Entrevista

Iban Martín (Roma Aeterna): “El emperador Augusto con Twitter habría tenido más peligro que Trump”

Iban Martín en el templo de Augusto en Barcelona, con el busto de Cesar

Arturo Puente


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De la inabarcable constelación de podcast que han surgido en los últimos años, dos géneros destacan por encima de todos los demás: los de crímenes y los de divulgación histórica. A este segundo cajón pertenece Roma Aeterna, un programa capitaneado por Iban Martín (Barcelona, 1983), que se ha puesto como objetivo contar la historia de la Roma clásica casi año por año, desde la fundación mítica hasta la caída de Constantinopla. Casi dos milenios. “Hasta que el cuerpo aguante y mientras tenga un micro a mano”, afirma Martín con un entusiasmo contagioso.

La trayectoria de este divulgador, que estudió Historia pero no se dedicó a ello profesionalmente, comenzó con su colaboraciones con El Descampao, otro podcast que ha arrasado y en el que se contagió de una minuciosidad casi enfermiza a la hora de narrar el pasado. Ahora dirige su propio programa, que engancha a 20.000 oyentes en cada entrega y que ha generado una nutrida comunidad en las redes sociales. Su secreto, según dice, es tratar de ser lo más ameno posible y no cortarse a la hora de meter bromas y humor en una historia que siempre se ha contado con un rictus demasiado serio.

Hay una verdadera fiebre por los podcast de historia. ¿Cómo se lo explica?

Ahora están triunfando mucho los crímenes también, pero es cierto que la ola de los podcast de historia no baja. Cuando dio el boom con la pandemia en 2020 la gente empezó a escuchar podcast que les hacían compañía y les contaban cosas. Yo creo que los podcast históricos tienen algo de que te cuentan una historia que tú quizás ya conoces, o que te suena, y cuando te recuerdan cosas familiares te generan cierto bienestar. Es como que estás en casa, en un lugar calentito y reconocible.

¿Cuándo se interesó por Roma?

En el primer viaje que hice a la ciudad de Roma. Estuve en 2014 y sentí algo especial. Te preguntas, ¿pero esta gente quién es? Quiero conocer más sobre ellos. Yo ya había empezado la carrera de historia, tenía interés sobre el mundo clásico, pero me interesaba más Grecia, Alejandro Magno y todos estos. Pero comencé a ver documentales y películas de Roma. Las películas no son para aprender, pero son un buen punto de partida. Y una vez estás dentro, estás perdido. 

Y de pronto decide lanzarse al micrófono. ¿Cómo fue?

Yo era muy fan de la radio, crecí con Juan Antonio Cebrián en La Rosa de los Vientos y empecé en el año 2017 con El Descampao, el podcast de Sergio Mena, como colaborador. Con la pandemia, fue Sergio quien me empujó a hacer algo propio y grabé el primer programa. 

¿Desde el inicio fue Roma Aeterna, tal como lo conocemos ahora?

Sí, ya era Roma Aeterna. Pero el formato, la forma de grabar y otras cosas han ido evolucionando. Hay un momento en el que haces clic y dejas de ver un micro para comenzar a ver a otra persona que está ahí y a quien le cuentas cosas. Cuando pasa eso, es difícil no seguir.

Por el alcance que tiene, ha debido de tocar alguna tecla que ha conectado con la audiencia.

Yo intento ponerle el corazón a cada programa y jugar con la conexión entre el oyente y el que le habla. En mis programas tengo dos secciones: el programa en sí y, después, otra sin guion y sin música, donde me desnudo emocionalmente. Ahí he llorado, he reído y he contado mi vida. Ese es el punto en el que quiero generar una conexión con la otra persona. Por eso me encanta que me escriban, que me digan por qué escuchan el podcast o que me cuenten sus vidas. Y lo hacen.

Ante citaba la Rosa de los Vientos y es evidente que su programa tiene mucho de radio nocturna. 

Sí. Yo le llamo 'radio 3 de la madrugada'. Te acercas un poco más al micro y hablas como si te dirigieras directamente a cada persona.  

Una de sus características es la pormenorización. Cada episodio abarca un año o un periodo de unos pocos años, con un nivel de detalle altísimo. ¿Cómo se prepara una grabación así?

La documentación es un trabajo pesado. Es un programa quincenal. Lo que hago es coger los autores que hablan sobre la época de la que quiero escribir, extraigo lo que más me interesa y hago una comparación. Por eso muchas veces digo “según este, según aquel”. En algunos momentos lo más importante es seleccionar, porque el material no cabe. En otros, rellenar huecos. Lo que me pasaba cuando estudiaba la historia de Roma era que veía periodos de casi un siglo sobre los que no se contaba nada, cuando es imposible que no pasara nada relevante. Por eso ese afán por pormenorizar.

