Solidaridad y flores por la memoria frente al olvido institucional: Zaragoza homenajea a las profesoras represaliadas
La lluvia arreciaba en esta mañana fría y gris del domingo 12 abril. Con el paraguas en una mano y con un clavel en la otra, la gente se agrupaba en torno al Memorial por las víctimas del franquismo del Cementerio de Torrero. Por primera vez desde que se realiza el homenaje (2010), llovía en este día de recuerdo y memoria, lo que no ha impedido que se lleve a cabo. Tras unas breves palabras, la comitiva avanzaba a depositar las últimas flores en la tapia del cementerio donde se produjeron los fusilamientos. Allí leía unas palabras Pilar Coloma, graduada en Historia y doctoranda en la Universidad de Zaragoza, en memoria de las profesoras represaliadas en Aragón y, finalmente, el Coro Libertario de Torrero entonaba unas canciones, acompañado del coro francés La Rojinegra.
Se cerraba así un homenaje que ha salido adelante, un año más, gracias a la solidaridad ciudadana. “Seguiremos tirando de solidaridad, ya que no podemos tirar de ayuda oficial”, explica a este medio Enrique Gómez, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), que convoca y organiza este acto. Por tercer año consecutivo, desde la llegada de Natalia Chueca (PP) al poder, el Ayuntamiento de Zaragoza no ha colaborado en el homenaje. Preguntados por la falta de apoyo institucional, desde el Consistorio se limitan a decir que no saben dónde está la noticia y que simplemente es el tercer año que no se financian las flores.
Desde 2010 y hasta el gobierno de su predecesor –Jorge Azcón (PP)–, el Ayuntamiento de Zaragoza había contribuido en la financiación de las flores, la contratación del equipo de sonido y la aportación de sillas para los asistentes. “Por lo que nosotros sabemos, las flores valían alrededor de unos 1.500 euros, los 3.700 claveles, más o menos”, dice Gómez, en base a la experiencia de los últimos dos años, sobre la ofrenda floral, que de nuevo ha sido financiada a través de donaciones. Una vez más, el grupo María Confussion –a pesar de que no ha podido cantar por las condiciones meteorológicas– ha aportado el equipo de sonido y tanto el Partido Comunista como Izquierda Unida iban a prestar las sillas para esta ocasión, que finalmente no se han podido utilizar por la lluvia. “Las sillas, eso sí que fue muy sangrante, porque hay mucha gente que es muy mayor. Están ahí al sol, una hora que puede llegar a durar el acto (…), ya era como un ataque directo a familiares de personas que están allí representadas”, comenta el presidente de ARMHA.
Pedagogía de la memoria
El Memorial del Cementerio de Torrero fue aprobado en 2009 por unanimidad de todos los partidos políticos que entonces formaban el Ayuntamiento de Zaragoza: PSOE, PP, CHA, PAR e IU. “No queríamos números, queríamos nombres”, recuerda Gómez sobre dicho momento en el que parecía que había cierto consenso democrático. El memorialista recalca la necesidad de este tipo de actos y de que esas 3.543 personas que fueron asesinadas no caigan en el olvido debido al momento de polarización en el que vivimos: “Lo verdaderamente grave es que haya grupos de WhatsApp que dicen que hay que fusilar a 26 millones de hijos de puta”, dice en relación a los mensajes salieron a la luz en 2020 de ex altos mandos del Ejército y a los que Vox se refirió como “su gente”.
Con esto en mente, ARMHA –que cumplió 20 años el pasado mes de marzo– trabaja para que la memoria histórica de Aragón no quede en el olvido. Su proyecto 'Con nombres y apellidos' ha superado los 50.000 registros. Una base de datos con 50.000 nombres, historias de vida, resistencia y memoria, accesible para familiares, investigadores y el público general. A través de la investigación histórica, distintos homenajes, exposiciones, actividades y rutas memorialistas, la asociación busca hacer pedagogía de la memoria para que esa parte de la historia de España, y de Aragón en concreto, no se vuelva a repetir.
“Siempre hemos dicho verdad, justicia y reparación, pero también hemos añadido garantías de no repetición. Las garantías de no repetición son obviamente un desiderátum, porque nunca se puede saber lo que puede pasar”, reflexiona Gómez. “Si haces verdaderas políticas de memoria, es más fácil que los chavales no puedan decir que con Franco se vivía mejor. Pero claro, si no tienen ni puñetera idea de cómo se vivía con Franco, porque no se lo ha explicado nadie, pues entonces difícilmente van a poder hacer ninguna comparación”.
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