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Un premio nacional, un centro cívico y tres arquitectos aragoneses que transforman espacios respetando el territorio

Los tres arquitectos del Grupo GEN Arquitectura.

María Bosque Senero

3 de julio de 2025 01:45 h

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Que el centro cívico de un pueblo de Aragón sea seleccionado por el Colegio de Arquitectos de la comunidad como obra destacada es una alegría para Épila. Si ese proyecto aragonés, además, es el único que figura entre los 27 finalistas a los Premios ARQUITECTURA 2025 del CSCAE, y ha sido seleccionado por un jurado de reconocido prestigio entre 201 propuestas de toda España, la sorpresa es mayúscula.

Es lo que le ha sucedido al proyecto de la reforma del edificio para el Centro Cívico ‘Tangram’, ubicado en la localidad de Épila (Zaragoza), llevado a cabo por Javier Hernando, David Cerezo y Javier Corzán, tres aragoneses que decidieron fundar un estudio de arquitectura “diferente” y que en el año 2018 materializaron esa idea fundando el Grupo GEN Arquitectura.

Los tres son arquitectos técnicos por la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia de la Universidad de Zaragoza (2012), y arquitectos por la Escuela de Arquitectura y Tecnología de la Universidad San Jorge de Zaragoza (2017), aunque cada uno está enfocado y especializado en diferentes materias arquitectónicas. Hasta aquí, la historia es similar a la de muchos arquitectos y arquitectos técnicos. Sin embargo, hay algo que caracteriza a estos tres jóvenes: su vocación por generar cambios que sean significativos en el territorio y en las personas que lo habitan, llevándolos a cabo desde el corazón de los municipios.

Que los tres hayan crecido en zonas de Aragón de escasa o media población ha hecho que su forma de trabajar sea respetuosa con la identidad y con el concepto de zona rural. Hace ocho años tomaron la decisión de apostar por desarrollar su profesión deslocalizados de la capital y ahora, ser seleccionados como finalistas en los Premios ARQUITECTURA del CSCAE supone para ellos “un hito muy importante”, un reconocimiento a nivel nacional que: “Valida nuestra manera de entender y ejercer la arquitectura, basada en un compromiso crítico y optimista con nuestro territorio”, asegura Javier Hernando.

Deslocalizar para entender y atender

Javier Corzán (35) es de Azuara, David Cerezo (36) de Fuentes de Ebro, y Javier Hernando (35), de Épila. Los tres tenían la vocación de construir desde pequeños, coincidieron primero en La Almunia y más tarde en Zaragoza. De las conversaciones a lo largo de los años de formación que les unió, nació una sintonía basada en compartir caracteres similares y la idea de una arquitectura que piense en global actuando desde lo local.

Después de hacer prácticas y trabajar para otros estudios de arquitectura y empresas, los tres jóvenes decidieron en 2018 poner en marcha su propia idea de estudio de arquitectura. Le llamaron Gen, del griego 'gēnós', que significa 'origen, crear, elemento común'. Y se enfrentaron con convicción a una pregunta: ¿va a funcionar un estudio de arquitectura aquí, en un municipio?

Su repuesta fue: y ¿por qué no? En Épila era una necesidad presente y ¿quién mejor para cubrirla que gente del propio municipio? Así abrieron la primera sede en Épila, y en estos siete años de trabajo han ido llegado progresivamente las de Fuentes de Ebro, Barbastro y finalmente Zaragoza.

La oficina de Zaragoza responde a una doble necesidad: “Nos dimos cuenta de que los clientes a nivel de equipamientos, instituciones públicas, etcétera, requieren atención en la capital”, reconoce Hernando, pero también la captación de talento requiere presencia en lo urbano: “Si queríamos que los más jóvenes se incorporaran o pudieran hacer prácticas en nuestro estudio, teníamos que resolver su problema de desplazamiento”, apunta el arquitecto.

Sin embargo, su filosofía de emprendimiento y de fomentar la inquietud de su equipo juega un papel fundamental para los fundadores de GEN: “Tratamos de incentivar que vengan a las oficinas de los pueblos para que vivan la experiencia de cómo se trabaja desde un nivel hiperlocal. El cliente está con nosotros, desde que pisa por primera vez la oficina con una idea, hasta la entrega del proyecto, y eso no se aprende en las grandes empresas”, añade Hernando.

Reconocen que trabajar en lugares pequeños, “donde todos se conocen”, era un reto, y que han aprendido valiosas lecciones que traspasan el ámbito profesional: “Además de arquitecto tienes que ser un poco psicólogo, abogado, mediador, y eso no te lo enseñan en la carrera, y aporta mucho”, confiesan. El respeto inicial ha sido paliado gracias a una receta infalible: “Trabajo, cercanía, pertenencia y más trabajo”.

En la actualidad son 13 las personas que integran en el estudio de arquitectura, y pronto serán 14, ya que fruto de su gusto por colaborar con otros profesionales, “de los que aprender y con los que compartir”, se suma al equipo Sergio Latre, arquitecto que trabaja desde Barbastro: “Tiene conocimientos en estructuras, la misma formación y visión de la profesión que nosotros y diez años más de experiencia”, sonríe Hernando. Esta nueva sede en la provincia de Huesca refuerza la identidad de GEN y confirma la idea de los tres fundadores: que deslocalizar les diferencia y les facilita poder ofrecer una atención cercana e inmediata y soluciones a través de intervenciones contenidas: “No buscamos la grandilocuencia, sino responder a las necesidades y la problemática real de los vecinos y de los municipios”.

