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Debí tirar más fotos y el melanismo periodístico

El cantante Bad Bunny, durante un concierto.
10 de junio de 2026 21:02 h

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¿Sabes por qué son negras?, me pregunta mi pareja.

Me gusta leer en un sillón mostaza que lame una de las ventanas de la casa y que me permite observar la calle cuando levanto la mirada. Es 28 de mayo, jueves tarde de un calor punzante. Hojeo la poesía completa de Idea Vilariño en mi afán por olvidarme de los titulares, de las guerras, de la miseria política. Una polilla entra por la ventana abierta. Es de una oscuridad vacía, violenta. Sobrevuela iracunda una de mis fotos de embarazada, otra de la facultad en la que mi mirada es un hilo frágil a punto de abandonar periodismo. Se deja caer en mi pasado agitando las patitas, rebota en el cristal, se desploma sobre el poema de Vilariño que tengo entre manos: Tal vez no era pecar, la fórmula, el secreto/ sino darse y tomar perdida, ingenuamente,/tal vez pude elegir, o necesariamente/ tenía que pedir sentido a toda costa.

Mi mirada es viscosa, quizás por eso no me muevo. ¿Sabes por qué son negras?, me pregunta mi pareja.

Antes, mucho antes, las polillas eran claras, luminosas. Se camuflaban con los líquenes de color claro y las cortezas de los árboles. Luego vino la revolución industrial y las ciudades se oscurecieron de hollín, de modo que las blancas dejaron de pasar inadvertidas. Las polillas negras tuvieron entonces más probabilidades de sobrevivir ante sus depredadores. Y se oscurecieron. Y de esta forma sobrevivían. 

Pienso en la suciedad de las calles que habitamos y en que hay poca verdad en la realidad. Pienso en la polilla sobre el poema de Vilariño, en su vuelo en éxtasis y en esa inmovilidad dolorosa sobre un verso. Pienso en la noticia del día: las redes exudan decenas de videos y titulares a partir de un comunicado cauteloso de EFE que dice “Bad Bunny suena en pizarras digitales de aulas andaluzas sin que se sepa la causa.” 

Leo: La Junta de Andalucía abre una investigación al sistema de pizarras digitales de colegios e institutos tras ser hackeadas dos veces para que suene Bad Bunny.

Leo: La Junta investiga si se han hackeado pizarras digitales en centros educativos para que suenen canciones de Bad Bunny.

Leo: hackeo. Brecha de seguridad. Acceso ilícito a sistemas informáticos. Penas de hasta tres años de prisión. Brecha de datos.

Un profesor de un colegio de Málaga, alentado por el deseo de motivar a su alumnado, descubre que puede sustituir el molesto timbre que anuncia el recreo por una canción que excite las meninges de los estudiantes. Es así como descubre que las pizarras digitales marca ACME permiten reproducir una canción gracias a una app. Por qué no, piensa. Al fin y al cabo, está haciendo uso de los pocos recursos que tiene a su alcance

Ahogo todas las voces. Hay una belleza oculta en muchas historias, y un coraje exigente en intentar desvelarla. Le pregunto a amigos y conocidos, a unos y otros, no el por qué aparece en las pizarras digitales la canción “Debí tirar más fotos” dedicada a Irene, sino para qué, sino quién es Irene, sino quién le dedica una canción, sino el motivo que mira hacia adelante - hacia el propósito- en lugar de hacerlo hacia atrás -hacia la causa-.

No fue hace mucho, hace unos meses: un profesor de un colegio de Málaga, alentado por el deseo de motivar a su alumnado, descubre que puede sustituir el molesto timbre que anuncia el recreo por una canción que excite las meninges de los estudiantes. Es así como descubre que las pizarras digitales marca ACME permiten reproducir una canción gracias a una app. Por qué no, piensa. Al fin y al cabo, está haciendo uso de los pocos recursos que tiene a su alcance. Lo hace durante meses ante el gozoso alboroto de los chavales: las diez pizarras digitales de su centro reproducen las canciones elegidas a las 10:15 de la mañana, incluyendo dedicatorias al alumnado. Irene es una alumna brillante. El profesor decide regalarle esa canción que tanto le gusta y ella escucha la melodía con los ojos encendidos que alumbran su castillo de naipes.

Este jueves, el profesor que sueña lo imposible se da cuenta por las redes sociales y la prensa de que su gesto ha llegado a otros colegios de Andalucía: Debí tirar más fotos, dedicada a Irene, 53.000 pantallas con un solo MDM (un software centralizado, un “cerebro” remoto que permite gestionar cientos de dispositivos a la vez desde un único ordenador central) para gobernarlas a todas. Los titulares lo convierten en un hacker, en una brecha de datos, en un presunto delincuente.

Los técnicos de la Junta de Andalucía leen los mismos titulares y emprenden una búsqueda frenética contra el infractor. Si lo dice la prensa. Es así como invierten toda la tarde y toda la noche investigando si un hacker ha vulnerado su sistema y ha hecho una gracia en todas las pizarras.

Me gustaría decirles a mis hijos que confíen en el periodismo, en la educación pública, en la sanidad. Que hay esperanza. Desde la revolución industrial no somos personas: somos polillas negras sobrevolando en zig zag una realidad despigmentada, cegadas por la luz artificial, volando en círculos

Pienso en que no habrá a partir de ahora muchos profesionales con ganas de motivar y que se atrevan a sacar los pies del plato, no vayan a toparse con una sociedad que o les señala con el dedo o reciben una paliza por la espalda de un antidisturbios por manifestarse contra los recortes. 

Tampoco verán esta historia escrita en ningún medio. La sumisión a los clics, el empleo precario, el uso de la IA, más contenido, más rápido, más difícil de confrontar, más fácil de amplificar. Más polillas negras. Más hollín. No es solo la jarana de unos titulares inexactos. No es que hayamos perdido la pasión por contar lo que otros no pueden ver. Es que contamos todos lo mismo. 

Al bucear en historias como esta, siento una alegría de polilla blanca, de pan recién hecho, de saltar a la rayuela, de niña saliendo al recreo y escuchar en lugar del timbre, por poner un ejemplo, aquel grito de “Chiquilla” de Seguridad Social. Qué alegría, me digo. Una alumna sobresaliente. Qué alegría. Un profesor que pese a estar vapuleado por los recortes busca otros caminos para motivar a su alumnado con los recursos que tiene.

Hace poco, en terapia, mi psicóloga me dijo: deja de preguntarte todo el tiempo el porqué; el porqué a veces solo codicia la falla, la culpa. Pregúntate para qué. Es en el para qué donde duermen nuestras verdaderas razones.

Para qué disfrazó ese profesor durante meses las pizarras digitales con una canción. Para qué encendió los ojos de Irene. Para qué, también, los técnicos de la Junta emprendieron su búsqueda frenética. Para qué inventar un enemigo exterior cibernético. Para qué contamos todos lo mismo.

Me gustaría decirles a mis hijos que confíen en el periodismo, en la educación pública, en la sanidad. Que hay esperanza. Desde la revolución industrial no somos personas: somos polillas negras sobrevolando en zig zag una realidad despigmentada, cegadas por la luz artificial, volando en círculos. Siempre que el aire abrasa es así. Y, sin embargo, hay pocos espectáculos como estar sentada en un sillón mostaza observando el vuelo de las polillas negras, la mácula de unas alas que una vez, hace tiempo, fueron luminosas. Irene lo sabe. 

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Desdeelsur es un espacio de expresión de opinión sobre y desde Andalucía. Un depósito de ideas para compartir y de reflexiones en las que participar

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