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Entrevista
Coordinador de Izquierda Unida en Cantabria

Israel Ruiz (IU): “Las fuerzas de Sumar debemos ser capaces de marcar agenda propia para avanzar en derechos”

Israel Ruiz Salmón, coordinador de IU Cantabria.

Rubén Alonso

Santander —

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Israel Ruiz Salmón (La Cavada, 1990) ha renovado cuatro años más como coordinador autonómico de Izquierda Unida en Cantabria. Además, desde hace más de un año es primer teniente de alcalde y concejal de Hacienda, Turismo y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Riotuerto, bajo las siglas de Por Riotuerto y en coalición con el PRC. Una labor política que logra compatibilizar con su trabajo como profesor en la Universidad de Deusto, en Bilbao. En esta entrevista, Ruiz Salmón analiza el ecuador de la legislatura del Gobierno de María José Sáenz de Buruaga (PP), al que acusa de falta de iniciativa legislativa y de haber roto consensos sociales en materias clave como sanidad o educación.

También aborda el papel de la oposición y hace hincapié en que falta “una voz distinta y díscola en el Parlamento” y, para ello, insiste en la necesidad de que de cara a 2027 se logre conformar una candidatura única de izquierdas: “Si somos capaces de coincidir en las manifestaciones por la vivienda, por Palestina, por la sanidad o por la educación, quizá la ciudadanía quiera que también coincidamos en una candidatura”, sostiene, al tiempo que también hace un repaso por el panorama nacional y el papel de Sumar en el Ejecutivo de Pedro Sánchez: “Tenemos ministerios y debemos ser capaces de marcar una agenda propia para avanzar en derechos y no perder esta ventana de oportunidad, que hoy está abierta, pero que no sabemos si volverá a estarlo”.

Estamos en el ecuador de la legislatura en Cantabria. ¿Cómo calificaría la labor del Gobierno que preside María José Sáenz de Buruaga estos dos años?

Ya no es una calificación que pueda hacer Izquierda Unida, sino una constatación de la labor o de la falta de ella de su Gobierno. Si hacemos una comparativa con la legislación que han sacado adelante distintas comunidades autónomas, o incluso con la del Gobierno central, que tiene una aritmética parlamentaria mucho más difícil, podemos situar a Cantabria como el Ejecutivo más vago de todas las autonomías. Incluso en aquellas en las que el Partido Popular gobierna con mayoría absoluta. Estamos viendo graves deficiencias en el trabajo legislativo que debería sacar adelante Buruaga. Además, se están abriendo brechas en consensos que antes existían, rompiendo una cohesión y una paz social que había. En materia de salud, por ejemplo, la situación está muy deteriorada, tanto en hospitales como en atención primaria. En educación, hay una huelga docente porque no se están adaptando las condiciones laborales. También en el sector industrial, que no está tirando como debería, o en el sector primario, donde no se está respondiendo como se prometió. Vemos una clara falta de voluntad y de trabajo político.

Con un PP en minoría, ¿qué le parece el papel que están desempeñando desde la oposición las formaciones que tienen representación parlamentaria?

En estos dos primeros años ha tenido que sacar adelante acuerdos, bien sean puntuales o coyunturales, como los presupuestos, que ha contado con el apoyo del PRC. Veremos si eso se repite, pero tiene toda la pinta de que vamos a tener unos presupuestos prorrogados. Por las posiciones que están marcando y, sobre todo, por el grado de cumplimiento de los acuerdos a los que se comprometen, da la impresión de que no solo no están sacando legislación propia, sino que tampoco están cumpliendo lo pactado. Por eso preveo que habrá presupuestos prorrogados y, si el Partido Popular se ve tentado a pactar con la extrema derecha estará abrazando posiciones fuera del sentido común, no solo cántabro, sino de todo el país. Estaríamos ante el Partido Popular más extremo de los últimos años.

En un contexto como el que comenta, en el que el PP se apoya en la extrema derecha de Vox o en el PRC según le conviene, ¿diría que está cómodo en el Parlamento?

