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'Emotongue', la app que permite medir las emociones, también en el ámbito laboral

Luana Bruno, investigadora del departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Alcalá es la creadora de la aplicación

El software lo ha desarrollado la ingeniera informática Myrlene Felicite Bilo’o, ex alumna, y cuenta con la colaboración de la prestigiosa neurocientífica estadounidense Kristen Lindquist

La idea surgió en el marco de una tesis doctoral dirigida por el profesor Alejandro Iborra y su objetivo es “facilitar la gestión emocional diaria”. La app busca financiación para que pueda aplicarse también a empresas o instituciones

Los creadores muestran la aplicación para Android

Los creadores muestran la aplicación para Android Foto: Universidad de Alcalá

Se llama Emotongue y es una app gratuita para dispositivos móviles Android (al menos de momento) que permite medir nuestras emociones a lo largo del día y aprender a manejarlas. La idea partió de Luana Bruno, una doctoranda de la Universidad de Alcalá (UAH). Forma parte de su tesis doctoral que se enmarca en el ámbito de la Psicología y más en concreto de la intervención emocional.

Luana Bruno y Alejandro Iborra

Luana Bruno y Alejandro Iborra Foto: Universidad de Alcalá

En el departamento de Ciencias de la Educación, con sede en el campus de Guadalajara “surgió la posibilidad de tener un instrumento para evaluar las emociones en un contexto natural, en casa o en el trabajo, fuera del laboratorio”, explica Alejandro Iborra, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación, en la Universidad de Alcalá. “La idea la tuvo Luana”, explica. 

“Siempre veíamos que los indicadores nos decían que mejoraba el estado emocional de los participantes en el proyecto, pero una vez acabado el curso se preguntaban: ¿y ahora qué? De ahí nació la idea de una app”, subraya la investigadora.

Iborra, que ha dirigido la tesis doctoral de la investigadora, cree que la app “facilita la gestión emocional diaria” aunque matiza, “la aplicación en sí no te dice nada, cada persona ha de dar sentido a lo que siente y lo que hará es ayudarte a discriminar las emociones de cada momento”. En sus aspectos más positivos destaca “el hecho en sí de que la persona se pare a hacerlo. Que se pregunte qué le pasa”.

Luana Bruno asegura que el uso de la aplicación permite “relativizar” las emociones. “Que sean más neutrales, porque muchas veces cuando conectamos con ellas es porque estamos de bajón. Le damos más importancia a los momentos desagradables, utilizamos demasiado el pensamiento absoluto”. Algo en lo que coincide el profesor: “Damos demasiada importancia a cosas que ocurren menos de lo que pensamos. La aplicación ayuda si tienes el hábito de parar y escanearte a ti mismo varias veces al día”.

Y es que, afirma Iborra, “las emociones no vienen de fuera, las construimos continuamente. No solo son una construcción social, cultural e histórica, sino que a nivel personal se construye lo que uno siente dependiendo de cómo estés dando sentido a la situación en la que te encuentres”  e insiste en la idea de que las emociones “no es algo que te invade, que llega desde fuera: tristeza, ira o alegría…Al contrario, tú eres el agente que construye tu vida emocional”.

El desarrollo del software de la aplicación ha corrido a cargo de la ingeniera electrónica, y antigua alumna de la UAH, Myrlene Felicite Bilo’o, además de la colaboración de la prestigiosa neurocientífica Kristen Lindquist, de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU).

¿Cómo funciona Emotongue?

La app es la primera de temática psicológica y educativa que se desarrolla en la Universidad de Alcalá. Ha sido programada en las dos lenguas, inglés y español y tiene un sencillo manejo. Una vez descargada, envía al usuario cinco notificaciones por día -se dispone de dos horas para responder a cada notificación- ya sea por escrito o a través de audio.

