'Ama' o el derecho de las madres a ser imperfectas

Fotograma de la película 'Ama'

Una mala decisión. Salir de fiesta, llevar a tu hija a tu trabajo precario y mal pagado, con un jefe déspota aunque a veces sea majo, porque no tienes con quien dejarla. Y perder ese trabajo, acabar en las calles llenas de turistas de Benidorm con tu pequeña, rodando de hostal en hostal y acudiendo a tus pocos vínculos sociales para que al menos ella no duerma al raso. Nadie como una madre soltera –o una maltratada, claro– puede sufrir en sus carnes con más crudeza la precariedad y 'Ama', película que se estrena este fin de semana y que triunfó en el Festival de Málaga, muestra como pocas esta realidad de la que, además, todos se ven siempre con la obligación de opinar. 

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A pesar del éxito y de la Biznaga de Plata que consiguió como mejor actriz la protagonista Tamara Casellas, que interpreta a Pepa, la protagonista, la película arranca con una distribución reducida en cuanto a salas comerciales. "Ni lo sé, ni me ha preocupado", confiesa Júlia de Paz, la directora, que atiende a elDiario.es después del preestreno. A los 26 años de edad y prácticamente recién salida de la carrera en ESCAC ha firmado una ópera prima reconocida por la crítica como una de las mejores películas españolas de lo que va de año. No nos tendría que extrañar que la película vuelva a crecer en distribución después de los Goya de febrero del año que viene. 

Tanto ella como Casellas están entusiasmadas por un proyecto que las pone en el mapa del cine español, seguramente para dar un vuelco a dos carreras muy diferentes pero hermanadas por la conexión que les llevó a grabar este filme primero como un corto del mismo nombre, que consiguió una ayuda económica para llevarlo al largometraje. Aún así, no tienen claro que puedan vivir de ello. De Paz, joven talento con un futuro prometedor, aspira "básicamente, a tener un trabajo que me pague el alquiler y a poder vivir de esto", y eso que paralelamente ya está estudiando Educación Social, carrera que contribuye a enfocar su mirada hacia los más desfavorecidos y que quiere conectar siempre con la creación cinematográfica. 

Tamara Casellas, en cambio, a sus 35 años conoce mucho más la crudeza de la carrera de fondo de la interpretación. Se dedica a ello desde los doce años, estudió la carrera y cuando ha hecho falta ha dejado sus trabajos de camarera para grabar una película o ponerse con una obra de teatro. "Pero a estas alturas yo no digo que soy una actriz que se dedica a la hostelería, digo que soy camarera", sentencia Casellas, que apunta a que “se miraría diferente si fuera una ingeniera que se dedica al cine". Asegura haber sentido miradas o tratos despectivos en el mundillo cuando menciona su trabajo. Ahora cruza los dedos por recibir ofertas después de su impresionante papel en ‘Ama’, pero por ahora ha vuelto a los bares. 

En el conocimiento de la precariedad y volatilidad de la economía de bar, acentuada aún más después de la pandemia, que interrumpió en el rodaje de la película, Tamara Casellas coincide con su personaje, Pepa. La investigación previa del equipo de la película, hablando con educadoras y trabajadoras sociales y conociendo de cerca algunos casos problemáticos de madres solteras, le llevaban constantemente a esa economía, explica De Paz. "Yo no soy madre, pero siempre hay sentimientos de haberse sentido abandonada en algún momento o de haberse sentido culpable y no haberse perdonado que te conectan con el personaje", comenta. 

El retrato de Pepa no es el de una víctima del sistema que se ve empujada a situaciones límite, sino el de “alguien que se ha buscado bastante llegar a donde llega”, apunta Casellas. Una mujer que “al principio te cae mal y la juzgas, pero acabas empatizando y te engancha emocionalmente”. Pepa no es una madre perfecta, ni mucho menos, pero la película va sobre esa “presión social por hacerlo todo bien si eres madre”, apunta la directora. “¿Qué pasaría si fuera un hombre? Estamos acostumbrados a ver personajes masculinos equivocarse y ya de entrada diríamos, ay pobre, qué situación le ha tocado vivir, mientras que con ella parece que se la juzga por cualquier error”, añade. 

Entre las cosas que no se cuentan, “como sucede con una vecina, que no sabes lo que hay más allá y te ves con derecho a juzgarla”, dice De Paz, están las relaciones familiares de la protagonista. Poco o nada sabemos del padre de Leila o de la relación de Pepa con sus propios padres, pero poco importa: Pepa está sola con su hija y el sistema económico capitalista se encargará, si se equivoca o tiene mala fortuna, de expulsarla hacia los bordes del sinhogarismo y hacerla cada vez más vulnerable o dependiente de sus seres cercanos, por mucho que tenga potencia y capacidad sobradas para trabajar. Y por mucho que Pepa siempre finja ser fuerte. 

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