¿Las fuentes son de todo tipo?

Intento documentarme de fuente primaria. Sí que lo complemento con autores actuales, pero siempre intento ir al clásico. Si quiero hablar del siglo V de Roma voy a Tito Livio, Dionisio de Halicarnaso… a la fuente principal, que por suerte hay traducciones muy buenas. Pero hay que ir con cuidado, estos autores te cuentan las cosas a su manera y hay que comparar y ver si realmente estaban exagerando o barriendo para casa. Hay autores como Tito Livio que sabemos que exageraban un montón y muchas veces escriben una historia nacionalista romana. Por eso hay que cotejar con estudiosos actuales, que los hay muy buenos.

Otra característica de Roma Aeterna es que no sigue estructuras o géneros narrativos fijos. ¿Es algo que hace conscientemente o sale como sale?

El relato me lo va pidiendo. Hace poco hice un programa sobre unas matronas envenenadoras a las que hicieron el primer macrojuicio en Roma y el programa me pedía hacer un 'true crime'. A la gente le encantó y ya me piden que haga un spin-off. Podría llamarse Roma Criminal.

Su podcast surgió de manera independiente para llegar a una audiencia amplia. ¿Cómo ve el mundo del podcast independiente en castellano? ¿Se puede vivir de esto?

Ahora mismo no, pero creo que en un futuro no muy lejano sí se podrá vivir de esto. Yo actualmente formo parte de iVoox Originals, que confiaron en mí y me dieron su apoyo y promoción, y estoy muy agradecido. Pero me siento como que hay una barrera invisible en la que las grandes compañías, con todo su derecho, contratan con mucha visión comercial y se olvidan un poco del independiente. Por eso me siento un poco apartado, alejado de lo 'mainstream'. También creo que falta apoyo de patrocinadores.

Roma Aeterna tiene unos 20 o 25.000 oyentes por programa. Es sorprendente que podcast con estas audiencias no encuentren patrocinadores, ¿no?

Ahora mismo las marcas van más por el mundo del streaming, de Twitch, youtubers y este tipo de plataformas. En el audio hay varias empresas que están poniendo dinero, iVoox, Podium, Podimo y todas estas, pero creo que tienen que abrirse a todo ese gran vivero de podcast independientes que hay, que tienen un enorme talento.

¿Qué tiene Roma para que nos resulte tan atractiva?

Roma nos evoca a un pasado glorioso pero, sobre todo, cuanto te acercas a Roma te das cuenta de que aunque hayan pasado 2.000 años, somos iguales. Ayer estuve repasando grafitis encontrados en Pompeya, obscenos en su mayoría, y ves que no hemos cambiado tanto ni en las cosas más banales. Un señor que pone “yo follé aquí”, o penes dibujados. El ser humano tiene una obsesión con dibujar penes. Pero también descubrimos que tenían problemas con la vivienda o con el empleo, que nos parecen muy cercanos. Es una forma de vernos reflejados en un pasado, aunque a mí no me gustaría demasiado vivir en Roma.

Ah, ¿no?

No. Porque salvo que tuvieras mucha suerte, todos nosotros estaríamos en condiciones deplorables, seguramente como esclavos.

Si le diesen una máquina del tiempo, ¿a qué momento de la antigüedad viajaría?

Me gustaría viajar al momento de la fundación. El mito de Rómulo y Remo, pero para ver la realidad, cuando esos primeros pobladores llegan allá, seguramente buscando una vida mejor y asentándose en las siete colinas. Y luego, por supuesto, también en la época de Julio Cesar, sobre todo para ver cómo sería él realmente, porque todas las representaciones que tenemos de los grandes personajes están idealizadas, como nosotros que nos ponemos filtros en Instagram. Pues ellos también. Los bustos que conocemos son un filtro de Instagram de la época.

Roma supo imponer su ley y no lo hizo solo a base de acueductos sino también con mucha violencia y crueldad

¿Cuál cree que fue el pasaje histórico de más nobleza de Roma?