Estos tres emprendedores ven como hoy, el que fue el primer proyecto que diseñaron, cuando apenas habían acabado la carrera, se encuentra entre los 27 finalistas a un prestigioso galardón a nivel nacional. Para Javier, David y Javier: “Que ese trabajo, hecho con tanta ilusión y convicción en nuestros inicios, llegue ahora tan lejos, nos emociona especialmente”, confiesan.

El Centro Cívico 'Tangram'

Fiel a la reivindicación de la importancia de conocer el territorio y su paisaje cultural de los tres arquitectos, el nuevo Centro Cívico 'Tangram' ha sido adaptado a las necesidades actuales de la vecindad del municipio sin perder su identidad, conservando la esencia de un edificio de más de 130 años y haciendo que esta juegue en su favor. El inmueble, ubicado en centro del municipio de Épila, próximo al ayuntamiento, ha tenido diversos usos a lo largo de su historia: diseñado en 1889 por el arquitecto Félix Navarro para albergar las antiguas escuelas, fue reformado en 1919 por Teodoro Ríos para acoger las escuelas graduadas, y posteriormente ampliado y transformado en equipamiento público de usos múltiples, además ser fábrica de confecciones durante un tiempo.

Imagen del centro cívico.

Inaugurado de nuevo a finales de diciembre de 2024, las últimas obras para su rehabilitación se iniciaron durante la pandemia del covid, han tenido una duración de cuatro años y han supuesto una inversión de 1,5 millones de euros que ha sido financiada íntegramente por la Diputación Provincial de Zaragoza, a través del plan unificado de subvenciones (PLUS). “Ahora lo hemos rehabilitado para que siga siendo uno de los servicios básicos para los epilanos y las epilanas por lo menos otros 40 años más”, apuntaba durante el acto de inauguración Jesús Bazán, alcalde de Épila y presidente de la comarca de Valdejalón.

El resultado ha sido la liberación de los espacios originales, reubicando los servicios en estructuras autónomas y flexibles, lo que ha dado lugar a cinco grandes espacios distribuidos en sus tres plantas: la planta baja se reserva para el Hogar del jubilado y Sala polivalente; en la planta primera se ubica la terraza exterior y el Espacio joven, y en la planta segunda la ludoteca. También se ha incorporado eficiencia energética y economía circular, asegurando así la evolución del edificio como referente arquitectónico.

Este edificio compuesto por muros de mampostería de piedra caliza y forjados de ladrillo, madera y metal, forma parte de la memoria colectiva de Épila, “un lugar que ha atravesado generaciones” y que, con esta nueva intervención: “Esperamos que lo siga haciendo durante muchos años más”, desean los creadores de este nuevo espacio.

La arquitectura puede poner a las personas en el centro desde dentro

El proyecto planteado por el Grupo GEN para convertir en centro cívico un edificio con 130 años de historia ha generado espacios amplios y versátiles donde las personas se puedan situar “en el centro de todo, reflejando en él un compromiso con la historia, la comunidad y el futuro”, explica Javier Hernando. Una idea que caracteriza la forma de entender la arquitectura en el territorio de estos arquitectos aragoneses. Pero, además, ha contado con un presupuesto “contenido”, en comparación con otras de las obras finalistas con las que compite en el Premio nacional ARQUITECTURA 2025.

Para la ejecución de esos trabajos, que se han ido ejecutando en distintas fases a lo largo de cuatro años, GEN Arquitectura ha contratado a gremios y profesionales locales, cumpliendo así otra de sus máximas, la de contar con el territorio. “Para nosotros, esta implicación del entorno cercano no solo enriquece el resultado final, sino que refuerza el arraigo del proyecto con su comunidad”, añade el arquitecto.

Este edificio histórico en Épila se ha convertido, gracias a esta reforma integral, en un centro cívico y en un referente social, donde se promueve la cultura y la cohesión de la vecindad a través de un nuevo espacio que responde a las necesidades de una población en crecimiento: “Conocer a las personas que van a hacer uso de los espacios que proyectamos es una ventaja que tiene trabajar desde los municipios”, defiende Hernando, vecino de Épila.

Ser finalistas, ya es un premio

“Creemos firmemente que desde lo pequeño también se pueden transmitir valores universales y dejar una huella duradera”, confiesan los arquitectos de GEN, que este jueves optan con el proyecto “Tangram” a 6 distinciones basadas en valores –universales, culturales, artísticos, profesionales y éticos– y a tres reconocimientos de carácter especial: el Premio de Arquitectura Española, el Premio de Urbanismo Español y el Premio a la Permanencia. El fallo se da a conocer en un acto que se celebra el 3 de julio en Madrid.

En sus ocho años de trayectoria, estos jóvenes han sido finalistas en el Premio García Mercadal, y obtenido la mención en la categoría de Medioambiente por la vivienda unifamiliar LM en Barbastro en la edición de 2023, entre otros hitos. A nivel estatal, dos de sus proyectos: la vivienda unifamiliar LM junto con la protección del pórtico de la Iglesia de San Salvador en Ejea de los Caballeros, también fueron seleccionados en 2023 al premio al que ahora optan como finalistas.

Para el grupo aragonés, haber dado un paso más en el Premio nacional ARQUITECTURA de CSCAE, llegando a ser finalistas en 2025 y compartir la selección “con algunos de los estudios más importantes de la arquitectura en España”, es “un premio en sí”, apunta Javier Hernando. Equipos a los que confiesa que admiran y que: “Han sido, y siguen siendo, una gran inspiración para nosotros”.

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