La aplicación plantea preguntas al usuario que puede responder por escrito o con audio

La aplicación plantea preguntas al usuario que puede responder por escrito o con audio Foto: Universidad de Alcalá

De hecho, esta es una de las “fortalezas” de la app que destaca su creadora. “Estás dialogando contigo mismo o incluso fantasear y pensar que alguien te escucha o te lee. Ese diálogo te permite entender que a veces confundimos fisiología con emoción. En ocasiones estamos molestos con los demás cuando en realidad es que hemos dormido poco y no nos hemos parado a pensarlo”. La aplicación es una “excusa” para hacerlo y “darte cuenta además de que las emociones fluctúan a lo largo del día”.

Por eso el usuario debe responder a sencillas preguntas sobre su estado de ánimo, de tal forma que servirá para medir qué siente, qué ha ocurrido para que se sienta de determinada manera y si hay cambios en su estado de ánimo y emocional, después de haber contestado. 

En busca de financiación para dar servicio a empresas

En la actualidad, la aplicación está en la fase beta, es decir en su primera versión. Es de uso libre pero los datos de quienes la utilizan quedan en la intimidad de cada usuario. “En el caso de que pudiéramos desarrollarla, veríamos las posibilidades” y, de hecho, buscan fondos para hacerlo a través de la OTRI, la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación de la Universidad de Alcalá. “Queremos saber si hay socios que quieran invertir porque tiene muchas posibilidades de aplicación”, explica Iborra.

“Cada vez es más fácil encontrar aplicaciones pero que estén basadas en la investigación, no tanto. Este es un intento de tratar de aunar ingeniería informática y psicología”. Y es que, una versión mejorada de la aplicación permitiría a los usuarios recibir información general sobre cómo están mejorando la gestión de su vida emocional.

Por eso, el planteamiento de sus impulsores pasa también por convertirla en un servicio no solo para particulares sino para empresas e instituciones que pueden utilizarla para mejorar, por ejemplo, el ambiente de trabajo. Luana Bruno resalta que empresas como Google “apuntan cada vez más a que sus trabajadores se sientan a gusto y que forman parte del equipo. Cada vez buscan cuidarles más por ejemplo con flexibilidad laboral o teletrabajo”.

Sin embargo, hay otras muchas empresas que ni siquiera se lo han planteado. Muchos profesionales no cuentan con apoyo psicológico en lo que concierne a su estado emocional en el trabajo. “La aplicación serviría para saber cómo están los empleados no solo desde el punto de vista laboral sino personal”, explica la investigadora. “El planteamiento es saber por ejemplo si se está presionando demasiado a los empleados con los objetivos laborales o el deadline y pensar en el camino a tomar para evitar bajas”, abunda Alejandro Iborra.

“A las empresas nosotros podemos ofertarles un servicio de intervención o de investigación que no se basa en un paquete preconcebido sino hacerlo de forma específica, ad hoc para las necesidades de cada profesional o empresa”, detalla Luana Bruno, quien cuenta que, en el proceso de puesta en marcha de la App, han podido comprobar cómo “en una sociedad en la que nos invitan todo el tiempo a pasar de lo que sentimos porque tenemos que rendir al ser solo capital  humano con objetivos, necesitamos pararnos y conectar con nuestras emociones”.

Pero, ¿hasta qué punto la inteligencia artificial puede ayudar a mejorar nuestro estado de ánimo como individuos o trabajadores?, preguntamos. El profesor Iborra cree que se puede responder sobre cómo organizar variables físicas como la luz, la temperatura o incluso la música en el ámbito laboral, aunque ve más difícil lograrlo con intervenciones más complejas “si detrás no hay un equipo de personas que con la información disponible diseñen algo como lo que nosotros planteamos”.

Incide en que “hablamos de intervenciones dinámicas, naturales, no son consejos ni protocolos. Por ejemplo, si alguien pasa mucho tiempo delante del ordenador se le puede decir que cada cierto tiempo se levante y se estire, pero eso tiene una utilidad limitada. Son parches a lo que sienta el usuario, sea dolor de espalda o estrés. La cuestión emocional es más compleja”.

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