Las de mayor nobleza siempre son historias protagonizadas por la gente. A mí me interesa mucho un personaje que se llamó Marco Manlio Capitolino y que pasó a la historia como el “padre de la plebe”. Este señor ayudó a salvar Roma del ataque de los galos y posteriormente se convirtió en un paladín de los más desfavorecidos. A ojos actuales, era una especie de sindicalista, porque en uno de los discursos ya dice: fijaos cuántos sois vosotros y qué pocos son vuestros patrones, si nos juntamos todos, seremos capaces de vencerles. Evidentemente, acabó despeñado por la roca Tarpeya.

¿Y el contrario, un episodio de gran vileza?

El imperialismo salvaje de Roma. Cuando Roma llegaba a una provincia, quienes estaban cerca del poder se dedicaban a saquear, muchas veces a través de un sistema de impuestos que recaudan los publicani. En el mundo antiguo en general encontramos muchas matanzas y masacres, era un mundo muy cruel donde no había nada parecido a derechos humanos. Pero es cierto que Roma supo imponer su ley y que lo hizo no solo a base de acueductos sino también con mucha violencia y crueldad. 

¿Hay una cierta visión edulcorada?

Por parte de algunos, sí. Hay quien quiere creer que Roma llevó la civilización. Y no, llevó la suya. La idea de que alrededor solo tenía salvajes es lo que ellos quisieron contar. Hay que tener en cuenta que Roma intenta siempre apoyarse en las élites locales, porque sin eso es imposible conquistar el amplísimo territorio que consiguió. Ni siquiera con unas legiones que fueran la leche, que lo eran.

Escuchando el podcast, uno se siente muy cerca y a la vez muy lejos de aquella sociedad. Somos prácticamente hermanos de lengua y sin embargo nos quedan lejísimos cosas como su religión. 

Sí, y además eran muy religiosos, extremadamente religiosos en todos los puntos de su vida. Desde que se levantaban hasta que se acostaban. Tenían dioses para todo, incluso para el quicio de la puerta.

¿Nos entenderíamos entre un romano del siglo I y una persona actual, o el shock sería tan fuerte que no habría forma de encajar?

Yo creo que sí. Los romanos eran pragmáticos y mientras no te metieras con sus dioses y con su manera de ser, absorbían todo lo que podían y eran muy cosmopolitas. La ciudad de Roma era una ciudad multicolor, multiolor, donde había de todo. Hoy se aprovecharían de las redes sociales. Imagínate tú al emperador Augusto con Twitter, o con Instagram o con Facebook. Habría tenido más peligro que Trump. 

Ellos inventan el populismo de los discursos. Los efectos visuales, por ejemplo. La leyenda de Bruto cuenta que, después de la violación de Lucrecia, mientras estaba hablándole al pueblo hay un momento que descubre el cadáver de ella, para que la gente se enfurezca. Es pura manipulación. De ahí a los bots de Twitter para manejar elecciones, hay un paso. 

¿Podemos aprender hoy de cosas que pasaron entonces?

Se puede aprender mucho. Por ejemplo, los romanos también tenían esa idea de que las clases dirigentes tenían un aura de veracidad en todo lo que dijeran. Yo no te puedo engañar porque soy el cónsul, soy un patricio, soy un claudio. Soy una familia de rancio abolengo que es noble, cómo te voy a engañar, cómo te voy a robar o cómo voy a esquilmar el erario público. Los romanos eran unos trileros políticos y el Estado romano, un estado corrupto.

¿El Estado romano siempre fue corrupto?

Hay momentos que más, momentos que menos y luego va fluctuando cuando la corrupción beneficia a uno o a otro. Por ejemplo en la época imperial, en el reinado de Tiberio, Sejano está como segundo, como prefecto de la guardia, y es el encargado de casi todo. Tiberio se va a lo suyo y gobierna Sejano. Y gobierna imponiendo su ley, matando a quien tuviera que matar con tal de quedarse con sus bienes. Es una corrupción propiciada desde el poder. Con tal de que a mí me dejes tranquilo, haz lo que quieras.

¿Y la población romana estaba satisfecha con cómo funcionaba su imperio?

No lo estaba. Por eso hay momentos en los que llegan a las manos. Pero poco a poco se va desinteresando. O al menos así nos cuentan la historia las fuentes, que narran que al principio era una clase plebeya muy fuerte que se revolucionaba a la mínima. Luego se va diluyendo hasta que en los últimos siglos ya no hay tanta conflictividad social, porque se va canalizando en torno a ciertas figuras (Pompeyo, César...) que se pelean entre ellos, entre dirigentes. Y ahí la furia de la gente se adhiere a uno o a otro.

A veces se ha hecho un paralelismo entre lo que representaba Sila y César con la derecha y la izquierda. 

