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El bloqueo empieza a desmontarse, pero para noviembre

En las últimas horas los partidos han estado más centrados cada uno de ellos en evitar ser señalado como el responsable de que haya nuevas elecciones que en realmente evitarlas

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Sánchez escribe a Rivera que ya cumple sus condiciones para abstenerse en la investidura

Pedro Sánchez y Albert Rivera, en una imagen de archivo.

A seis días del final del plazo previsto, no hay candidato a la investidura, y nada indica que vaya a haberlo. Ya es casi definitivo: volveremos a ser llamados a las urnas para el domingo 10 de noviembre.

Transcurridos 142 días desde las elecciones generales del pasado 28 de abril, los partidos han empleado las últimas horas quizás más preocupados todos por el relato que por la política. Quizás más centrado cada uno de ellos en evitar ser señalado como el responsable del bloqueo político que en evitar realmente unas nuevas elecciones. ¿Negociaban o simulaban que negociaban, especialmente las dos grandes formaciones del bipartidismo, PSOE y PP, a las que las encuestas señalan como las más probables beneficiarias de la repetición electoral?

De estas últimas horas, quizás lo más interesante sea el imprevisto viraje del lunes de Albert Rivera, que probablemente asustado por el riesgo de hundimiento de su marca si se volvía a las urnas ha abjurado de su no rotundo a Sánchez de estos meses y ha ofrecido un pacto in extremis al líder socialista. Lo interesante de la maniobra de Rivera es ver en las próximas semanas si estamos ante un viraje solo coyuntural o si se trata de algo estructural. En la nueva campaña, ¿aguantará Ciudadanos la presión del PP por apuntarse a España Suma? En la noche del 10 de noviembre, ¿seguirá Rivera cerrado a cualquier pacto con el PSOE de Sánchez o se abrirá como este lunes a pactar hacia su izquierda si, como indican los sondeos, pierde la batalla contra el PP por la hegemonía de la derecha? ¿Empezó este lunes el partido naranja un nuevo viraje, ahora hacia el centro y a volver a ser aquel partido bisagra que pactaba hacia a un lado y hacia otro?

En el lado izquierdo del tablero político, es evidente que la desconfianza entre PSOE y Unidas Podemos se ha agravado estas últimas semanas, las transcurridas desde el fracasado intento de investidura de Pedro Sánchez a finales de julio pasado. Los dos partidos y sus respectivos líderes, Sánchez y Pablo Iglesias, se alejaron aún más en agosto, con la crisis del Open Arms, y han hecho un poco más hondo y más ancho, con las fallidas negociaciones de septiembre, el foso que los separa. Tanto, que en uno y otro lado del foso ya hay quien se pregunta si se han cegado todas las posibilidades de acercamiento y acuerdo no sólo para ahora, sino también para noviembre, tras las nuevas elecciones.

Si las encuestas aciertan, en ese muy probable 10N PSOE y PP mejorarán sus resultados del pasado 28 de abril y el resto de las formaciones de ámbito estatal (Ciudadanos, Unidas Podemos y Vox) caerán entre un poco y bastante. Pero todo indica también que salvo sorpresa mayúscula de alternativa de las tres derechas juntas, solo un partido, el PSOE de Sánchez –y en ningún caso en solitario, pues necesitará sumar varias decenas de escaños ajenos–, estará en condiciones de lograr la investidura y formar Gobierno. ¿Volverá a intentarlo Sánchez apoyándose en Iglesias, pese a las profundas heridas abiertas entre ellos ahora, o se girará hacia Ciudadanos, especialmente tras el movimiento de Rivera de este lunes?

Depende. Depende del resultado de ese 10-N.

Si Ciudadanos pierde definitivamente la pugna con el PP de Pablo Casado por la hegemonía de la derecha, Rivera tendrá muy difícil soportar la presión interna y sobre todo externa y quizás no le quede otra que ceder mucho más de lo que ya ha hecho este lunes: dar un enésimo giro a su errática singladura, volver a jugar a ser partido bisagra y darle estabilidad a Sánchez sacando el propio Rivera el mayor rédito político de todo ello.

Si Unidas Podemos cae y empeora su ratio actual con el PSOE (este tiene tres diputados por cado uno de aquel, y varias encuestas dicen que con lo que subirían los socialistas y lo que bajarían los morados podría pasarse en noviembre a 4-1), Iglesias tendrá difícil insistir en su propuesta de un Gobierno de coalición. Especialmente si Sánchez cuenta entonces con la opción cierta de pactar con Ciudadanos.

Si -tercera hipótesis- el 10-N deja un resultado similar al que dejó el 28-A y continúa el bloqueo, no faltará quien proponga una gran coalición PSOE-PP. En cualquier caso, el bloqueo político ha empezado a desmontarse hoy. En noviembre nadie podrá simular de nuevo que negocia, nadie podrá jugar de nuevo a que se repitan las elecciones.

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