Creo que dentro del propio Parlamento hace falta una voz distinta cada lunes, y para eso tiene que haber una izquierda representada. Ahora mismo, la única izquierda que podemos calificar como tal es el PSOE, pero a veces se le olvida que lo es. Demasiadas veces. Es evidente que falta algo. Hay mucha ciudadanía en Cantabria que espera una voz distinta, que marque el paso al Gobierno y saque propuestas que realmente respondan al interés general, no solo a cuestiones puntuales o debates de ámbito nacional que poco tienen que ver con nuestra comunidad.

¿En qué aspectos diría que el PSOE no está haciendo una labor de oposición desde una perspectiva suficientemente de izquierdas?

Se está moviendo de forma muy timorata, incluso siempre al paso de lo que marque el Gobierno central, en este caso el presidente Sánchez. Pongo un ejemplo muy concreto: llevamos dos años de movilizaciones por Palestina, en los cuales desde el primer momento la gente que salía a la calle llamaba al genocidio por su nombre. Sin embargo, hasta que Sánchez no pronunció esa palabra, no vimos a dirigentes socialistas de Cantabria en las movilizaciones ni en las fotos como están hoy. Ojalá hubiesen estado antes, como sí lo estuvo mucha base social del partido y de otros que sí reivindicaban desde el principio. Siempre van al paso de lo que diga Sánchez, y eso choca con las expectativas de quienes están en la calle y esperan coherencia de sus representantes políticos, estén donde estén, en el Parlamento, en los ayuntamientos o donde sea.

Antes de hablar de Palestina, en el plano regional, estamos viendo cada vez más movilización vecinal, especialmente en las zonas rurales y en los pueblos, contra los parques eólicos. ¿Ve viable que esa oposición vecinal logre frenar parte de los proyectos previstos?

No solo lo veo viable, sino que ya se ha conseguido. Yo mismo he participado en movilizaciones contra proyectos eólicos en mi municipio, como el de 'Garma Blanca', que finalmente fue desistido gracias a una fuerte movilización vecinal. El problema es que constantemente se pide a la ciudadanía que se mueva, y eso, aunque es un ejercicio democrático, acaba siendo agotador. Además, lo hacemos a las puertas de sus casas, porque la amenaza del molino cerca genera rechazo, pero falta un debate amplio y honesto sobre lo que significan las energías, quién las impulsa y por qué no hay una planificación pública. ¿Por qué no tenemos una agencia pública de energía en Cantabria que defina dónde sí y dónde no? ¿Por qué no hay un plan energético ni un plan regional de ordenación del territorio que establezca zonas adecuadas? En otras comunidades, como Asturias o Euskadi, sí hay normativas amplias. Aquí no, y se empuja a la gente a movilizarse constantemente. Es agotador tener que estar peleando una y otra vez, y eso puede desanimar, pero también encabronar. Ojalá esa indignación se traduzca en que se reconozcan las propuestas y que finalmente tengamos una planificación energética clara. Pero seguimos viendo reticencias por parte de un Gobierno que prometía una cosa en campaña y ahora está haciendo otra.

Otro de los asuntos que está candente es el tema del suelo industrial. Estos días vemos cómo los vecinos de Laredo se están movilizando contra un proyecto que amenaza con expropiar casi 60 viviendas. ¿Hace falta más suelo industrial? ¿Son necesarios proyectos de ese calibre?

En materia de suelo industrial hay que ser conscientes de que no todo el suelo industrial está concentrado en la misma zona. Si queremos suelo industrial en la zona oriental, no podemos decir que hay suelo vacío en Torrelavega o en Campoo, porque responden a necesidades diferentes. Si apostamos por una industria local y arraigada al territorio, hay que reconocer que en Laredo falta suelo industrial. Pero respecto al nuevo polígono proyectado, tenemos matices que plantearemos, no me quiero adelantar a los compañeros de Laredo. No somos partidarios de hacer un gran polígono como el que se propone, sino de adaptar las ampliaciones a las necesidades que se vayan incorporando. No tiene sentido crear una gran superficie si no sabemos si se va a ocupar. Lo razonable es acordar y acomodar los pasos a la realidad que se vaya dando.

Confundir deseos con realidad solo lleva a la frustración. Debemos ser más prácticos y ver la unidad como una herramienta, no como un fin

Volviendo a la situación del Parlamento de Cantabria, Izquierda Unida no logró escaño en 2023. ¿Qué oposición harían si tuvieran presencia en la Cámara autonómica? ¿Qué cambiarían de lo que hacen PRC y PSOE actualmente?

