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Entrevista Joaquín Gómez (PSOE), presidente del Parlamento de Cantabria

"En el Parlamento de Cantabria no hay la crispación del Congreso aunque se prevé un otoño caliente"

El presidente del Parlamento de Cantabria, Joaquín Gómez (PSOE).

Joaquín Gómez (Mazcuerras,1955) preside el Parlamento de Cantabria desde hace poco más de dos años y en este tiempo ha tenido que lidiar con la gestión política de una pandemia como la del coronavirus, que prácticamente paralizó la actividad legislativa durante varios meses. En ese ecuador de la legislatura, el veterano dirigente socialista teme un "otoño caliente", con un incremento progresivo de la crispación entre los diferentes grupos que lleve a reproducir escenas como las que se viven cada semana en el Congreso de los Diputados. A su juicio, la cercanía de las elecciones y los movimientos por el liderazgo en los diferentes partidos pueden provocar una escalada de tensión que dificulte la capacidad de negociación en un momento clave para el futuro de la comunidad autónoma. "Las tensiones internas en los partidos se terminan reflejando en las instituciones", advierte.

¿Qué espera del nuevo curso político que acaba de arrancar?

Espero que la pandemia vaya remitiendo del todo. Las medidas se han ido suavizando, y ahora hay que esperar que se vayan relajando del todo. Y, sobre todo, que las personas tengan que sufrir menos los contagios y los hospitales sigan vaciándose. En el Parlamento espero que el ambiente sea similar al que ha sido hasta ahora. Siempre pongo a gala que en el Hemiciclo cada grupo parlamentario expone sus ideas con absoluta libertad, pero siempre ha habido un cierto ambiente de tranquilidad. Nunca ha habido una tensión como la que se puede ver en el Congreso, pero en los últimos plenos sí que ha habido una cierta tensión que puede indicar que este otoño sea caliente.

¿Cómo valora el nivel de crispación política que hay en la Cámara en este momento?

Hasta ahora lo considero bastante positivo, porque tenemos un debate vivo y hay cinco grupos políticos que representan a la sociedad. Cada uno defiende sus ideas de la forma que ve conveniente, y yo como presidente permito la libertad de expresión, dentro de que nadie sobrepase unas líneas rojas, y creo que todos lo respetan. Pero ya digo que no creo que haya una crispación como la que vemos en el Congreso de los Diputados. Sí que ha habido plenos más movidos, y no me gustaría que continuase así en el otoño, que todo el mundo prevé que puede ser más conflictivo. Eso puede ser originado porque en los próximos meses hay varios congresos y eso da lugar a tensiones internas en los partidos, lo que se termina reflejando en las instituciones.

¿Hasta qué punto ha enterrado la pandemia otros asuntos que eran importantes para los cántabros?

La pandemia se ha llevado un mordisco muy importante del presupuesto autonómico. Cuando se hacen los Presupuestos se piensa en obras importantes para la comunidad, la industria… Y luego te encuentras con que tienes que dedicarle unos recursos ingentes con los que no contabas, y que además piensas que la pandemia puede durar tres o cuatro meses, y al final se convierte en un año y medio, y todavía no ha terminado. Por lo tanto, lo que iba a ir a infraestructuras, a ayudas para generar empleo, ahora tienes que dedicarlo a que las empresas puedan sobrevivir.

Recientemente el Tribunal Constitucional ha declarado ilegal el cierre del Congreso durante el Estado de Alarma. En el caso del Parlamento de Cantabria se optó por paralizar los plenos y canalizar toda la actividad a través de una Comisión COVID. ¿Cree que fue una decisión correcta? ¿Contó con la unanimidad de todos los grupos?

