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La política de los demás

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“Siempre ganan los malos”. Lo dijo porque lo creía y porque la situación era una demostración más. Entre los que escuchábamos los argumentos para su dimisión, había un poco de todo. Allí, había quien sabía mucho de lo que esconde y lo que muestra el caso. Otros, solo conocían algunos datos y habían visto alguna foto. Un tercer grupo está encantado con que triunfe la mentira, aunque todos podemos leer los autos y hace falta poco más. Y fuera de las salas de ambientación política y periodística hay un gran mundo. Por supuesto, mala gente por convicción nos encontramos unos cuantos. Pero, en muchos casos, el maniqueísmo, la equidistancia o la repetición de bulos y mentiras con cara de experto no son fruto de una base social ultra.

Escuchando estos días a Carles Esteve postularse a la portavocía de Iniciativa del Poble Valencià, resulta inevitable echar de menos la política de verdad. La de escuchar a la gente, la única que puede mantener la esperanza en que la acción del día a día puede mejorar lo que viene. La que desde los colectivos ciudadanos llega a los partidos y no al revés. La que hace que los diputados salgan de las asociaciones y no de las confabulaciones y los dedazos. Esta semana leía la conversación de Esteve con Burguera. Se agradece cuando el periodismo suaviza el tono para tender, aunque sea a veces, a la charla frente al interrogatorio. Además de agradecer el tono, consciente de que la mayoría de políticos no dan para lo que da el diputado de Compromís, resulta reconfortante la sensatez que irradia. La misma que suele emplear en sus intervenciones. Rara avis en un parlamento cada vez más degradado, escuchar a Esteve en les Corts Valencianes es sinónimo de trabajo, ese mínimo que se ha perdido. Desde la base de un documentado diagnóstico, expone, critica o propone de acuerdo a su ideología. Debería ser el proceder habitual para todos, pero desgraciadamente dista mucho de serlo.

En la política actual, contaminada por las mentiras de la ultraderecha y los seudomedios engordados desde administraciones, casi nada se negocia ni se dialoga. Ni fuera ni dentro de los partidos. La relación entre grupos es de enemigos y la acción interna acostumbra a ser una partida de ajedrez. Eso cuando mover las figuras no es demasiado para la inteligencia y el nivel de algunos, que prefieren los navajazos. En ese entorno, Esteve ha hablado con Aitana Mas y con Alberto Ibáñez para sucederles y renovar la portavocía. Tan simple y tan lógico que no debería sorprender. Pero choca porque, al ampliar la mirada, lo primero que nos encontramos es que dentro de Iniciativa ni alguien con el talante de Esteve habla con Mireia Mollà. Lo segundo, que la legislatura sigue con Ibáñez y Águeda Micó separados en el reparto de la escasez, mal fundamento para la construcción de la alternativa, conforme se acercan congresos y se vislumbran listas en las que confían (o confiaban) los ciudadanos y colectivos de los que ellos nacieron.

Cuando Compromís se mimetiza con los demás, pierde su esencia. Se parece peligrosamente al PSOE que pacta un modelo de financiación autonómica con ERC porque les conviene más a los partidos que a los habitantes de los territorios afectados. María Jesús Montero abandera el documento ahora que le sirve en su contienda electoral andaluza, después de años de no ver el momento de plantearla, con el agravio que eso ha supuesto para la Comunitat Valenciana y que no quiere compensar. Los valencianos de a pie no están como deberían en la base de las decisiones de Pedro Sánchez. Como no lo están en el akelarre zaragozano del PP. Núñez Feijóo hace a sus presidentes autonómicos rechazar en masa un dinero que, más allá de las deplorables formas, conviene a muchos de sus territorios. El fin de semana, el líder popular obligó a los suyos a hacer el ridículo en otra pose sin cifras. No sabemos los valencianos si con una propuesta del PP ganaríamos o perderíamos. Los que no reformaron cuando gobernaban, ahora solo ofrecen un rechazo sin números que los sustenten. Habrá que esperar a los contactos bilaterales para ver el margen que el ejecutivo central ha dejado para esa fase de la negociación. Pero si el líder popular insiste en forzar el rechazo en bloque y Montero en dejar a los no firmantes con las asignaciones anteriores, no hace falta explicar quién vuelve a salir perdiendo. Pérez Llorca, pese a lo que le digan desde Madrid, no debería dejar de exigir a Hacienda un fondo de compensación y una quita de la deuda significativa como le están pidiendo que haga los agentes sociales. Populares y socialistas van contra la gente a la que tantas veces han querido colocar detrás de una pancarta en manifestaciones, plataformas o manifiestos.

La financiación y sus visiones partidistas son la representación de la otra política, la que lanza a la gente en brazos de los discursos fáciles, vacíos y mentirosos. La que hace que muchos ciudadanos no sepan en qué consiste el caso Oltra o no conozcan a Carles Esteve ni le escuchen reflexionar sobre lo que quiere para ella en una posible vuelta. Antes Mónica que Oltra, dice. Así, se construye una sociedad mejor. Con las otras actitudes seguirá triunfando el trazo grueso que hace que sea fácil engañar o dar explicaciones racistas a las carencias en vivienda, sanidad o educación. La mala política hace que ganen los malos frente a la política, porque política somos todos.

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