Objetivo: despolitizar el 8M
Nadie puede estar en contra de la igualdad. Suena bien. Igual que suena bien la fraternidad… o la libertad. Pero ya sabemos que a los conceptos los carga el diablo —del sistema— y que hay que escuchar con atención para que no nos den veneno por miel y que, así, nos fastidien la pancarta. Lo hemos vivido con “libertad”, el concepto que han llevado al límite líderes populistas-elitistas como (Isabel Díaz) Ayuso, (Javier) Milei o el mismísimo (Donald) Trump.
Así que hoy quiero prender las alarmas sobre la “igualdad” y su relación con el 8M. El origen del 8 de marzo es reivindicativo. Mujeres trabajadoras en huelga contra un sistema de explotación patriarcal brutal. Y la prueba de que los estados y las empresas han logrado despolitizar el día es que lo han convertido en una especie de día de fiesta y en las manifestaciones, además de las feministas luchadoras, podemos ver a consejeras y concejalas del Partido Popular o a señoros de todos los espectros políticos.
También constatamos que hay empresas que convocan carreras como las del día de lucha contra el cáncer o que se ponen lazos morados en los escaparates como se pone un cartel por el Black Friday. Alguien podría decir que eso es bueno, que eso significa que el mensaje cala. Pero no, lo que ocurre es que el verdadero mensaje antipatriarcal, profundamente anticapitalista y radical del 8M se va vaciando hasta quedarse en lemas fáciles que no molestan a nadie.
Una de las estrategias para intentar despolitizar el 8M y, así, todas las luchas feministas, es apelar a la “igualdad” como mantra. La feminista boliviana María Galindo diría: “¿Igualdad hombre-mujer? No, gracias”. Y tiene sentido. La igualdad que pregonan las campañas oficiales y algunas oficiales es la del hombre y la mujer en clave patriarcal. Es decir, que la mujer se acerque al hombre en derechos, pero sin transformar ni un ápice las estructuras de opresión que el patriarcado ha sabido mantener intactas.
Galindo nos recuerda que “hay un feminismo que se ha empantanado en el discurso de la igualdad de derechos. Un discurso que es obsoleto, reaccionario y vacío”. Porque el asunto no consiste en cobrar lo mismo (que también) o en legislar para frenar los abusos sexuales o la violencia de género (que por supuesto), sino que el objetivo es “despatriarcalizar” nuestras sociedades y eso significa desmontar las estructuras culturales, políticas y económicas que reproducen unos roles de género en los que las mujeres (casi) siempre salen perdiendo.
Si el futuro de la igualdad es que las mujeres ocupen el terrible espacio patriarcal de los hombres, habremos avanzado poco.
El 8M es el momento para reivindicar cambios profundos y no solo la “igualdad” formal. El 8M o es antirracista, antibelicista, anticolonial o anticapacitista (entre otros anti imprescindibles) o es solo performático. Es el riesgo del 'gatopardismo' de la igualdad: proclamar un cambio de todo para que no cambie (casi) nada.
El domingo, en la manifestación convocada con motivo de esta fecha simbólica, volveremos a ver en las calles a feministas que sí reclaman esa “despatriarcalización” caminando junto a las personas que cada día atornillan un sistema brutal en el que, gracias a los discursos y las políticas de la igualdad, las mujeres podrán vivir sin ser violad, pero seguirán siendo las cuidadoras sin salario, las principales responsables de la gestión y administración de los hogares sin reconocimiento alguno, las portadoras de una especie de inseguridad cultural, las que se tienen casi que justificar por existir, pero siempre podrán apelar a las leyes placebo de la igualdad.
Esto ocurre, además, en la ofensiva antifeminista de una gran parte de la sociedad patriarcal que permite hablar de igualdad, pero que llama radicales, 'feminazis' o descabezadas a las mujeres feministas que sí meten los dedos en las llagas. Así que, eso, a repolitizar las luchas, las calles, las vidas.
Sobre este blog
Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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