A tiempo pasado todo el mundo tiene soluciones mágicas, pero las decisiones hay que tomarlas en el momento. Y en ese momento todos los grupos, hasta los que lo llevaron al Tribunal Constitucional, estaban de acuerdo. Había algún grupo que, incluso previamente, pedían el Estado de Alarma, lo que pasa es que después, con tal de ir en contra del Gobierno de la Nación les sirve cualquier excusa. Además, tenemos un Constitucional que toma las decisiones que toma y los responsables políticos e institucionales estamos para acatar las sentencias, nos gusten o no nos gusten. En Cantabria fuimos el primer Parlamento que nos pusimos a trabajar al mes o mes y medio del Estado de Alarma, hicimos una Comisión de seguimiento de la COVID que tuvo, además, un trabajo enorme y por donde pasaron todo tipo de representantes institucionales y de la sociedad civil analizando qué era lo que estaba pasando. Fue muy instructivo para todos los grupos políticos y llegamos a una serie de conclusiones que aprobamos por unanimidad de los cinco grupos. Así que sí que tuvimos actividad en el Hemiciclo, aunque no de los 35 diputados sino de una parte representativa de los cinco grupos. Si a los ciudadanos les pedíamos que estuviesen en casa, la representación política tenía que hacer lo mismo. No podemos pedirle a la gente que esté en casa, y que esta representación política esté haciendo otra cosa distinta. Pero sí, todo lo que se ha llevado a cabo en el Parlamento de Cantabria ha sido por unanimidad. Es más, después de 27 sesiones, aprobamos del orden de 138 medidas por unanimidad.

¿No le parece incoherente la postura de Vox a nivel nacional a la hora de denunciar esa paralización, si en algunos parlamentos autonómicos como el de Cantabria se contó con su aprobación?

Siempre distingo lo que hacen los partidos autonómicos con lo que hacen a nivel nacional. En algunos casos sí que se sigue esa estrategia nacional, y a veces te plantean aquí Proposiciones No de Ley o Interpelaciones que ellos han planteado en el Congreso, pero también hay iniciativas que aquí tomamos de forma conjunta y donde tienen su autonomía. Hay algunas que no, como ocurre con Declaraciones Institucionales que siempre se habían aprobado, como la violencia contra la mujer el 25 de noviembre, o el 8 de marzo, y eso es una estrategia que tiene el grupo mixto, compuesto por dos diputados de Vox, que siguen un poco la estrategia de su partido.

En este sentido, el Grupo Mixto impedido la aprobación por unanimidad de varias declaraciones institucionales como las que tienen que ver con la violencia de género o la de inmigración. ¿Cómo lleva que se rompa ese consenso político de forma casi permanente en asuntos de tanta trascendencia?

Es difícil y es injusto. Habría que dar una vuelta a la Declaración Institucional, porque esta tiene que representar lo que opine la mayoría de la Cámara autonómica. No puede ser que en un Parlamento de 35 diputados, haya dos que no estén de acuerdo, y que por esos dos no se pueda aprobar la Declaración Institucional. Esta tiene que reflejar el sentido de la mayoría de la Cámara, o eso es lo que pienso personalmente.

Esta legislatura hemos visto reiteradamente como PSOE y PRC votan cosas distintas cuando se trata de asuntos de índole nacional, mientras que mantienen la unidad de voto en los asuntos que conciernen al Gobierno de Cantabria. ¿Cuál es la relación con los socios a nivel interno?

El pacto de Gobierno funciona correctamente y de manera adecuada. En la inmensa mayoría de los asuntos del Consejo de Gobierno la lealtad entre los socios es total, y donde se puede prever algún tipo de disfunción en algún momento determinado es en las votaciones en el Parlamento. Aquí ha ocurrido que se ha votado distinto en alguna ocasión, pero me parece una discrepancia lógica. El PSOE es el mismo partido que soporta el Gobierno a nivel nacional, y el PRC, por su parte, tiene un representante en el Congreso y el Senado. Pero hay asuntos en los que el PSOE de Cantabria vota distinto de las decisiones que toma algún Ministerio, como ocurre con el asunto del lobo, pero cuando la oposición plantea cosas que además no van a ningún sitio, como instar al Gobierno de Cantabria a que se vaya contra una ley que está aprobada no tiene ningún sentido, así que acatamos lo que dicen las leyes y votamos de acuerdo con la legislación vigente y respaldando al Gobierno de España. No hay contradicción.

El secretario general del PSOE de Cantabria se puso como objetivo desmarcar su discurso del que tiene el PRC, después de una sangría de votos durante varias legislaturas que ha afectado ampliamente a su partido. ¿Cree que eso se está consiguiendo?

