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Visto para sentencia el desahucio que se convirtió en batalla

Néstor Cenizo

Este jueves quedó visto para sentencia el juicio por los incidentes ocurridos en el desahucio de una vivienda en la barriada de Las Flores, en Málaga, el 15 de septiembre de 2011. Aquel día la policía cargó contra los vecinos para que el secretario judicial pudiese entregar una notificación que aplazaba el lanzamiento. Hubo porrazos, golpes y vecinos por el suelo. Luego llovieron piedras y botellas de vidrio, hubo carreras y algunos vehículos quedaron destrozados. Que hubo una batalla campal después de la carga policial no es discutido. El juez tendrá que dilucidar si alguno de los cinco acusados participó en ella, y para eso tomó declaración a siete policías y varios testigos de los hechos.

Los vídeos colgados en YouTube muestran los momentos previos a la carga, pero no la huida de la policía bajo las piedras. La primera escena es esta: un grupo de unos treinta vecinos y activistas protestan ante el portal de Maite, la mujer que iba a ser desahuciada, que entonces tenía dos hijas, una de ellas nacida hacía pocas semanas. Corean las consignas habituales. “La concentración era pacífica”, han reconocido en el juicio varios policías. El cerrajero, aseguran los testigos, se había marchado, y el desahucio se iba a posponer por decisión del secretario judicial y el juez. Y sin embargo, la operación se torció.

 

 

Carlos Alonso Moreno, un activista anti-desahucios, negoció con la policía antes de la carga. “Me dijeron que tenían que entregar el aplazamiento. Pero sabemos que a veces dicen eso y es mentira. En ese caso, no dejamos pasar. De haber sabido que iban a cargar…”, explicaba antes de la primera suspensión de la vista, en noviembre. A él se le ve, en uno de los vídeos, recibiendo un porrazo. La policía carga y hay golpes, tirones y empujones. Uno de ellos, a Juana García Lavado, una señora de unos setenta años, que este jueves declaró en el juicio y dijo que la policía la zarandeo y la golpeó: “A mi nieta la cogieron de los pelos y la revolearon”. Ángel Martín, otro activista, asegura que la policía no avisó de la carga. Mientras los agentes despejan el portal y con muchos vecinos en el suelo, alguien mantiene un megáfono y sigue gritando: “Todos ganamos si no nos peleamos”. A partir de ese momento, llovieron piedras y otros objetos sobre los agentes, que se retiraron y regresaron poco después con refuerzos.

 

 

Detuvieron a dos personas y varios días después, a otras tres, acusados de atentado, daños y lesiones. Ninguno de los cinco detenidos es activista. Los tres detenidos en días posteriores fueron acusados solo de los daños producidos en los vehículos, mientras que a los dos primeros se les acusa también de las lesiones a los policías.

“Corrí porque todos corrían”

En el juicio, los siete agentes que declararon no identificaron con claridad quién les lanzó piedras y quién la tomó con los coches. “Los vimos tirando piedras y salieron corriendo. Pasamos sus características físicas y al final de la calle había un zeta que los cogió”, declaró un agente respecto a los dos detenidos el día de los hechos. Uno de ellos, Raúl Báez, asegura que no lanzó ninguna piedra. Estaba en la calle, dice, porque tenía cita con el médico: “Corrí porque todos corrían”.

Un amigo del otro detenido inicialmente y su madre declararon en el juicio que vieron a diez o quince personas lanzando piedras, pero que el muchacho acusado, B.S., no estaba entre ellas. Cuando terminó el tumulto, aseguran que B.S. les dijo que iba al instituto a recoger un certificado. “Al minuto llegó la policía. A mí me pegaron en la pierna. Todos salimos a correr”, relató el testigo. Los abogados de los otros tres alegaron que sus detenciones, días después, fueron “aleatorias” y motivadas por contar con antecedentes. “Había que detener a alguien”. Uno de ellos pidió que se deduzca testimonio contra los policías por posible falso testimonio.

La Fiscalía rebajó la petición inicial de pena (hasta tres años, la más alta), pero insistió en la tesis: “Todo obedece al mismo cometido de menoscabar el principio de autoridad. Y no se discute que la policía actuaba en el ejercicio de sus funciones”. La defensa plantea otra cuestión: ¿cómo saber quién ha lanzado la piedra en una batalla campal? “El primer requisito es que se individualice la conducta”, dijo uno de los abogados. Según los defensores, eso no ha ocurrido, y ni siquiera ha quedado acreditado que los muchachos estuvieran allí. Además, opinan que la policía se extralimitó.

“La hemos cagado”, dice Baéz que escuchó decir a los policías. Hubo daños a los coches y lesiones a los agentes. También una carga policial dura para un desahucio que había sido pospuesto. Cuando se ejecutó el lanzamiento, meses después, Maite y sus hijas ya no estaban allí. Se marcharon antes.

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