Moreno se erige en portavoz de la “Andalucía amable” y se lanza al ruedo electoral: “Ofrecemos estabilidad. Somos clara mayoría”
Este 28F, Día de Andalucía, la arena política estaba revuelta, porque se cierra una legislatura de cuatro años y en abril, el presidente de la Junta prevé disolver el Parlamento para convocar elecciones en junio. Todo hoy era ya campaña preelectoral, de todos contra todos. “Nosotros, la Andalucía amable y sin miedo, somos clara mayoría”, ha dicho Juan Manuel Moreno ante los 1.800 invitados por su gobierno a la gala del Teatro de la Maestranza.
Nunca es difícil un 28F, pero este año, a pocos meses para las urnas, era sencillo leer el mensaje del presidente de la Junta en clave electoral. El dirigente popular ha hecho el discurso menos político -apenas ha hablado de su gestión y no ha mencionado la sanidad- y a la vez el más apto para la campaña que se avecina: apelando a las emociones positivas, a la alegría, a que las cosas van bien.
“No vamos a permitir que Andalucía se vuelva oscura, amarga, inhóspita. Ser buena gente da calidad de vida. Hay que huir de esos que están todo el día enfadados, como buscando pelea. Está en nuestras manos proteger a Andalucía de la polarización y del berrinche diario”, ha reclamado el presidente. A Moreno le reconocen, incluso sus adversarios, que es “buena gente”. Su marca personal es hoy, como lo fue en las andaluzas de 2022, un valor seguro en los próximos comicios. Hoy, además, esa marca está asociada al voto institucional.
Y para los despistados, el presidente andaluz ha diferenciado este saber hacer suyo con la crispación y la polarización circundante. La estabilidad -léase mayoría absoluta- frente “al lío” que supondría perderla. “Frente a un mundo confuso, donde se han roto las reglas del juego en tan poco tiempo, nosotros ofrecemos estabilidad, seguridad y concordia. Hemos demostrado que una sociedad en positivo es más productiva, fiable e incluso feliz”, sentenció.
Quizá la ceremonia matutina de la Cámara, donde se izó la bandera blanca y verde, ha sido el último acto institucional antes de la contienda política, para conmemorar los 46 años de autogobierno, desde el referéndum de 1980 con el que Andalucía logró un Estatuto de Autonomía plena, similar al de Catalunya, Galicia y Euskadi (las llamadas nacionalidades históricas).
A la gala posterior que organiza la Junta en el Teatro de la Maestranza, con la distinción de Hijos Predilectos y la entrega de Medallas de Andalucía, le dieron plantón todos los grupos parlamentarios, excepto el PP. No asistió ningún miembro del Gobierno central ni el delegado en Andalucía. Y, por descontado, no asistió la vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y candidata socialista, María Jesús Montero, que el año pasado (recién nombrada líder del PSOE-A) sí estuvo.
Juanma Moreno ha llegado a este punto de su mandato -tras ocho años de gobiernos- aupado por las encuestas que le colocan al borde de renovar la mayoría absoluta. La foto finish le sitúa con un pie dentro o con un pie fuera de los 55 escaños necesarios para gobernar en solitario.
El presidente de la Junta llegó sonriente al Parlamento y se topó de frente con Montero, jefa de la oposición, y aspirante a sucederle. A los socialistas, que hoy están en su suelo electoral, las encuestas les vaticinan un hundimiento histórico, codeándose más con Vox que con el PP. Cuando terminó el acto institucional, Montero se marchó con los suyos a un pueblo de Huelva (Moguer), donde celebrar el 28F “cerca del pueblo”.
Los grupos de izquierdas -Por Andalucía y Adelante Andalucía- se unieron, como cada año, a las movilizaciones en las calles que aprovechan el Día de Andalucía para reivindicar demandas insatisfechas con los años: menos paro, más sanidad y educación públicas, más vivienda, menos desigualdades, menos pobreza... Vox, que abomina del Estado de las Autonomías, también se quedó al Parlamento, pero se marchó al finalizar, enviando a un “representante testimonial” a “el show de Juanma”.
El discurso de Moreno, entre lágrimas
El discurso de Moreno ha empezado por el dolor. Las tragedias de Adamuz, donde murieron 46 personas y cientos quedaron heridos en el terrible accidente ferroviario, y la borrasca que ha destrozado pueblos, viviendas, carreteras enteras. El presidente andaluz ha roto a llorar mientras leía, varias veces, y a duras penas ha podido continuar mientras recordaba a los fallecidos y a sus familiares.
“El inicio de este año ha sido cruel con esta tierra”, ha dicho, pidiendo disculpas por no poder reprimir el llanto. “Conocer las historias de todos es difícil...”. Cuando el presidente ha prometido a Liliana, la hija de una de las víctimas del accidente, su “gobierno no dejará de trabajar por llegar a la verdad” de lo ocurrido, el público se ha puesto en pie a aplaudir.
Otros años, el discurso del presidente andaluz ha pivotado más contra el Gobierno central, subrayando las reivindicaciones históricas, con especial incidencia en mejorar la financiación autonómica. Este año, en cambio, Moreno no se ha extendido en este registro. Montero, su adversaria en las urnas, ha puesto sobre la mesa una propuesta de reforma del modelo de financiación que destina a Andalucía 5.700 millones de euros más al año, pero el PP la ha rechazado de plano, porque la considera “un traje a la medida del independentismo catalán”.
