'La Tierra baja en llamas': un relato de la revuelta anarquista de los pueblos de Teruel contra la República

Guardias Civiles de Valderrobres tras la revolución, junto con una niña que resultó herida en el intento de asalto.

Corría el otoño de 1933, el gobierno de Azaña acababa de caer y España celebraba unas elecciones en las que por primera vez podían votar las mujeres. El centro-derecha del Partido Republicano Radical (PRR) y la derecha católica de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) se alzaron con la victoria a pesar de la campaña a favor de la abstención impulsada por la CNT. Pero en los pueblos y ciudades iba calando el mensaje de los anarquistas.

Su objetivo era instaurar el Comunismo Libertario, una teoría anarquista en contra del Estado, del capitalismo, del trabajo asalariado y de la propiedad privada. Y aún sin haberse constituido el nuevo gobierno, el Pleno Nacional de la CNT decidió el 26 de noviembre en Zaragoza poner en marcha una sublevación armada que comenzaría el 8 de diciembre. Esta llegó también a las comarcas del Bajo Aragón y de Matarraña, donde pronto varios de sus pueblos fueron controlados por los anarquistas.

Así lo relatan Luis Rajadel y Fermín Escribano en el libro 'La Tierra baja en llamas. Diciembre de 1933, por la senda de la revolución', en el que ahondan en la repercusión que este movimiento tuvo en municipios como Valderrobres, Beceite, Mas de las Matas, Alcorisa, Calanda o Alcañiz. Fue allí donde se desarrollaron los principales focos de la provincia con escasos medios y un paupérrimo armamento.

El método de actuación de los anarquistas

Explica Luis Rajadel que la mecánica de los focos anarquistas se repetía en distintos puntos de la geografía española con el interés común de instaurar el Comunismo Libertario. Detenían a los más destacados derechistas, terratenientes, empresarios y funcionarios de cada localidad, cortaban las telecomunicaciones y montaban barricadas para impedir el paso de las fuerzas del Estado.

Conseguían así el control de los Ayuntamientos y, según indica Rajadel, "rara vez había violencia en las detenciones". Era diferente en las localidades donde había cuartel de la Guardia Civil. En Valderrobres lo atacaron, lo rodearon y fue objeto de bombazos, pero resistió hasta el 11 de diciembre, cuando llegaron a la comarca los militares del Ejercito enviados desde Tarragona por el Gobierno.

En ese momento se puso en marcha la represión y la maquinaria judicial, que se consumó el 15 de diciembre, con un millar de presos en la provincia que rebasaban la capacidad de las cárceles. Las condenas ascendían hasta los 20 años, aunque hubo quienes pudieron quedar en libertad por falta de pruebas.

En abril de 1934, sin embargo, el gobierno aprobó una ley de amnistía de los delitos políticos sociales que dejó a muchos de ellos en la calle. No a quienes habían sido condenados por la justicia militar, que tuvieron que esperar a la victoria del Frente Popular en las elecciones del 36, precisa el autor.

El conflicto a nivel nacional concluyó con un balance de 75 muertos y 101 heridos entre los anarquistas, 11 muertos y 45 heridos entre los guardias civiles y 3 muertos y 18 heridos entre los guardias de asalto. En la provincia de Teruel, Rajadel calcula que la cifra en total ascendió a media docena de fallecidos.

Información gracias a los juicios

En 'La Tierra Baja en llamas. Diciembre de 1933, por la senda de la revolución' Luis Rajadel y Fermín Escribano narran la historia de una mismo acontecimiento desde dos prismas diferentes. Rajadel, natural de Valderrobres, muestra la situación que en la comarca del Matarraña se vivió, mientras que Escribano expone la del Bajo Aragón. El libro, además, se completa con un prólogo del investigador Luis Antonio Palacio.

Para recabar la información que presentan en este libro, los autores se apoyaron en los sumarios judiciales que les fueron abiertos a los anarquistas detenidos. Los de carácter civil están almacenados en el Archivo Provincial de Teruel, donde los autores pasaron varias horas tomando fotografías a las páginas y analizando los autos de las sentencias. "Los desmenuzamos y había muchísima documentación, informes de testigos, de médicos, las declaraciones…", dice Rajadel.

Ambos autores son veteranos en la escritura de libros de historia. Escribano abordó en 2017 el mismo tema a nivel nacional con 'La España rojinegra. La insurrección anarquista de diciembre de 1933' y años atrás escribió 'El Movimiento Libertario aragonés y su prensa (1976-1991)'. También Rajadel publicó 'Tret de la memòria', 'Mort al monestir', 'A la vora del riu', '1956, l'any de la gelada' y 'La ternura del pistolero. Batiste, el anarquista indómito'.

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Publicado el
23 de enero de 2020 - 21:37 h

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