Así como he dicho que el Gobierno ha presentado poca materia legislativa, creo que también deberían presentarse más proposiciones de ley desde la oposición. Y hay que ser críticos y contextualizar de dónde venimos. Que ahora afloren determinados problemas no significa que los haya creado solo el Partido Popular; muchos vienen de antes. Por ejemplo, que el debate de la Ley de Vivienda se centre en la ocupación, en lugar de en las miles de personas que no pueden acceder a una vivienda, se debe a que PRC y PSOE no hicieron sus deberes cuando pudieron. Ahora el PP gobierna y el enfoque del debate ha cambiado, a nuestro juicio, de forma equivocada. Estar en el Parlamento aviva debates que deberían existir y no están, y aporta enfoques que hoy faltan. A menudo hay unanimidad entre todos los partidos actuales, pero no hay una voz díscola, que debe haberla, como la hay en la sociedad. La sociedad cántabra es plural, mucho más de lo que refleja su Parlamento, y por eso Izquierda Unida debe estar ahí.

En las últimas elecciones autonómicas, la candidatura de IU con Podemos obtuvo menos votos que la suma de los dos partidos concurriendo por separado cuatro años antes. A día de hoy, ¿cuál diría que es la tendencia electoral de IU en Cantabria?

Creo que la tendencia de Izquierda Unida y de la izquierda en general depende de nuestra capacidad de escuchar lo que la ciudadanía nos está pidiendo. Le hacemos un flaco favor a la gente que quiere cada lunes una voz distinta si seguimos enfrascados en nuestras burbujas y en competir por quién queda por delante de otro en términos políticos, cuando ni siquiera llegamos al 5%. ¿Qué más da tener un 4%, un 3% o un 2% si el resultado es el mismo? No hay representación. La ciudadanía nos ve debatiendo sobre lo mismo, con las mismas posturas, y participando en las mismas manifestaciones. Si nuestros programas tienen un alto grado de compatibilidad, ¿por qué le pedimos que elija entre tres o cuatro papeletas? Hay que asumir la realidad: vivimos en una comunidad conservadora, y lo seguirá siendo en los próximos años. Confundir deseos con realidad solo lleva a la frustración. Debemos ser más prácticos y ver la unidad como una herramienta, no como un fin. Tenemos que trabajar todos los eslabones juntos, conscientes de que existe la barrera del 5% para entrar en el Parlamento, y también de que hay que llegar a los ayuntamientos, donde a veces ni con un 5% se consigue representación. Yo lo he vivido en mi municipio: encabezamos una candidatura vecinal con el 17% de los votos y solo obtuvimos un concejal, muy cerca del segundo. Lo que unía a todo el mundo no era el nombre ni las listas, era un programa común. Si ese 17% se trasladara al Parlamento de Cantabria, serían cinco diputados. Debemos ser honestos: cuando no se llega a acuerdos, suele ser por egos o por ver quién va primero. Hay que reflexionar colectivamente e individualmente sobre qué papel queremos tener: si ser útiles para objetivos comunes o solo para una parte pequeña de esos objetivos comunes que ni siquiera son compartidos por la mayoría.

Israel Ruiz, coordinador de IU Cantabria, durante la entrevista con elDiario.es.

Ese escenario ideal que plantea para la izquierda en Cantabria, ¿ve viable que pueda darse de aquí a dos años? Teniendo en cuenta el contexto nacional en el que Podemos no está integrado en Sumar y en el que ambas formaciones atraviesan una evidente pérdida de confianza desde las últimas elecciones, según las encuestas...

Creo que lo nacional influye, pero no es la única variable que determina el resultado final. Hemos visto ejemplos de comunidades donde sí ha habido unidad y otras donde no. Todo depende de la voluntad y de las personas que haya en cada territorio. No sé si es realizable, pero sí es deseable. Hay que distinguir entre realidad y deseo. Lo deseable sería que todos tuviéramos claro que, para que haya una voz cada lunes en el Parlamento, debemos ser conscientes de las limitaciones existentes. Vivimos en una comunidad conservadora, y superar el 5% es complicado. Eso no va a cambiar a corto plazo. Si somos capaces de coincidir en las manifestaciones por la vivienda, por Palestina, por la sanidad o por la educación, quizá la ciudadanía quiera que también coincidamos en una candidatura. En Izquierda Unida lo defendemos desde hace tiempo. No es nuevo. Hemos tratado de practicarlo, a veces con más éxito, a veces con menos, pero siempre con voluntad. Nosotros seguimos mostrando esa voluntad y ojalá que tenga eco por otras organizaciones, pero yo a eso no puedo responder.