El objetivo del discurso de Moreno era apelar al corazón de los andaluces -de los electores- con un alegato en defensa de la felicidad, casi como una consecuencia lógica de su gestión. El presidente apenas ha hecho autocrítica, aunque ha reconocido los problemas estructurales que siguen afectando a los andaluces.“La nuestra es la revolución de la alegría, las soluciones y el trabajo en equipo”, ha dicho.
Andalucía, un país tumbado de 8,7 millones
Andalucía es un “país tumbado” con 8,7 millones de personas, con una economía fuertemente arraigada en dos sectores clave: el agroalimentario y el turismo (hostelería, hoteles...). La principal preocupación de los andaluces, año tras año, sigue siendo el paro, aunque el ejercicio pasado se cerró con la tasa más baja de desempleo desde finales de 2007 (un 14,5%) de la población activa.
El segundo puesto lo ocupa hoy el deterioro de la sanidad pública. Los andaluces perciben, protestan y se manifiestan por la tardanza para lograr cita con el médico de familia, por los retrasos en las listas de espera para un especialista y para operarse. En los últimos cinco años, el número de pacientes que se ha hecho un seguro médico privado se ha multiplicado hasta alcanzar los dos millones de personas. El acceso a la vivienda, sobre todo para los más jóvenes, es la tercera inquietud en Andalucía, común al conjunto de España, aunque un informe reciente revela que en esta región se ha disparado el precio de los pisos por encima de la media.
Moreno no ha citado en ningún momento los problemas de la sanidad pública, la segunda preocupación de los andaluces después del paro, y el vehículo sobre el que toda la oposición de izquierdas ha montado su campaña electoral.
El discurso de Aguirre, de Montesquieu a Camarón
El acto institucional central del 28F está en el Parlamento andaluz, donde por la mañana se izó la bandera, con asistencia de todos los grupos políticos. El presidente de la Cámara, Jesús Aguirre, dio el que probablemente será su último discurso un 28F, condensando en 20 minutos un balance amable de cuatro años de legislatura.
El texto de Aguirre, muy deslabazado, saltó de un tema a otro, del rechazo a la violencia machista a las obras en la fachada del Parlamento, de la paz mundial a la recuperación del tradicional villancico navideño y la instalación del Belén, de Montesquieu a Camarón de la Isla.
El presidente de la Cámara hizo un elogio a la estabilidad política andaluza -“en Andalucía las instituciones gozan de buena salud”- en lo que muchos entendieron una reivindicación de la mayoría absoluta de Moreno, frente a la inestable mayoría parlamentaria de Pedro Sánchez en el Congreso. Todos los grupos de la oposición tildaron su discurso de “propaganda” y acusaron a Aguirre de haber borrado esa separación de poderes, entre el legislativo y el ejecutivo, que él mismo reivindicaba al citar a Montesquieu.
Hijos Predilectos y Medallas
Los Hijos Predilectos y las Medallas de Andalucía de este año han dado más protagonismo al folklore que otros años: dos cantantes (Manuel Carrasco y Ana Mena), un torero (Morante de la Puebla) y una actriz, modelo y directora de cine (Paz Vega). Los más críticos han afeado al Gobierno andaluz que explote la imagen más tradicionalista que se tiene de Andalucía allende sus fronteras.
También se ha premiado a empresarios, investigadores, instituciones, deportistas y, sobre todo, al pueblo de Adamuz (Córdoba), donde tuvo lugar la mayor tragedia ferroviaria que ha sufrido esta tierra en su historia: 46 muertos y cientos de heridos. El municipio cordobés se volcó con los afectados y el Parlamento andaluz, por unanimidad de todos sus grupos, pidió a la Junta que reconociese esa solidaridad y ese esfuerzo con la Medalla.
El momento más emotivo de la gala, con todo el patio de butacas del Maestranza en pie, fue cuando el alcalde y una representación de vecinos de Adamuz subió al escenario a recoger el galardón, escudados por sanitarios, agentes de seguridad, bomberos y personal de emergencias que ayudaron en el terrible choque frontal de dos trenes.
El otro golpe emocional que ha recibido Andalucía es el tren de borrascas, que obligó a desalojar de sus casas a miles de personas, destrozó viviendas, carreteras, colegios... Grazalema fue evacuado por completo y la Junta ha querido tener un gesto de “agradecimiento” con sus vecinos.
La gala fue más musical que de costumbre. Arrancó con un grupo de mujeres de Triana cantando, que el año pasado se hicieron virales sin querer, cuando las grabaron entonando una alegría camino de sus casas, de regreso de la Velá de su barrio. También sonó “Como yo te amo”, entonada por Falete, Raúle y María Parrado. Subíó e ballet Flamenco de Andalucía, cantó María Parrado y cantaron los premiados, Ana Mena, los Cantores de Híspales, y Manuel Carrasco, que cerró la gala, guitarra en mano, entonando el Himno de Andalucía.
El discurso más aplaudido fue el de uno de los Hijos Predilectos. Manuel Carrasco leyó un relato muy personal -las lágrimas le pararon varias veces- pero también reivindicativo, el único que hizo un alegato crítico por la “sanidad pública de nuestra tierra”. Citó a su familia, a sus maestros, a sus amigos. Se paró a cecear -el acento más propio de un onubense- para plantar cara a quienes se mofan del acento andaluz: “Ce quieren ir ustedes al carajo...”. El público, 1.800 butacas ocupadas, le aplaudió aplaudiéndose a sí mismo. “Sólo soy un artista de los muchos que pare esta tierra”, culminó.
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