Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
Lo que oculta el silencio
No sabemos casi nada de casi nada. Y de lo que menos sabemos es de lo que ocurre cerca de nosotros y nosotras. ¿Qué se estará dirimiendo en municipios como Valle de Villaverde o Ruente? ¿Qué provoca una reunión de vecinos en La Albericia o qué insomnios atribulan las calles de La Inmobiliaria? ¿Qué hicieron los migrantes que faenan en nuestros barcos mientras sus patrones viajaban en bus a protestar en Madrid? ¿Quién escuchó a quién en la última reunión de escalera en la calle Pachín González? ¿Cómo soporta esa profesora las tediosas horas de clase obligatoria en ese instituto de Laredo donde el tiempo solo se mide en exámenes? ¿Cómo fue el temblor de la voz de la vecina del segundo cuando logró articular las primeras palabras del día con su gato? ¿Qué está cavilando este anciano cuyos huesos, sin él haberlo decidido, pasan varias horas en un centro de día donde unas chicas majas le hablan como si fuera un bebé arrugado por la vida?
Lo cotidiano no es noticia hasta que un tren descarrilla y la obscenidad informativa nos obliga a conocer el nombre y los supuestos anhelos de ese cadáver que ahora es solo recuerdo, o hasta que un incendio nos introduce en las casas abandonadas a prisa, o hasta que el número de muertos hace valioso desplazar a un cámara de televisión.
En las redes sociales se finge lo cotidiano y parece que todo el mundo viaja por placer, degusta comidas exóticas de lunes a viernes, habita casas de revista donde la chimenea arde sin crepitar si quiera, baila con otras como si esas otras fueran parte de su cuerpo estirado en el gimnasio, se embadurna con cremas que cuestan un alquiler y alquila lugares que parecen sacados de la revista Forbes.
Hay un silencio ante la vida que nos aleja de ella. El individualismo de nuestro tiempo y este tiempo de llaves de seguridad y calefacción regulada saca de la mira todo aquello que huela a sudor, a humedad en la alhacena, a sábado sin plan, a municipio sin turistas, a botas embarradas en el trabajo que no cotiza en bolsa, a incertidumbre.
Nos hemos quedado sin espacios para escuchar lo que acontece en silencio porque la mayoría habitamos en la estrecha vereda que nos lleva del hogar al trabajo y del trabajo al televisor o a la pantalla del teléfono. La plaza pública convertida en terraza de bar o acontecimiento, el portal del vecindario lugar de tránsito y saludos mascullados en la fugacidad, la cena un pedido a Globo que nos entrega un hombre que carga todos los silencios ajenos, la fiesta un escenario donde tomar selfies que luego permitan fingir un entusiasmo tan permanente como imposible.
Los sucesos agitan ese silencio, primero, y, luego, alimentan el cabreo existencial de quienes se aburren en el día a día y solo ven la vida que otros han seleccionado para ellos en el menú del informativo televisivo o el algoritmo que ni tan siquiera entendemos.
Tejer lazos humanos, redes de encuentro y espacios inseguros para los prejuicios sería un camino para romper con el oligopolio de lo que suena. Compartir los silencios con los otros y las otras, una forma de combatir este ruido blanco que cada día se parece más a una ciclogénesis explosiva mediática en la que es imposible anticipar el descarrilamiento de la vida porque la bulla no permite escuchar el rechinar de los metales cuando se salen del riel.
Sobre este blog
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