Tampoco es desmarcarse del PRC. El secretario general del PSOE lo único que planteó desde el principio es tener un discurso propio. Tenemos dos discursos distintos: el PRC lleva más de 40 años en la vida política de Cantabria, el PSOE tiene 140 años de historia. El secretario general ha intentado recuperar una cierta autonomía, pero no se trata de marcar distancias, sino de que se vea que en el Gobierno hay dos partidos distintos. Y eso es lo que en la inmensa mayoría de las cosas la sintonía es total, pero en otras cosas, hay una voz distinta. Cuando la oposición pide repetidamente que se rompa el pacto de Gobierno y se pacte con ellos, creo que lo hacen porque intentan gobernar. Ahí el secretario general ha intentado marcar la voz propia del PSOE. Así que sí. Creo que se está consiguiendo, pero siempre con lealtad a nuestros socios de gobierno.

En estas últimas semanas Revilla ha dejado la puerta abierta a volver a presentarse a la reelección. ¿Eso complica el futuro electoral del PSOE?

No. Conozco a Revilla desde hace muchos años, y Revilla es un animal político. Estoy convencido, y es una opinión totalmente personal, que mientras pueda se seguirá presentando a las elecciones porque Revilla vive la política y le apasiona. Eso, los que estamos en el espectro de la política, ya lo sabemos. Pero no considero que condicione nada.

También ha arrancado el proceso interno para renovar la dirección del partido en Cantabria. ¿Teme una nueva batalla entre distintas familias del PSOE?

El PSOE es un partido muy vivo. De hecho, diría que somos el partido más vivo. Tenemos una militancia real que paga su cuota mensual, no tenemos militantes dormidos como ocurre en otras partes. En el PSOE si a los seis meses no se paga una cuota, a no ser que sea por cuestiones económicas, se le da de baja. Nosotros pusimos en marcha las primarias y han venido para quedarse. Por primera vez hace cuatro años se eligieron los secretarios generales, los candidatos a parlamentos autonómicos, a alcaldías… Hemos sido los militantes los que hemos decidido quiénes queremos que nos gobiernen. Ya no han sido los delegados los que elegían. En este proceso ocurrirá lo que quieran los militantes que ocurra, pero no tengo miedo a las primarias. Creo que son buenas para el partido, y lo único que pido es que sean limpias y que se intente no hacer daño al partido. Pero las de hace cuatro años fueron un modelo de limpieza y creo que el partido salió muy fortalecido. Otra cosa es que luego hay que intentar cerrar heridas. Llevo militando en el partido 40 años, he apoyado a candidatos alternativos al aparato, y cuando estos candidatos no han ganado he vuelto a mi agrupación y he trabajado como uno más. Así que pido que todos sumemos y apoyemos a quien gane las primarias. Que se respete la democracia y a quien gane.

Formó parte del núcleo duro de Zuloaga en su llegada al PSOE. ¿Continuará en su equipo en la próxima etapa si sale reelegido?

Yo no soy miembro de la Ejecutiva regional del partido y no formaré parte, pero son decisiones personales que se toman en la vida. Trabajar por un partido, para que mejore, no pasa necesariamente porque tengas un cargo en el partido. Hay compañeros, y en otros partidos también, a los que les encanta tener cargos, y eso no significa que se puedan cambiar las cosas. Las cosas también se cambian como militantes.

Hace unas semanas se realizaron unas primarias internas de cara al Congreso Federal, ¿Le sorprendió la candidatura de Teresa Montero? ¿Y los resultados que obtuvo?

No me sorprendió. Sé que hubo por parte de la candidatura que encabezaba el secretario general esfuerzos por hacer una candidatura más amplia y de consenso, pero no pudo ser. En un partido tan vivo como el PSOE es imposible contentar al 100% de los militantes, y siempre habrá compañeros que no se sientan representados y que crean que pueden, aún dentro del mismo proyecto de apoyar a Pedro Sánchez, no sentirse representados en la candidatura que estaba y formar otra. Yo siempre pensé que conseguirían el 20% de los votos por una estrategia muy clara. Los militantes no se movilizan igual en una delegación a un Congreso Federal que en unas primarias. De hecho, me sorprendió que votasen cerca del 60%, porque pensé que sería menos. Así que siempre creí que alcanzarían ese 20% porque había poco que movilizar...

