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Poca percepción del riesgo y un daño equivalente a 60 cajetillas de tabaco: la Policía alerta sobre el vapeo en menores

Varios modelos de cigarrillos electrónicos, alguno de ellos con niveles de nicotina que equivaldrían a unas 60 cajetillas de tabaco

Candela Canales

16 de marzo de 2026 22:41 h

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Ya no se esconden en el baño ni esperan al final de las clases. El fenómeno del vapeo entre adolescentes ha entrado en las aulas y en los centros educativos, preocupando a docentes y autoridades por la falta de percepción del riesgo entre los jóvenes. Así lo explica Jesús Cortes, agente de Participación Ciudadana de la Policía Nacional en Zaragoza: “Hace tiempo empezamos a ver a chicos y chicas muy jóvenes utilizando cigarrillos electrónicos en los alrededores de los centros, en recreos o a la entrada y salida”, explica. Con el paso del tiempo, esa conducta ha ido entrando también en los propios centros. “Primero lo hacían en baños o pasillos, en sitios discretos. Pero ya hemos detectado casos dentro del aula, incluso durante una de las charlas que damos nosotros”.

Los docentes también han trasladado situaciones similares. Algunos alumnos aprovechan momentos en los que el profesor se gira para escribir en la pizarra o usar el ordenador. “Cuando se da la vuelta se encuentra con la nube, pero no sabe quién ha sido”, resume Cortés.

Uno de los aspectos que más preocupa a los agentes es la escasa percepción del riesgo entre los adolescentes. Muchos consideran que vapear es prácticamente inocuo: “Creen que están inhalando vapor de agua, pero en realidad es un aerosol con distintas sustancias químicas”, explica Cortés. Estos dispositivos pueden contener nicotina y otros compuestos perjudiciales para la salud, con efectos sobre el aparato respiratorio y cardiovascular.

Jesús Cortes,  policía del área de Participación Ciudadana

Además, advierte de que la nicotina es altamente adictiva y puede afectar al cerebro en desarrollo, algo especialmente relevante en menores. La apariencia de los dispositivos contribuye a esa percepción. “Son de colores, muy llamativos, con sabores dulces y olores agradables”, señala el policía. A ello se suma la influencia de redes sociales y campañas de marketing que presentan el vapeo como algo inofensivo.

Ese desconocimiento no se limita solo a los adolescentes. “En algunos casos tampoco las familias son conscientes del riesgo”, explica Cortés. Han detectado situaciones en las que menores han recibido estos dispositivos como regalo: “Ha habido casos en los que se han regalado vapeadores en primeras comuniones pensando que es algo inocuo. El riesgo no lo perciben los adolescentes, pero el problema es que tampoco lo percibe la sociedad en general”.

Compra por internet y reventa entre alumnos

La Policía también ha detectado que muchos de los dispositivos que utilizan los menores no proceden de los canales de venta regulados. Según explica Cortés, los jóvenes acceden a ellos a través de máquinas expendedoras, compras por internet —a menudo en páginas extranjeras que no verifican la edad— o mediante la reventa entre compañeros. “Estamos viendo que algunos alumnos compran estos dispositivos online y luego los venden dentro del propio centro o entre su grupo de amigos”, señala. Esto implica que muchos de los cigarrillos electrónicos que circulan entre menores están al margen de los controles sanitarios que sí tienen los productos que se comercializan legalmente.

Cigarrillos electrónicos disponibles en una máquina expendedora

También han detectado que se cometen pequeños hurtos o actos delictivos para obtener el dinero: “Para chavales tan jóvenes, conseguir ese dinero no es fácil, y ya estamos detectando pequeños hurtos o faltas de dinero en el entorno familiar para poder costear el cigarrillo electrónico”, advierte el agente.

Los que se venden en las máquinas de vending, con un formato de cigarrillos electrónicos de un solo uso, en principio no tienen nicotina pero “existen evidencias y controles que se han hecho que demuestran que, aunque sea en menor medida, algunos restos tienen”, además de “la cantidad de compuestos dañinos y cancerígenos que llevan para la salud de cualquier persona”.

Un cigarrillo electrónico en un bazar

La Policía ha detectado además dispositivos con concentraciones de nicotina muy superiores a las permitidas por la normativa española. Según explica Cortés, la legislación establece un límite equivalente aproximadamente al contenido de una cajetilla de tabaco. Sin embargo, algunos de los vapeadores que están encontrando entre menores ofrecen hasta 40.000 caladas, lo que puede equivaler a unas 60 cajetillas de tabaco, 1.200 cigarros.

Un consumo extendido

Los datos del estudio ESTUDES del Plan Nacional sobre Drogas reflejan hasta qué punto el vapeo se ha extendido entre los jóvenes. Según esta encuesta, el 49,5% de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconoce haber probado alguna vez un cigarrillo electrónico. El consumo es ligeramente mayor entre chicas (50,5%) que entre chicos (48,5%) y aumenta con la edad hasta alcanzar su punto más alto a los 17 años, cuando llega al 57,2%.

Para la Policía, estas cifras apuntan a que el vapeo se está consolidando como un hábito entre los adolescentes. “Ya no hablamos solo de consumos puntuales”, señala Cortés. “En algunos casos se mantiene en el tiempo y puede generar problemas de adicción, porque estamos hablando de productos que no sólo son dañinos para el aparato respiratorio y cardiovascular, sino que además el hecho de que llevan nicotina son altamente adictivos y además con grandes cantidades”.

La legislación española prohíbe fumar o usar cigarrillos electrónicos en los centros educativos y también su venta a menores de 18 años. Aun así, la Policía reconoce que el problema requiere sobre todo un enfoque preventivo. “Intentamos trabajar sobre todo desde la información y la concienciación”, explica Cortés. Por eso están reforzando las charlas y talleres dirigidos a alumnado, profesorado y familias. En los centros, se aplica el régimen interno que recoge medidas disciplinarias. Cuando se detecta a algún alumno o alumna consumiendo dentro del entorno educativo, los agentes contactan con la familia: “Muchas familias sabían que sus hijos consumían pero desconocen lo que pueden llevar este tipo de dispositivos y el daño que pueden hacer a la salud”. Cortes resume su labor como “informar a todas las partes: a las familias, al alumnado y apoyar la labor de los docentes”.

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