La nueva normalidad no puede ser como la vieja

"No podemos volver a la normalidad porque la normalidad era el problema", reza una pintada que circulaba por redes estos días y que no dejo de recordar ahora que empieza la desescalada. Sé que estamos deseando todos despertar de esta pesadilla y volver a nuestras vidas de antes como si nada hubiera pasado, pero como en la crisis del 2008, el daño está hecho, millones van a sufrirlo y no hay vuelta atrás. Tenemos que mirar hacia adelante y pensar cómo vamos a recuperarnos, si queremos curarnos de nuestros errores o reincidir en ellos para volver a recaer muy pronto.

Es espectacular cómo la naturaleza revive en cuanto paramos. El agua y el aire se limpian, el calentamiento global disminuye, los animales reconquistan el territorio que les robamos. Es como si estuviese venciendo al virus que es el ser humano para la Tierra. Somos el coronavirus del planeta. En cuanto desaparecemos, sus pulmones se curan, baja la fiebre y le regresa la vida. No podemos volver al ritmo de producción y contaminación que está llevando al colapso natural y nos está devorando. Cuidar al planeta es cuidarnos también a nosotros mismos.

Hemos destruido biodiversidad que nos protege del contagio, estamos empobreciendo los suelos que fortalecen nuestro sistema inmunológico, emitimos gases irrespirables que nos matan de cáncer y producen un cambio climático que arrasa cosechas y especies. Estamos demoliendo la casa en la que vivimos con nosotros dentro. No sólo es asesino, es suicida, además de estúpido. La pandemia más mortal es nuestro sistema insostenible de consumo que provoca una crisis del clima mucho más devastadora que el coronavirus. Esta epidemia es el último aviso.

O dejamos de producir, comprar y tirar como si hubiera un planeta de repuesto y reconvertirnos el sistema de producción para hacerlo sostenible, o nos vamos al carajo con una serie de catastróficas desgracias (guerras, hambrunas, pandemias, desastres naturales y diásporas) que no serán agradables. También nos enseña el virus que somos la solución si dejamos de ser el problema. La respuesta está en la fuerza de lo colectivo y de lo público. Nos hemos dado cuenta de que no estamos solos, de que dependemos unos de otros y somos responsables de los demás. Si estamos siendo responsables para salvar a otros, podemos serlo para salvarnos todos y nuestro entorno.

Todo esto lo solemos olvidar en cuanto nos va un poco mejor, pero es que no nos va a ir mejor en mucho tiempo. Nos viene una crisis no sólo climática, también económica. Sólo saldremos si aplicamos lo aprendido, si anteponemos el bien común al interés privado y si la iniciativa privada sirve al interés general, si defendemos a la mayoría frente a la minoría y la ecología frente a la economía, si protegemos a los más desprotegidos y los que más tienen ayudan a los que menos. Si somos la vacuna, no el virus.

Estamos superando esta crisis también gracias a la ciencia, la medicina y la investigación. Tenemos que invertir en conocimiento frente a la ignorancia porque cura la cabeza, no sólo el cuerpo. Tenemos que impulsar la información crítica frente al fascismo populista. Los apocalipsis son propicios para peligrosos mesías y caudillos. Se está formando la tormenta perfecta para que se impongan los fascistas. Si volvemos a la vieja anormalidad, serán diluvio.

MARTES A LAS 10H, ECOLOGÍA CONTRA EL CORONAVIRUS

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Sobre este blog

Artículos de opinión de Javier Gallego, director del programa de radio Carne Cruda.

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27 de abril de 2020 - 22:03 h

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