Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
El porvenir será mejor si sabes aliarte con lo invisible
Pues ya está. Es año nuevo hemos comido —quien haya podido—, hemos visto desfiles y bombillas hasta el empacho —quien haya podido— y hemos gastado más de lo que teníamos —excepto los que lo tienen todo—. Los políticos locales se han hartado de fotos con tiernos infantes y las mamás y papás han estirado al máximo su vocación sufridora.
Mientras, han pasado algunas cosillas. Trump nos ha mostrado el camino del futuro en Caracas; en Gaza, los supervivientes tratan de no agonizar entre lluvias, miserias y balas mientras Israel expulsa a las pocas ONG que tratan de aliviar el abandono internacional; en Sudán, la misión de la ONU ha intentado —sin éxito— que hagamos caso a la película de terror que acontece en El Fasher; en Guinea Ecuatorial hay bastantes más presos políticos que en Caracas pero eso no interesa en la antigua metrópoli; en Irán matamos al manifestante porque, además, los apoya el jefe del imperio decadente, y en Cantabria, a pesar de la imposibilidad de alquilar un piso o de que el 23,4% de la población esté en riesgo de pobreza, no hemos oído hablar a los responsables del Gobierno de ninguna solución para los males crónicos —los puentes, las carreteras y los polígonos industriales ya han demostrado su incapacidad de frenar la precarización de la vida—.
Digamos que vivimos la vida como si la vida no estuviera aconteciendo, como si alguien o 'alguienes' fueran a apañar el desaguisado mundial en algún momento y nosotros nos fuéramos a entrar en una cuenta de Instagram dedicada a la decoración o al mindfulness, así, como quien se informa de las ofertas de última hora o de los poderes curativos de las hojas de la coliflor.
Hay un pequeño reducto de ciudadanos y ciudadanas que caminan con la cabeza gacha, esperando lo peor, explicando a quien soporta oírlos que estamos en una fase pre tercera guerra mundial, que 2026 es lo más parecido que vamos a vivir a 1935, que no hay escapatoria ante el neofascismo y su (in)moral del vencedor que aplasta, que humilla, que violenta.
Pero la indolencia de los primeros y el pesimismo o los pronósticos apocalípticos de los segundos tienden al raquitismo social. Parece evidente que la indolencia provoca una ceguera social irresponsable. No abrir los ojos puede parecer una buena solución coyuntural pero es la garantía de que el día que nos caiga encima el obús no lo veremos venir.
Pero el pesimismo distópico que se ha puesto de moda en ciertos círculos solo desincentiva, desmoviliza, y logra que mucha gente entre en esa rueda de la decepción de la que parece imposible salir.
No sé muy bien cómo convencerles de lo siguiente, pero lo voy a intentar: lo que está porvenir será mucho mejor que lo que vivimos hoy. La reacción ante la corriente fascista que se toma en este momento occidente se cocina de forma lenta. Los movimientos sociales de avanzada y las redes de apoyo entre los nadie trabajan en silencio, no en las redes sociales. Construyen conscientes de que el tiempo de la historia no es el de las noticias, que hay que tener mirada larga y paciencia. Ningún tiempo ha sido amable para las víctimas del sistema liberal capitalista. La gran diferencia es que ahora la “clase media” —ese invento placebo post II Guerra Mundial— se siente amenazada. El porvenir venturoso no dependerá jamás de esta clase media a la que pertenezco, tampoco será diseñado por los científicos o los técnicos sociales, no encontraremos las soluciones en Naciones Unidas ni, por supuesto, serán impulsadas por los decrépitos imperios estadounidense o ruso, tampoco del neo (y tan viejo) imperio chino. El porvenir no será anunciado, ni será como un rayo que irrumpa. Lleva décadas tomando forma y es invisible, porque solo en la invisibilidad se alimentan los muchos otros futuros que necesitamos. Aunque no pueda describírselo, sí puedo asegurarles que no tiene una única forma. Se acabaron las utopías de un solo perfil, nadie tiene una solución mágica para todo el planeta, porque lo que sí sabemos es que las opciones serán territoriales, comunitarias y basadas en la diversidad.
Mientras esas semillas crecen y aprenden lentamente en diversas latitudes, los y las trumps, melonis, putines, jingpines, orbanes, abascales, mileis, bukelitos, kastitos y demás líderes de la decadencia, seguirán regando nuestras calles de mala baba, de odio, de violencia, de venganza. Lo que propone la decadencia es solo la oportunidad de venganza; lo que se construye en voz baja es la ocasión de rehumanizarnos.
Feliz año nuevo que no es más que un hito más en el flujo de la historia. Elijan con juicio con qué ancestros y con qué resistencias cargan la mochila para seguir el camino y aliarse con los procesos invisibles.
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