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ARAGÓN

Esta vez también votaré

"En lugar de reconquistar los derechos eliminados en los tiempos de la crisis, de luchar por la igualdad, de reconquistar la Europa Social y el Estado de Derecho, la derecha española pretende empezar una reconquista en Covadonga"

Soy de las personas que han dedicado una buena parte de su vida a la política. Una vez que me saturé de dogmas, utopías imposibles de cumplir, de ineficiencia  para buscar soluciones a los nuevos problemas, de luchas por el poder en lugar de por las ideas, de incapacidad para llegar a consensos… dejé la militancia partidista -que no la social- hasta tal punto que, durante un tiempo, ha habido más de una ocasión en que he votado en blanco.

Después pensé que, al menos en parte, el problema no era mío. Y no porque los partidos -ni los viejos ni los nuevos, ya se llamen estos agrupaciones o confluencias- hayan encontrado soluciones a esos problemas, hayan dejado de pensar que son los únicos que pueden arreglar las cosas o hayan dejado de prometernos el cielo para pasado mañana,  sino porque en cada momento tenemos que intervenir con los instrumentos de que disponemos, no con los que nos gustaría tener. Y esos son los que condicionan los objetivos y los ritmos que nos podemos marcar.

Estoy convencido de que al poco tiempo de votar empezaré a sentir cierta desazón: la Iglesia tendrá los mismos poderes, los bancos, las eléctricas, las farmacéuticas o las grandes corporaciones seguirán incrementando sus beneficios a costa de la ciudadanía, el medioambiente se seguirá deteriorando y las mujeres tendrán que mostrar su inocencia como en tiempos del dictador Franco.  Pero aun así votaré.

Todas las elecciones son importantes, pero lo que nos jugamos en éstas es mucho, también a nivel europeo. La diversidad y la democracia están en juego. La derecha no acepta más que a una sociedad que piense como ella, los demás somos independentistas, o amigos de ETA –que afortunadamente ya no existe-, o estamos a favor de las “feminazis”, o queremos remover el pasado cuando pretendemos enterrar dignamente a quienes todavía están en las cunetas. A la derecha le preocupan más los toros, la caza, la uniformidad o el orden que las pensiones, el salario mínimo, las prestaciones sociales, los derechos de las minorías o la justicia.

En lugar de reconquistar los derechos eliminados en los tiempos de la crisis, de luchar por la igualdad, de reconquistar la Europa Social y el Estado de Derecho, la derecha española pretende empezar una reconquista en Covadonga que nos puede conducir a lustros de feudalismo ideológico. En lugar de optar a ser novias de la vida, de comprometerse en salvar a los inmigrantes que mueren en el Mediterráneo, o algunos de los miles de niños que mueren de hambre todos los días, la derecha española prefiere ser novia de la muerte.

Ni mi voto ni mi llamamiento a la participación es un voto del miedo. Ni tampoco es el voto del mal menor, de votar a aquellos que tienen las mayores posibilidades de ganar. Lo que propongo es votar de tal manera que garanticemos una mayoría de izquierdas capaz de gobernar, de primar la cooperación sobre la confrontación electoral; de tener la voluntad de sumar mayorías- incluso más amplias que los acuerdos de gobierno o que los apoyos de investidura- para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía; votar a personas capaces de explicarnos la magnitud de los problemas con los que se nos encontramos y lo difícil que es, a veces, resolverlos.

Para conseguir esto no hay un solo voto útil, en cada circunscripción electoral dependerá de las opciones que se presenten, dependerá de las personas- algunas ya nos han demostrado de qué son capaces- que compongan las listas electorales. Y dependerá, especialmente, de que aquella opción por la que optemos tenga los suficientes votos como para conseguir representación electoral.

¿Es esto una utopía? Es posible, pero quien no cree en utopías pocas veces cambia las cosas. Por otra parte, ya tenemos un ejemplo- además de Portugal- en el País Valencià. Y con tal nivel de compromiso que en aquel departamento que ha dirigido un socialista, el siguiente cargo ha sido Compromís y al revés. Eso no es garantía de éxito, pero al menos es algo más que un gobierno  que se limite a repartir el poder.

Es posible que parte de la izquierda no sea consciente de que la diversidad no va a ser una cosa pasajera, al menos en los próximos años, y que si quiere gobernar tiene que hacerlo con acuerdos con otras opciones. Pues bien, “ayudémosles a entenderlo” con nuestro voto y  ayudémosles, después de las elecciones, propiciando espacios de debate, reflexión y, si es posible, de acciones comunes a toda la izquierda.

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