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El rincón del buen rollo

El Corte Inglés hace tiempo que se empeñó en dejar atrás ese tufillo clasicorro que siempre le ha acompañado y para conseguirlo no ha optado por otra cosa que por darle fuerte a una de las áreas más boyantes (y respetadas) de nuestro país: la gastronomía.

StreetXO, David Muñoz, Madrid

StreetXO, David Muñoz, Madrid

La última apuesta ha sido el séptimo espacio Gourmet Experience que abre, esta vez en su centro de la calle Serrano con Ayala. Un área que aglutina en la sexta planta una despensa de productos gourmet y un gastrobar dirigido en su oferta culinaria por el chef Carlos Núñez, y en la séptima, lo que a mí me ha dado por llamar ‘el rincón del buen rollo’ que acoge el nuevo StreetXO, el recién llegado Cascabel y la sucursal madrileña de la heladería Rocambolesc.

«En Barcelona estaremos en breve pero hemos venido antes a Madrid porque, ¿cómo rechazar tener de vecinos a David y a Roberto? ¡Y en plena calle Serrano!», me decía el archipremiado cocinero dulce Jordi Roca el pasado lunes. Los tales David y Roberto no son otros que David Muñoz, chef del triestrellado DiverXO y abanderado de la nueva ola de cocina madrileña (canalla, rockanrrollera y transgresora) y el mexicano Roberto Ruiz, artífice de Punto MX, el primer restaurante mexicano en Europa en conseguir una estrella Michelin. En Girona los helados de Rocambolesc han calado fuerte, y en Madrid «esperamos tener la misma acogida». Los helados vendrán desde la ciudad catalana una vez a la semana para bien surtir la heladería madrileña, aunque quién sabe si no tendrán que hacerlos en un futuro aquí dada la alta demanda desde el minuto 1 de apertura (el pasado fin de semana). En Rocambolesc Madrid se encuentran varios de sus helados 100% artesanales servidos con distintos toppings tras un carrito de dulces encajado en un cosmos de ensueño inspirado en  un personaje de Roald Dahl, reflejado por Tim Burton en ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ y reinterpretado por la interiorista Sandra Tarruella. Sabores de siempre donde también se cuelan gustos más atrevidos como el de panettone, que está haciendo furor entre los gourmands capitalinos.

Rocambolesc, Jordi Roca, Madrid

Rocambolesc, Jordi Roca, Madrid

 

Colindante a Rocambolesc –y con el que comparte terraza a la calle Serrano- está la antojería Cascabel con un diseño que recrea a la serpiente que le da nombre firmado por Eugenio Caballero, ganador de un Oscar por la dirección artística de ‘El Laberinto del Fauno’. Sobre la oferta gastronómica, decía Roberto Ruiz que «tenemos un tipo de comida que puede tomarse habitualmente en el D.F.».  Esta es la primera vez que el chef mexicano sale de ‘casa’ y con esta propuesta canalla «estamos muy ilusionados». Lo cierto es que en Cascabel se come de cine, y no porque lo haya diseñado un director de arte cinematográfico, sino porque los platillos son de hechura y calidad soberbia. La estrella parece que será Machete, una chuleta de vaca macerada que en boca se transforma en pura mantequilla, aunque no hay que desmerecer el resto de platos, como por ejemplo el ceviche de vieira que es la perfección absoluta.  Ojo también a los Margarita elaborados con unos agitadores ideados para servir el cóctel mexicano de bandera.

Cascabel, Roberto Ruiz, Punto MX, Madrid

Cascabel, Roberto Ruiz, Punto MX, Madrid

 

El último local de la 7º planta, donde se hallan las ‘firmas’, es el de StreetXO, diseñado por el interiorista de moda Lázaro Rosa-Violán (que, creedme, tras Frank Mueller, Platea, DiverXO, StreetXO y un buen puñado de establecimientos más, aún le quedan ideas para nuevas sorpresas en la capital). La ambientación, donde se vislumbra también la creatividad onírica de David Muñoz, transporta a los cinéfilos (otra vez el cine, el ARTE con mayúsculas del siglo XX) a ‘Blade Runner’ para que, además de soñar con ovejas eléctricas, soñemos con cerdos voladores y sintamos mariposas en el estómago. David Muñoz, que en el plazo de ocho meses está abriendo tres nuevos espacios (DiverXO en nuevo emplazamiento, StreetXO en Serrano y StreetXO Londres el próximo mes de marzo) declaraba que «es una auténtica locura pero es como yo me siento cómodo, en la catarsis total, en la locura que generan los cambios sin cesar». Los cambios en StreetXO desde el original en Callao a este han sido notables. «Hemos pasado de un concepto de 45 metros cuadrados a otro de 200, y sobre la marcha hemos ido cambiando cosas del proyecto. Y la carta es nueva». El resultado de este esfuerzo hecho con «un equipo brutal con mucho talento» es un espacio que ofrece no solo una cocina singular, también una oferta de coctelería creativa liderada por Carlos Moreno. Como decía el chef madrileño, «si hay algún coctelero para David Muñoz ese es Carlos Moreno. No hay mayor trastornado que Carlos». Con el nuevo StreetXO, Muñoz ha doblado la plantilla dando trabajo en el nuevo emplazamiento a 25 personas. «Teníamos que hacerlo, piensa que desde el principio el público nos exige que seamos un 10». Eso sí, con las premisas de Muñoz que quiere que StreetXO sea «más locura que nunca y menos restaurante que nunca. Yo no quiero que esto sea un restaurante, no lo es. Aquí no atendemos al cliente cuando llega: o te acercas a la barra a pedir o no te atiende nadie. La filosofía es: comida perfecta, un ambiente de locos».  Respecto a la oferta gastronómica no puede ser más ecléctica: en la carta se mezclan platos marcianos como la ‘tortilla de patatas y cebollino chino guisada en un laksa de Singapore, carabineros a la llama, yema de pato salada y pimentón ahumado’ o la ‘costilla de raya y hojas de banana + sambal indonesio de pasta de crustáceos, spicy-salmorejo-cremoso-picante, y pan de gambas’, por poner un par de ejemplos. Además, una carta de vinos bien planteada por Javier Arroyo, sumiller de DiverXO,  casa a la perfección con esta bendita enajenación. Y la locura no se ve reflejada solo en la comida o en la carta de cócteles, también en el uniforme de todos: una chaquetilla inspirada en una camisa de fuerza diseñada por el polifacético Muñoz.

En toda la planta se respira el buen rollo. SI bien el paso por Rocambolesc es más tranquilo, la estancia en Cascabel o en StreetXO prometen un subidón de epinefrina que perdura más allá de la visita. La música ayuda mucho: en ambos conceptos suenan las canciones a ritmo del trabajo gastronómico y a un volumen elevado. ¿Molesta? Rotundamente, no. Es brutal. Después de cenar en StreetXO no esperéis ir a dormir: la experiencia supondrá un revulsivo en vuestra velada que os darán ganas de reventar la noche madrileña.

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