Aquí en Cantabria hay una variable extra que es la formación Cantabristas, una fuerza política que viene ganando presencia social en los últimos años con diferentes acciones y movilizaciones llamativas en contra de polémicos proyectos del Partido Popular. ¿Cómo encaja esta formación en esa idea de unidad? ¿Lo ven como un posible aliado o una amenaza para sus intereses electorales? 

Encaja igual que fuerzas similares en otras comunidades autónomas donde Izquierda Unida forma parte de coaliciones amplias. Hay una alta coincidencia en las propuestas. Insisto en que nos encontramos en las mismas movilizaciones, defendiendo causas comunes, así que depende de la voluntad política y de si queremos seguir siendo los que desde redes sociales nos apretamos fuerte los puños, pero eso no significa cambiar las cosas en el Boletín Oficial de Cantabria. Los cambios reales se producen ahí. Las redes sociales sirven para visibilizar, pero son una cámara de eco: solo te muestran lo que quieres ver o lo que no quieres ver, pero no te muestra la pluralidad de grises que hay entre medias. Y un retuit no es un voto. La gente no responde a una sola etiqueta. La izquierda es diversa y plural, y lo que la ciudadanía quiere es tener una voz distinta en el Parlamento. Si compartimos causas, alegaciones y propuestas debemos ponernos de acuerdo. Da igual quién vaya primero o segundo. Hay 102 municipios. Lo importante es la voluntad y la fuerza que aporta cada uno. En resumen, toda aquella organización, toda aquella persona que quiera contribuir a que la izquierda tenga representación en el Parlamento, bienvenido sea y estamos tardando en ello.

¿Ha habido algún acercamiento entre las direcciones de Izquierda Unida, Cantabristas, Podemos o alguna otra formación? ¿O está previsto por su parte?

La verdad es que por el momento no hay contactos por este tema en concreto, en el marco electoral. Puede haber otros contactos porque nos encontramos en distintas causas. Eso es lo que de alguna forma nos permite dar siguientes pasos, el que nos encontremos en distintos lugares, el que haya cierta cordialidad, que eso es importante también, y ojalá que nos podamos ir encontrando próximamente.

Renueva ahora otros cuatro años como coordinador autonómico de Izquierda Unida en Cantabria. ¿Qué objetivos se marca para esta nueva etapa y qué cree que se puede mejorar respecto a lo realizado en estos últimos años?

Ya hicimos un esfuerzo importante en el plano electoral, presentando candidaturas de izquierdas en municipios donde no existían desde hacía muchos años, como Colindres, Reinosa o Santoña. Queremos que eso se traduzca en representación municipal, porque somos una fuerza municipalista. Creemos que las transformaciones deben nacer desde lo local y avanzar hacia arriba. El Parlamento sigue siendo un reto pendiente desde hace años. Los vaivenes políticos de la última década son muestra de ello. Por eso, nuestro objetivo es ampliar la base electoral y social, atraer a quienes esperan un revulsivo para implicarse en política, a lo mejor no de la forma tan clásica como se puede conocer dentro de los partidos. A lo mejor los partidos también tienen que tener otras vías para poder conectar con la gente. La participación no solo se da en los partidos o las instituciones, sino en lo que vivimos cada día, en lo que ocurre en un bar, en un partido de fútbol o en un partido de bolos. Y ahí sí que tenemos que hacer un ejercicio fuerte para que la gente vea atractiva la participación en política de muchas formas: a través de asociaciones vecinales, organizaciones feministas o ecologistas. Por eso colaboramos con sindicatos y entidades sociales en propuestas que no siempre son puramente institucionales, como charlas, talleres o actividades en la calle.

Israel Ruiz (IU), en la Redacción de elDiario.es Cantabria.

En clave nacional, tras la dimisión de Yolanda Díaz como líder de Sumar hace más de un año, ¿cree que debería encabezar de nuevo la candidatura a las elecciones generales?

