegio del sector ha informado, no obstante, a los profesionales de las farmacias de qué hacer desde este miércoles, porque la necesidad de mantener los medicamentos a una temperatura estable hace que no tengan que prestar atención a las nuevas medidas.

Córdoba: “Con 27 grados, podemos echar las asaduras”

En Córdoba, la capital de provincia más cálida de España, la entrada en vigor de las medidas contenidas en el Plan de Contingencia y Ahorro coincide con los avisos por calor de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que anuncian casi 40 ºC para los próximos tres días. Quizá por ello, entre el comercio y la hostelería hay más incomprensión que ganas de desacato ante las medidas. “Te digo lo mismo que te habrán dicho todos por aquí, que 27 ºC en Córdoba podemos echar las asaduras”, explica la dependienta de una carnicería de la zona comercial de Jesús Rescatado. En el local, el aire acondicionado marcaba este miércoles 24 ºC —el decreto pone el límite en 27ºC, con excepciones si está justificado por el tipo de comercio y cuando los empleados no tienen un trabajo sedentario, sino que están en movimiento, se rebaja a 25—, si bien la dependienta reconoce que lo normal es que se acabe incluso bajando la temperatura, a medida que aumente el calor fuera y dentro del comercio.

La joven lamenta que quien haya dictado las medidas desconozca el calor que desprenden las vitrinas frigoríficas en las que coloca suculentas chuletas mientras habla con la prensa. “Esto da frío por arriba, pero no sabes el calor que desprenden los motores y el calor que da en las piernas y el que dan también los focos”, especifica la dependienta, mientras señala, primero, la zona baja tras el mostrador y, luego, las lámparas que iluminan las piezas de carne.

A unos metros, Paco, el propietario de la Cafetería Época, afirma que va a intentar aplicar la normativa “en la medida de lo posible”. “Tío, vivimos en Córdoba. ¿Tú sabes lo que son 27 ºC en una ciudad como Córdoba?”, se pregunta Paco antes de ponerse a servir desayunos. Tiene la terraza llena y algunos de los clientes, a las 10.00 de la mañana, ya comenzaban a agitar sus abanicos. En el local contiguo, la barbería Morán Peluqueros, su propietario, Rafa, explica que “las peluquerías están exentas de cumplir las medidas de ahorro”, aunque advierte de que hace meses que optaron por apagar el luminoso, por una cuestión económica. “Es un gasto tonto. Nosotros no vendemos vestidos ni productos, así que no tiene sentido iluminarlo”, señala Rafa.

Donde los 27 ºC están marcados desde las 9.00 de la mañana es en la Biblioteca Central de Córdoba, donde ya llevan toda la semana subiendo la temperatura progresivamente para que la transición sea más suave. Por su orientación suroeste, el edificio recibe el impacto del sol durante prácticamente todo el día, aunque desde el medio día el golpe del sol es directo. Por ello, Joaquín, el administrador, celebra este miércoles que el edificio cierre por las tardes, ya que, según comenta, a 22 grados (la temperatura que solía ponerse) “ya se suda aquí”.

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