En pleno verano estalló la polémica sobre la retirada de su pensión por incompatibilidad con la Presidencia del Parlamento. ¿Cómo ha vivido esta situación a nivel personal? ¿Piensa que sido una polémica avivada por algún miembro de su propio partido?

Lo he vivido mal. A mí siempre me ha gustado ser coherente y consecuente con lo que hago, tanto en el mundo sindical como en la política. Cuando en su momento, en la Seguridad Social me dieron una incapacidad, eso no significaba que me inhabilitasen. Tenía dos posibilidades cuando eso ocurrió: o dedicarme a compadecerme o intentar vivir con ello. A mí me duele la cabeza 365 días al año, y he aprendido a convivir con mi dolor todos los días. Y después, intentar dentro de las posibilidades que te da ese dolor, hacer algo por los demás. Eso es lo que he intentado hacer en la vida sindical asesorando a los trabajadores en el ORECLA durante 12 años, donde iba y no tenía remuneración económica. He hecho lo mismo como concejal y alcalde en Bezana, donde tampoco obtenía salario, y cuando he llegado al Parlamento es lo primero que he hecho: renunciar a mi salario como presidente. Lo que ha hecho la Seguridad Social me parece un error, y además creo que se ha aplicado conmigo un criterio de gestión que no es la ley, sino algo que se ha hecho para mí como presidente del Parlamento de Cantabria. Y de momento tengo que acatarlo, pero ya he presentado una serie de alegaciones porque pretendo volver a la situación en la que estaba, es decir, a no cobrar el salario de presidente, y estoy esperando a que me contesten desde la Seguridad Social, pero pienso llegar hasta el final. Además, cuando me suspenden la pensión, me suspenden la pensión de incapacidad y yo en ese momento ya estaba cobrando la pensión por jubilación. Por lo que ni siquiera tiene sentido porque ya ni lo cobraba… Lo tenían que haber hecho mucho antes, aunque piense que está mal hecho en todos los casos, en este tiene menos sentido aún. Esto lo que conlleva es que te saquen en los medios de comunicación, los ciudadanos lo entienden de diferentes maneras, y hay gente que no es capaz de entender el hecho de que tú tengas una incapacidad no te incapacita para todo en la vida. Peleamos para que personas con discapacidades tengan derechos en la vida, y alguien que lo tiene, cuando tiene un cargo importante, lo único que se hace es una caza contra él. Así que lo he llevado bastante mal, no puedo decir otra cosa.

¿Cómo le gustaría que fueran estos dos años que quedan de legislatura?

El presidente del Parlamento además de dirigir los Plenos y de estar en los distintos actos de protocolo, tiene una parte de gestión y es algo que me gusta mucho. Me he encontrado con un edificio del Parlamento con una serie de carencias que me he puesto por objetivo solucionar y bastantes de ellas se han ido realizando. Ahora estamos con la cúpula de cristal que tiene goteras y demás, y estamos en ello. Quiero dejar el edificio en perfecto estado de funcionamiento y en este tiempo que queda de mandato, que será lo más complicado, intentar que el ambiente de debate en el Parlamento sea como hasta ahora. Y sé que es difícil porque a medida que se vaya acercando la fecha de las próximas elecciones, lo más lógico es que el ambiente suba de tono. Y eso requerirá un esfuerzo suplementario por parte de todos, y especialmente por parte de la Mesa.

¿Piensa que será la última legislatura dentro de la política activa o le gustaría continuar en primera línea?

En primera línea yo he estado muy poco: cuatro años de concejal de la oposición, cuatro en el equipo de gobierno de Bezana, de los que poco más de uno fui alcalde, y aquí llevo dos años. Algo por lo que he peleado siempre es porque en la política no hay que estar 30 años. A la política hay que llegar teniendo un trabajo al que poder volver, porque si no la política se pervierte. Y soy muy de ciclos. También fui secretario de Organización de la UGT, estuve ocho años, y después de los ocho años no seguí en la Ejecutiva regional. En el Ayuntamiento de Bezana también he estado ocho años y aquí… no creo que esté ocho años.

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