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Una segunda oportunidad para el vencejo: así funcionan las redes que salvan a este insecticida natural

Vencejo común

Javier Muñoz de la Torre Granados

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Cuando amanece o cae la tarde, los cielos de muchos municipios se llenan de decenas de siluetas oscuras que cruzan el aire a toda velocidad. Se persiguen entre ellas, hacen giros imposibles y rompen el silencio con un chillido agudo muy característico.

Son los vencejos comunes que, mientras sobrevuelan la ciudad, desempeñan para nosotros una función que pasa inadvertida: controlar de forma natural las poblaciones de mosquitos y otros pequeños insectos voladores.

Llegan cada primavera desde el sur de África para criar durante apenas unos meses y después desaparecen de nuevo hasta el año siguiente. Durante décadas han formado parte del paisaje urbano casi como un elemento más del patrimonio, pero hoy esa presencia empieza a ser más frágil.

Y es que el vencejo se enfrenta a varias amenazas y su población se ha reducido en un 40% en los últimos veinte años, un declive que llevó a catalogar a la especie como Vulnerable en el Libro Rojo de las Aves de España en 2021.

“Son aves migratorias que están adaptadas a vivir en vuelo. Se pasan 10 meses volando, migrando desde Europa al sureste de África y viceversa”, detalla Itziar Rodríguez, profesora de la Facultad de Ciencias Ambientales y Bioquímica de la Universidad Castilla-La Mancha (UCLM).

En vuelo duermen, se aparean, comen y beben. El único momento en que se posan es cuando llegan a Europa sobre el mes de abril para construir sus nidos, que los hacen en cualquier hueco que encuentren en las fachadas de edificios. Así, las murallas, muros, salidas de humos, el interior de las tejas o hasta cajas de persianas se convierten en los lugares ideales para que esta especie ponga sus huevos.

Las olas de calor disparan los rescates

Sin embargo, las olas de calor del verano, cada vez más frecuentes y tempranas, están convirtiendo esos refugios en auténticos hornos. Las elevadas temperaturas que se alcanzan en su interior en estas fechas hacen que las crías busquen la salida del nido para poder sobrevivir, lo que muchas veces acaba con ellas precipitadas en el suelo. Es entonces cuando entran en juegos las diferentes redes de voluntarios que trabajan en Castilla-La Mancha para rescatar a estos polluelos caídos y proporcionarles los cuidados necesarios para que crezcan y se conviertan en ejemplares que puedan valerse por sí mismos y sean liberados.

Una de estas asociaciones es la Red de Vencejos de Toledo que está coordinada por la Facultad de Ciencias Ambientales y Bioquímica de la UCLM y la Agrupación Naturalista Esparvel. Nació en 2019 con 40 familias colaboradoras de la capital castellanomanchega. Hoy participan alrededor de 180, de las que 120 acogen aves de manera activa durante la campaña de cría.

Itziar Rodríguez es una de las responsables de esta red. Cuenta que esta campaña está siendo complicada, ya que, durante la pasada ola de calor, muchos polluelos cayeron de sus nidos: “En solo 10 días hemos recogido 300, mientras que el año pasado en dos meses fueron 480”. Este gran volumen de crías necesitadas de auxilio obligó a esta red a hacer un reciente llamamiento a la ciudadanía en busca de nuevas personas voluntarias que colaboren en la atención y cría temporal de pollos de vencejo. Rodríguez asegura que, si se les recoge y atiende a tiempo, la tasa de supervivencia es del 95%.

Una red de hogares para salvar las crías

Luis Briones es uno de los voluntarios que colaboran con en esta red. Ahora mismo tiene en su hogar siete vencejos repartidos en varias cajas de cartón en su sótano, y hace apenas unos días liberó a otros dos. Lleva casi seis años colaborando con la Red de Vencejos de Toledo, por lo que es una y es uno de los voluntarios a los que suelen derivar los casos más delicados. Recuerda una ocasión en la que le confiaron a un animal que se había caído en el cubo de aceite usado de un restaurante. “Hubo que lavar sus plumas con Fairy”, cuenta. “Pero salió adelante”.

El voluntario mantiene a los animales en un sótano para que no tengan excesivo calor, dentro de cajas de zapatos en las que introduce a varios ejemplares. “Son aves sociales, no conviene que estén solas salvo que tengan algún problema sanitario”.

Cada tres horas toca alimentarlos. Dos veces al día cambia el papel absorbente del fondo de las cajas. También controla su peso para comprobar que evolucionan correctamente antes de que puedan volver al cielo.