Es un debate que deberán tener internamente, pero deberían hacerlo siendo conscientes de la realidad del país. Vivimos un momento con una fuerte presencia de discursos contrarios, ya no solo a la izquierda, sino a los derechos humanos más básicos. Y eso es preocupante. Por eso no deberíamos andarnos con tonterías, entiéndase, en el sentido de cuando hablamos de posicionarnos en torno a una candidatura única, con matices y con las distintas tradiciones de cada partido, pero con una agenda propia basada en los derechos sociales, que creo que es lo que está faltando. Izquierda Unida y las fuerzas de Sumar estamos gobernando España: tenemos ministerios y debemos ser capaces de marcar esa agenda propia para avanzar en derechos y no perder esta ventana de oportunidad, que hoy está abierta, pero que no sabemos si volverá a estarlo en las próximas elecciones.

Precisamente muchas veces da la sensación de que algunos líderes de Sumar reivindican medidas como si no formaran parte del propio Gobierno, en cuestiones como la vivienda, por ejemplo. ¿Qué le falta a Sumar para ganar relevancia y lograr que el PSOE se escore hacia la izquierda?

Creo que le falta más vehemencia en materia comunicativa, más claridad al explicar nuestras posturas y lo que ocurre dentro del Consejo de Ministros para que no se materialicen. Pero también hace falta acompañamiento social. Cuando la sociedad se ha movido, el presidente se ha movido. En el caso de Palestina lo hemos visto claramente. Durante dos años ha habido movilizaciones crecientes y, cuando el conflicto estalló y afectó a intereses económicos además de morales, el presidente del Gobierno dijo por fin la palabra 'genocidio'. La presión social no depende de los partidos; los partidos deben acompañarla. Es esa presión la que cambia las posturas de los gobiernos, tanto en el Estado como en los ayuntamientos. Cuando la gente se moviliza, se generan cambios. A nivel nacional, el Gobierno de España, con una aritmética muy difícil, está sacando más legislación que el de Cantabria con Buruaga presumiendo que saca cosas adelante.

En ese contexto en el que la movilización social está haciendo cambiar los posicionamientos del Gobierno central, y siguiendo con el tema pro-Palestina y lo ocurrido con la flotilla, ¿cuáles deberían ser los próximos pasos en las relaciones con Israel?

Nuestra postura desde Izquierda Unida la comparte el resto de ministerios de Sumar. Creemos que, de las nueve medidas adoptadas, falta una décima: la ruptura total de las relaciones económicas y comerciales con Israel. Y decimos esto porque alguien tiene que dar ese paso primero. El reconocimiento simbólico del Estado de Palestina ha impulsado a otros países, incluso al Reino Unido, a hacer lo mismo. España está marcando una diferencia y un liderazgo en esta materia, pero no es suficiente. La ciudadanía ya ha adelantado por la izquierda y por la derecha a los propios gobiernos. La gente tiene claro que estamos viendo un genocidio televisado en directo. Hay determinados partidos de derecha y extrema derecha que siguen negando que un genocidio es un genocidio porque no lo dice un tribunal. Bueno, si yo ahora mismo te pego una bofetada no hay que esperar a un juicio para que me condenen por agresión. Es una agresión. Pues es exactamente lo mismo. Hay que seguir empujando y ser claros en las posiciones, y que haya posiciones distintas dentro de un Gobierno no quiere decir que es que haya una tensión desmesurada ni mucho menos, que puede haberla, pero simplemente responde a que hay partidos diferentes que conforman ese Gobierno y que, por tanto, ponen su posición encima de la mesa. Y luego las aritméticas harán lo siguiente.

Teniendo en cuenta esa aritmética parlamentaria, ¿ve viable la continuidad de la legislatura?

En Izquierda Unida siempre hemos defendido que los presupuestos deben presentarse sí o sí, independientemente de los apoyos que se tengan. Son la propuesta política del Gobierno: explican en qué quiere invertir el dinero de los impuestos. Si no los presentas, sigues con lo que ya hay. Otra cosa es que no se aprueben, pero eso no paraliza un país. Los presupuestos se prorrogan y se sigue funcionando. Sí limita nuevas inversiones o políticas, pero no detiene el funcionamiento del Estado.

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