Realmente ahí empezó todo porque, salvando las distancias de los siglos, las propias fuentes nos cuentan que dentro del Senado se empezaron a formar dos grupos. Uno proclive a darle derechos a la gente, porque pensaban que así Roma iba a evolucionar más. Y luego había otra facción del Senado que quería mantener los antiguos privilegios. A partir de ahí se empiezan a formar dos facciones, que después se conocieron como los populares, que son los que están a favor del pueblo, y los optimates que son los que están a favor de esa nobleza antigua que no quiere soltar sus privilegios. 

Cuando se habla de Edad Media como una época oscura, se quiere ver el pasado clásico como una época clara. Pero si alguien cree que hace 2.000 años se vivía mejor… es mentira

Durante toda la historia, prácticamente todos los imperios occidentales han pretendido ser herederos de Roma. ¿Realmente fue un imperio merecedor de tanta admiración?

Fueron muy buenos propagandistas, pero hay que tener en cuenta que consiguieron una unión y una expansión enorme durante mucho tiempo, cosa que es digna de resaltar. Somos herederos desde España hasta Rumanía, con el norte de África y con todo el Mediterráneo de punta a punta. Después se ha tergiversado, claro, y todo el mundo ha querido arrimar el ascua a su sardina. Por ejemplo la ciudad de Roma actual no es la misma que conocíamos antiguamente, entre otras cosas porque Mussolini se la cargó tratando de emparentarse. 

Todo el mundo se quiere vincular con el Imperio Romano.

También es fruto de la forma de pensar de la gente. Cuando se habla de Edad Media como una época oscura, se quiere ver el pasado clásico como una época clara. Pero si alguien cree que hace 2.000 años se vivía mejor… es mentira. Porque solo el hecho de levantarte por la mañana y ducharte, tener agua en tu casa o no tener que ir a la letrina pública a hacer tus necesidades en compañía, lo cambia todo.

También tenemos cierta imagen sobre los gladiadores, juegos con animales y otros espectáculos. ¿Estamos muy equivocados?

Bastante, por las películas. El ejemplo es Gladiator, una película que a nivel histórico cojea un poco, porque se permite licencias. En el tema de los gladiadores hay que pensar que un esclavo era un bien económico, por muy duro que sea verlo así, pero para un romano un esclavo era un mueble. Y por tanto no quería perderlo. Yo como lanista [empresario que poseía gladiadores] me he gastado un dinero, he alimentado y entrenado al gladiador, así que quiero ganar dinero con él. Por eso se supone que la mortalidad era más baja de lo que aparece en las películas.

Tiene sentido.

Pero sí que los gladiadores eran auténticas superestrellas. Hay pintadas en Pompeya alabando las dotes sexuales de algunos. El sudor de gladiador era un afrodisiaco y lo compraban las matronas para darlo de beber a los maridos, pensando que tendrían efectos en la fertilidad. Te puedes imaginar la escena: “Toma, Cayo, ¡a ver si se te pega algo!”.

Entre los divulgadores y los historiadores a veces hay puntos de fricción. ¿Le ha pasado?

Por suerte no, o aún no. He conocido a mucha gente, como Patricia González, Nestor Marqués, Pedro Huertas… y con todos muy buen rollo. Creo que la base de todo es la honestidad, si tu divulgas con fuentes y no te pasas de listo ni intentas meter de tu cosecha propia, no hay problema. En realidad uno de los problemas es que sabemos poco de Roma, mucho menos de lo que creemos. Y como sabemos poco, lo mejor es ir de cara. 

Lleva 63 capítulos y aún va por el siglo III a.C. ¿Ha calculado cuántos programas necesitará para contar la historia entera de Roma?

Mi idea es llegar hasta la caída de Constantinopla, porque esa historia de la Roma oriental, aquella Roma griega, es muy interesante y muy desconocida. Pero ahora mismo, para acabar la República, calculo que necesito unos 150 programas. Porque claro, ahora nos quedan pasajes como las guerras Púnicas o los años finales de la República. Luego mi idea es cambiar el formato y no hacerlo año a año sino un capítulo por emperador.

Andreu Buenafuente le citó en las páginas de este diario como uno de sus preferidos. Diga algún podcast actual que haya que escuchar sí o sí.

Voy a citar uno del otro lado del charco, reivindiquemos esa comunidad de hispanohablantes. A mí me gusta mucho un podcast uruguayo que se llama La Tortulia, conducido por Diego y Sebastián, que también hacen una mezcla perfecta entre historia y humor. Yo aprendo mucho y me río mucho. Creo que es una gran combinación.

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