Cría de vencejo de 7 gramos de peso. Los ejemplares adultos suelen alcanzar los 40 gramos

Y en todas estas tareas de cuidados, Briones tiene a una ayudante muy especial: su hija de 10 años, que es el verdadero motivo por el que se introdujo en este mundo. “Quería que ella experimentase de primera mano cómo funciona la naturaleza y evitar que creciera creyendo que los pollos nacen en el Mercadona”, bromea.

No obstante, el voluntario reconoce que este no es un trabajo sencillo ni puntual. Después de la última ola de calor recibió ocho o diez ejemplares en apenas un fin de semana porque la red estaba completamente desbordada. “Empezaron a caer los pájaros y hubo que repartirlos entre los voluntarios”.

Pero el estrés térmico no es la única amenaza que dificulta la crianza de los polluelos de vencejos. Como estas aves son extraordinariamente fieles a sus nidos, cada primavera recorren miles de kilómetros desde África para regresar exactamente al mismo hueco del edificio donde criaron el año anterior. Por eso, cualquier trabajo de rehabilitación en una fachada donde haya un nido de vencejos supone un riesgo para esta especie.

Cajas-nido para vencejos ubicadas en Toledo

“Si cerramos grietas, cambiamos cubiertas, restauramos fachadas... desaparecen cientos de lugares de nidificación”, resume Itziar Rodríguez. Por eso, ella pide que se minimicen las rehabilitaciones de edificios en época de cría y que se intenten conservan huecos en las edificaciones. Cuando esto no sea posible, defiende que las obras incorporen soluciones compatibles con la fauna, como ladrillos-nido o huecos integrados en las fachadas. En Toledo ya se han instalado cajas nido en algunos edificios, aunque insiste en que esa debería ser la última opción. “Lo ideal es adaptar las restauraciones para mantener los huecos originales”, argumenta.

Un insecticida natural

Mientras sobrevuelan las ciudades, los vencejos desempeñan un trabajo silencioso. Son insectívoros y capturan miles de insectos cada jornada, ejerciendo un control biológico que reduce de forma natural la presencia de plagas. Pero ese equilibrio empieza a resquebrajarse: la disminución de insectos, asociada entre otros factores al uso de plaguicidas y a la degradación de los ecosistemas, les deja cada vez con menos alimento.

Apus Libera es otra de estas entidades que rescata a los vencejos caídos. Sus 45 socios trabajan principalmente en la provincia de Ciudad Real, pero también tienen presencia en las de Toledo, Cuenca, Albacete o Alicante. Trabajan con hasta 34 especies de aves urbanas diferentes, pero son los vencejos quienes protagonizan la mayoría de sus rescates. “El año pasado, de 1.412 aves que recogimos, 796 eran vencejos”, explica su presidenta, Beatriz Mora.

Los vencejos se alimentan exclusivamente de insectos

Ella reconoce que esta labor llega a resultar estresante y reclama que es un servicio que debería prestar la Administración. A su juicio, los centros públicos de recuperación de fauna llegan al límite cada verano y las olas de calor evidencian una falta de recursos que podría aliviarse reforzando las plantillas durante los meses críticos.

Mora también señala que en la sociedad están extendidos ciertos mitos sobre los vencejos que complican su conservación. Uno de los errores más frecuentes consiste en lanzar al aire un vencejo encontrado en el suelo pensando que simplemente necesita impulso para volver a volar. “Es completamente falso”, explica Mora. “Si está en el suelo es porque le pasa algo”, señala, añadiendo que intentar hacerlo volar “solo puede agravar las lesiones”.

Otro mito muy extendido que denuncia la presidenta de Apus Librera es que se les puede alimentar con carne picada o pienso para gatos. Luis Briones conoce bien las consecuencias. Hace apenas unos días recibió cuatro ejemplares en muy malas condiciones después de que alguien los hubiera alimentado con pienso para gatos. “Uno tenía la cabeza completamente cubierta de papilla; apenas se le veían los ojos”.

También hay que tener en cuenta que los vencejos no son mascotas. “Quiero que esa idea quede clara”, incide Luis Briones, “porque algunos voluntarios que hemos tenido piensan que son una mascota y hasta se la ponen encima del hombro. Pero no, son animales salvajes a los que les damos una segunda oportunidad. De hecho, hay que tocarlos lo menos posible”.

A pesar de ello, Briones reconoce que los momentos de soltar a los vencejos que cuida son “bastante especiales”. “A estos animales se les coge cariño”, reconoce. “Pero son animales salvajes y se tienen que ir”.

Y es que, si todo sale bien, los vencejos que hoy se recuperan en cajas de cartón, dentro de unas semanas levantarán el vuelo rumbo a África. No recordarán a quienes les dieron de comer cada tres horas ni a quienes los rescataron del suelo durante una ola de calor. Pero esa es, precisamente, la mejor noticia: nacieron para vivir en libertad.

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